Blog oficial de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz de Andújar y Muy Antigua, Pontificia, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna, Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista

viernes, 1 de febrero de 2013

ANTE JESÚS ATADO A LA COLUMNA XIV


En la última de las meditaciones sobre Nuestro Padre Jesús atado a la Columna le tratábamos como Señor de la Conversión. Así lo sentimos en este tiempo de nuestra historia, en esta realidad que vive nuestra sociedad, en este momento de nuestras vidas.

Cristo nos redime derramando su sangre, entregando su vida. Y pide de nosotros ese ejercicio que nuestros mayores nos enseñaron y que se ve ahora falto de sentido por muchos: la penitencia. Como tal tratamos a nuestras Estaciones hasta los templos andujareños que nos recibieron a lo largo de nuestra prolija historia. Y esa penitencia se nutre de la certeza firme del perdón recibido por Dios para nuestros pecados; y, como fruto de ese perdón de la Misericordia de Dios, se ha de producir en nosotros una Conversión sincera hacia una nueva forma de entender nuestra fe y nuestras vidas.

Cristo de la Conversión, que derramas tu sangre atado a la columna de la infamia, del odio, del rencor, de la maledicencia, de la envidia. En definitiva, de todo lo que nos aleja del ejemplo de Jesús, nuestro Redentor desde el Árbol de la Cruz.

Jesús recorrerá las calles de Andújar como ha hecho siempre. El gallardete que preside ese lienzo del siglo XVIII que nos lo muestra se hará uno con la noche de Andújar, como siempre. Jesús, contemplado como Varón de Dolores, nos enseñará la entrega y la razón de su sacrificio, como siempre. Y al término de este acto de Penitencia, Perdón y Conversión, besaremos su mano, de retorno al templo, como una huella de nuestro amor y veneración hacia su Divina Misericordia.

Los maestros Juan Blanco, con su forma de ver a Dios, y Manuel Luque, en la manera en la que ha sabido entender la vida de su piel y la crueldad de su suplicio, nos han brindado la imagen más vívida y desgarradora del sufrimiento de Cristo antes de entregar su vida por nosotros, ¡sin pedir nada a cambio! ¿Qué menos que, en pago a su Amor, le devolvamos la Conversión para todo aquello que hace nuestras vidas imperfectas?

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