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miércoles, 3 de septiembre de 2014

EL LINAJE DE DON FRANCISCO TERRONES DEL CAÑO

Maudilio Moreno Almenara

En la anterior entrega sobre D. Francisco Terrones del Caño, obispo de Tuy y León, avanzábamos algunos datos de interés respecto de su figura. En esta ocasión, sin embargo, dedicaremos buena parte de este artículo a su familia, cuyo origen remoto no está en Andújar, aunque dejaron una notable sucesión en nuestra ciudad. Hemos compuesto a tal efecto un árbol genealógico del obispo,[1] que deja bien a la claras su trascendencia[2] y la relación con los linajes Piédrola y Albarracín principalmente. Los datos se han obtenido de diferentes fuentes, siendo una de ellas un libro que conserva la Cofradía de la Santa Vera Cruz en el que se contiene documentación referida al pleito que mantuvo D. Antonio Albarracín Valenzuela con D. Jerónimo del Caño por el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé.  
 
Ya vimos cómo el padre de D. Francisco Terrones no fue otro que el gobernador de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar, D. Lorenzo Terrones. Fueron sus hermanos Antón Terrones, vecino de Jaén y que poseía un negocio de curtido de pieles de vacuno (GALIANO, 2003, 252), y Francisco Terrones, que era vecino de Andújar. Por tanto, y aunque D. Lorenzo y D. Francisco fueron vecinos de Andújar, no sabíamos a ciencia cierta si nacieron aquí. Sobre el origen de este apellido Terrones, sabemos que en Noviembre de 1606 el obispo estuvo en Villafranca de Córdoba.[3] Del testimonio de agradecimiento recogido por el Concejo parece derivarse que el origen por vía paterna del obispo era la localidad cordobesa: “…abiendo visto cómo su señoría de don Francisco Terrones, obispo de Tuy, en agradecimiento de ser su naturaleza paternal desta uilla a benydo a ella a visitarla y regalar a los vezinos della con su presencia, abiendo conferido este negocio y visto la merced que en ello a hecho a esta villa, decretaron que por concejo se le vaya a dar el parabién de su venida y se le haga algún regalo de ayuda de costa por quenta deste concejo y se le pida haga merced su señoría el domingo que viene de honrrar esta villa con su doctrina” (ARANDA y SEGADO, 1992, 156). Más claro es otro testimonio posterior, cuando en el Adviento de 1611 y en la Cuaresma de 1612, un hermano de D. Francisco, llamado Jerónimo, fraile agustino del convento de San Agustín de Córdoba,[4] predicó en la misma localidad.
 
 
Se recogió en las actas capitulares lo siguiente: “…sus abuelos fueron naturales de esta villa y gente muy principal y él ha predicado con grande fruto a los naturales della y acudido a las confesiones con particular cuidado, todo en beneficio de las almas....” (IBID., 1992, 145-146). Por tanto, queda claro que el abuelo de D. Francisco y padre del gobernador de la cofradía, cuyo nombre no conocemos,[5] era oriundo de Villafranca de Córdoba, aunque probablemente se asentó en Andújar, donde tuvo su prole. No debió ser esta población cordobesa el lugar tradicional de toda la familia, pues como manifiesta D. Antonio Terrones Robles, hijo de D. Antón Terrones, ya citado, y primo hermano de D. Francisco, su origen remoto era el entorno de la ciudad de León:  “...de las capellanias e memorias que estan fundadas en ella e sus antecesores y compatronos presente o del beneficio de San Martín Robles en el balle de Torio legua y media de la ciudd d. León...” (GALIANO, 2003, 247). De la intensa vida cristiana de D. Lorenzo da buena muestra que un porcentaje importante de sus hijos optaron por la vida eclesiástica, entre ellos, y aparte de D. Francisco Terrones, obispo de Tuy y de León,  hubo varios frailes como Jerónimo Terrones, Mauro Terrones, Eufrasio Terrones y Juan Terrones. Incluso un sobrino de primo hermano,  Juan del Caño,[6] siendo fraile franciscano con el nombre Fray Juan de San Antonio, fue martirizado en la ciudad japonesa de Nagasaki, en junio de 1624. Su abuelo, Alonso del Caño, hermano del ilustre Juan del Caño que fue canónigo de escritura de Salamanca y el primero que reivindicó a San Eufrasio,[7] perteneció a nómina de hermanos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.[8]  
 
En el año 1627 se celebró en el convento de San Francisco de Andújar una fiesta como homenaje a los mártires de Japón con motivo de su canonización, que seguro recordó a Juan del Caño y que se plasmó en un libro editado dos años más tarde por D. Francisco del Villar.[9]
 

En su tiempo (primera mitad del siglo XVII) y en lo que se refiere a la vida de la ciudad de Andújar, destacó su primo hermano, D. Antonio Terrones Robles, sobre todo por su importante papel como regidor del Ayuntamiento, que por aquellos años se encontraba en la Plaza de Santa María.
 
Sin embargo, su proyección histórica destaca sobre todo por firmar el primer libro de Historia sobre Andújar. Los datos, como reconoce el autor, fueron compilados no sólo por él, sino por su primo el Sr. Obispo D. Francisco Terrones y el tío de éste, D. Juan del Caño. El volumen fue publicado en Granada en el año 1657. El grabado de su portada fue diseñado por el pintor, escultor y arquitecto Alonso Cano, para lo cual hizo un dibujo preparatorio que se conserva en el Museo del Prado. Hemos volteado el impresionante dibujo original para apreciar con mayor claridad su comparación, ya que el grabado, al ser una plancha impresa, salió invertido.      
 

También D. Antonio tuvo un papel destacado como primer patrono de la capilla mayor de San Bartolomé, tras el obispo D. Francisco Terrones. La prematura muerte de D. Francisco, que falleció a los 62 años de edad, hizo que D. Antonio tuviese que hacerse cargo de los compromisos adquiridos por su primo. El obispo tan sólo pudo hacer algunas de las obras comprometidas con motivo del patronazgo, pues sabemos que estando en Villalón de Campos (Valladolid) enfermó gravemente y murió el día 13 de marzo del año de 1613, tan sólo seis años después de obtener el privilegio. Entre las obras que le dio tiempo a realizar destacamos la cubrición de las dos naves laterales del lado del Evangelio, y que son en sus formas un híbrido entre el estilo gótico y el manierismo.
 

Estas bóvedas fueron construidas con seguridad por el obispo, pues existen testimonios históricos que lo avalan en el pleito entre D. Jerónimo del Caño y D. Antonio de Albarracín y Valenzuela. Éste último declaraba que su abuelo, D. Antonio de Albarracín y Terrones: “...es tal hixo Legitimo Y natural delos dhos Don Miguel de Albarracín Cavallero deel Orden de Calatrava Y dela dha Doña Agustina Terrones deel Caño su legitima muger La qual fue hixa unica Y universal heredera con beneffcio del inbentario de Don Antonio Terrones Robles Regidor que fue de dha ziu. Y de Doña María Terrones deel Caño su legitima muger sobrina[10] y prima hermana deel dho Sor Obispo de Tuid y de leon, y primeros patronos que fueron deel dho patronato despues de su muerte...”.
 
Asimismo, y más concretamente sobre las obras en la capilla mayor, indicaba que ya su abuelo manifestó que “...de el dho Sor Obispo de tuid y sus bienes se cumplio con las condiciones deladha escritura de donazion, Y se hizo el dho retablo enladha escritura de donazion, y se hizo el dicho retablo enladha Capilla Mor de pintura y escultura dorado Y estofado Y se hizieron las dhas bobedas Y arco deladrillo Yieso enella Y se pagaron los dhos Mil Y quatrocientos ducados para la fabrica de la dha Iglesia como se conte enla dcha escritura dela dha donazion demas delo qual el dho Don Antonio Terrones Robles, abuelo de mi prte hizo a sus costas y expensas voluntariamte las barandas de madera en la puerta y entrada de la dha Capilla, Y gradas deella, Y a los dos lados dos pulpitos para predicar el evangelio, Y epistola todo de piedra Jaspe en que gasto más cantidad de quatro mil ducados...” Queda pues claro que las bóvedas las sufragó el Sr. obispo, puede que incluso parte del retablo mayor, aunque para ello D. Antonio Terrones Robles debió pleitear ante la Chancillería de Valladolid[11] con el obispado de León, al fin de cobrar el dinero suficiente para abordar las obras pendientes en San Bartolomé de Andújar. No lo debió lograr, o no hubo bastantes recursos como para acometer todas las obras como veremos a continuación, sufragando él mismo algunos de los gastos. Como decíamos una de ellas debió ser el retablo, pues según testimonios reflejados en el pleito de D. Antonio de Albarracín con D. Jerónimo del Caño, los escudos que figuraban en el remate del retablo eran los de D. Antonio Terrones Robles y no los del obispo[12]: “... Y assi mesmo dijo save que el retablo de la dha Capilla maior esta acavado de Pintura escultura dorado y estofado Y Puesto en su lugar Y que no tiene noticia aespensas de quien se hiço mas que avisto las armas del dho D. Antonio terrones Puestas En los remates del retablo[13] Por lo qual Presume este declarante que por ser de la misma obra del dho retablo las dhas armas seria a espensas del Patrono de dha Capilla...”[14]
 
 

Más claro aún es el documento anteriormente mencionado en el que se indica que D. Antonio Terrones pagó a su costa las barandas de madera, gradas y los púlpitos de “jaspe” o mármol rojo, uno de los cuales aún se conserva, en parte, en la iglesia[15] aunque trasladado recientemente a la capilla del Baptisterio. Por esas fechas ya debía estar iniciado el magnífico retablo de mármol rojo de la Catedral de Córdoba, en el que intervino el cantero Luis González Bailén, vecino de Cabra, que sería, según J. Rivas, una figura clave en el triunfo y difusión de tales piedras[16] (NIETO, 1998, 542).
No debemos olvidar tampoco la presencia en las listas de hermanos de la cofradía de la Santa Vera Cruz de estas fechas, del cantero Andrés Bernal,[17] o en el periodo comprendido entre 1634-1654, a Francisco López de Almazán, que como cantero de Andújar acudió en este tiempo a trabajar en la catedral de Jaén (GALIANO, 2006, 148). Por tanto, sabemos algunos nombres de canteros en la primera mitad del siglo XVII que pudieron hacer estas obras, o al menos intervenir en ellas.
 
Este tipo de púlpitos era frecuente que tuviesen la parte superior de forja, como ocurre en la vecina Baños de la Encina, en la ermita del Cristo, donde se conserva un púlpito gallonado de gran similitud con éste de Andújar.
 
 

Hemos visto que D. Antonio Terrones Robles, como heredero del obispo, hizo valer su prestigio en la ciudad, enriqueciendo su patrimonio[18] y el de la iglesia de San Bartolomé, como nuevo patrono de una de las principales parroquias de Andújar. Debido a que dispuso parte de sus recursos personales para ello,[19] instaló en el retablo sus armas. Asimismo, debió instituir un mayorazgo, para que le sucediesen en sus posesiones y contar con una de las casas principales de Andújar, que disponía de patio y de capilla propia en él,[20] donde además se encontraban dos importantes relicarios que fueron de su primo D. Francisco Terrones del Caño, uno regalado por la infanta Dª Isabel, hija de Felipe II, y el segundo regalado por el papa Paulo V, amigo personal del obispo (TERRONES, 1657, 194-196).
 El papa Paulo V, antes de ocupar la silla de San Pedro, estuvo comisionado en Madrid para favorecer las relaciones entre Felipe II y el papado. Coincidió allí con D. Francisco y desde entonces se tuvieron una admiración mutua. Pensamos que debido a la buena relación que D. Francisco Terrones tenía con el papa, la cofradía de la Santa Vera Cruz, que su padre gobernó durante años, obtuvo el privilegio de agregarse a la Archicofradía del Santo Cristo de San Marcelo en Roma, obtenido el día 8 de Febrero de 1606, siendo la única del Santo Reino que cuenta con este título.
D. Antonio Terrones, a pesar de no ser de Andújar ni tener un origen noble, debió gozar de un enorme prestigio en nuestra ciudad por ser realmente el heredero de la memoria de uno de los hijos más ilustres de Andújar de todos los tiempos, D. Francisco Terrones.   
La vida de D. Francisco estuvo llena de importantes sucesos, por un lado por su gran valía y por otro por el momento que vivió. A ello hemos de añadir sus viajes constantes. Por no ser demasiado exhaustivos, D. Francisco examinó de primera mano los hallazgos conocidos como Libros plúmbeos de Granada, que finalmente fueron considerados heréticos.
 
También en Granada, siendo miembro del Colegio de Santa Catalina, que estuvo situado en la Plaza de las Pasiegas o de la Catedral, oyó predicar a San Juan de Ávila, proclamado recientemente Doctor de la Iglesia. 

Como predicador real, el 19 de octubre de 1598 hizo el sermón en las pompas fúnebres del rey D. Felipe II en la Iglesia de San Jerónimo de Madrid. En 1604, siendo obispo de Tuy, peregrinó a Santiago de Compostela[21] (LOPEZ, 1907, 326).
 

La ciudad que se encontró debió ser muy parecida a la que aparece en la acuarela de P. M. Baldi, quien también hizo otra de nuestra ciudad.

Siendo obispo de León, el día 4 de febrero de 1611, aprobó las reglas de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús de la capital, una de las principales de aquella ciudad.

Fue agradecido con la pequeña iglesia de Santa María de Mao de la que se había extraído la reliquia de San Eufrasio. Así, encargó siendo obispo de Tuy una reja para proteger y engrandecer el sepulcro del obispo iliturgitano. Esta reja, con su remate superior de madera, se conservó hasta hace años tal y como se aprecia en esta fotografía.

Una vida extraordinaria y una influencia que enriqueció a nivel local su primo hermano D. Antonio Terrones Robles. Y decimos claramente a nivel local, porque D. Antonio, aparte de los hechos ya relatados, tuvo un interés especial por perpetuar la memoria de su linaje en la ciudad que vio nacer a nuestro obispo Terrones. A pesar de tener una sola hija, llamada Agustina, logró casarla con una familia muy influyente en Andújar: los Albarracín. Sin embargo, sería ésta quien conseguiría que su hija Beatriz entroncara con un linaje fundamental: los Piédrola, cuyo origen remoto lo tenemos en el primer gobernador de la Cofradía de la Vera Cruz, D. Hernado de Piédrola. El único hijo varón de Dª Agustina, llamado Antonio, heredó el mayorazgo de su abuelo, el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé y cuyo nieto, Alonso Albarracín Valenzuela, fue Alcalde Mayor de Andújar. Tuvo también una sola hija, de nombre Beatriz, que casó con el todopoderoso Alonso de Piédrola Serrano o Serrano de Piédrola, primer patrono de la capilla del convento de San Eufrasio de Andújar y que era hermano de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar.

El convento de San Eufrasio era de frailes trinitarios, con anterioridad estuvo tras el antiguo Ayuntamiento, es decir, en lo que después sería convento del Carmen.

D. Alonso Serrano de Piédrola, que contaba con una importante fortuna, debió jugar un papel importante no sólo en la construcción del nuevo convento de San Eufrasio, sino en favorecer la implantación de los carmelitas en el que había sido convento de trinitarios. Prueba de ello es que su familia gozó del favor de los carmelitas, que le regalaron el manuscrito de San Juan de la Cruz (RUBIO, 2002, 185), y que estuvo en poder de su familia durante siglos hasta que ya en el siglo XX pasó a la iglesia de Santa María.[22]            

Es a partir de la estrategia matrimonial de D. Alonso Serrano de Piédrola y Dª Beatriz cuando comprobamos el alcance de los matrimonios de sus sucesores. Así, el biznieto de Dª Beatriz fue el primer Marqués del Cerro de la Virgen de la Cabeza, y su hija Francisca se casó con el primer Marqués de la Merced, D. Fernando de Quero y Quero. Una nieta de ésta, llamada Ignacia, se casó con el Conde de la Quintería, D. Eugenio de Cárdenas y Miranda, y un biznieto de Dª Francisca, D. Luis Estanislao de Quero y Valdivia, tercer Marqués de la Merced, se casó con Dª María de Valenzuela, hija de D. Alonso Eduardo de Valenzuela,[23] primer Marqués del Puente de la Virgen y patrono de la Capilla Mayor del convento de Capuchinos (PALOMINO, 2003, 253). Asimismo, la madre de D. Luis Estanislao era Dª Nicolasa de Valdivia y del Corral, biznieta de D. Gome de Valdivia y Cárdenas, que construyó la llamada “Casa de los Niños de D. Gome” y fue patrono de la capilla mayor del convento de San Francisco (PALOMINO, 2003, 239). Vemos pues, cómo D. Antonio Terrones, que vivió entre los siglos XVI y XVII, logró que sus descendientes en el siglo XVIII, tuviesen buena parte de los títulos nobiliarios de la ciudad.    

Pensamos que el nexo de unión original de todos ellos es D. Lorenzo Terrones y su papel en la cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar. En sus tiempos el número de hermanos de la corporación veracrucera debió ser muy alto,[24] pertenecía a ella Alonso Serrano de Piédrola, descendiente quizás de aquel Hernando de Piédrola, primer gobernador de la Cofradía. También D. Alonso de Valenzuela, hijo de D. Rodrigo de Valenzuela, patrono de la capilla mayor del convento de Mínimas (IBID., 2003, 194), e incluso a Alonso de Ramos, carpintero, que intervino en la construcción del convento del Carmen (DOMÍNGUEZ, 1985, 107).

Tanto los Terrones, como los Piédrola y los Valenzuela, cuyos destacados miembros pertenecieron a la Cofradía de la Santa Vera Cruz, terminaron emparentando. Muchos de ellos fueron los promotores de las principales capillas de iglesias y conventos en los siglos XVI-XVII, como la de la iglesia de San Bartolomé, el antiguo convento de San Eufrasio, el Convento de Mínimas, etc. Algunos de los artífices de estas obras, sencillos artesanos, aunque algunos con un enorme arte, contribuyeron también con su oficio a la demanda de los poderosos, que en la cofradía eran sus hermanos. Es el caso de la familia Ramos, carpinteros sobresalientes en este tiempo y otros que aparecen como pintores, canteros o entalladores. A un nivel distinto, recibieron legados como el famoso manuscrito de San Juan de la Cruz, valiosos relicarios e incluso memoria histórica de nuestro pasado a través de D. Juan del Caño y del propio Obispo Terrones.  

Sin embargo, y como ya apuntó D. Francisco Terrones en su sermón del día 15 de mayo de 1597 en la pontifical que presidió el obispo de Jaén D. Sancho Dávila y Toledo en San Bartolomé de Andújar:  “...Y si los Reyes de la tierra pagan con premios de el Cielo Servicios tan pequeños, fiad de el Rey de el Cielo, que los grandes servicios que espero que hareys a su Divina majestad, y a sus Santos, os los pagará con premios Temporales y Eternos, en esta vida por gracia, y en la otra por Gloria. “ Se trata de una frase rotunda, digna de su inquebrantable lealtad al rey Felipe II y a Dios.

Por todo ello, fue la familia Terrones Caño, de honda raigambre en nuestra cofradía de la Santa Vera Cruz, la que “construyó” uno de los pilares históricos del obispado de Jaén, a través de la reivindicación de la figura de San Eufrasio, patrón de Andújar y de la diócesis de Jaén. Hablar de este linaje veracrucero, en definitiva, no es sólo hablar de lo más importante de la Historia de Andújar sino también, del origen remoto de nuestro obispado. Un orgullo para esta corporación cuyas raíces históricas, repleta de personajes relevantes, se extienden más allá de la vida cofrade.

BIBLIOGRAFÍA.
 ARANDA DONCEL, J. y SEGADO GÓMEZ, L.: Villafranca de Córdoba, un señorío andaluz durante la Edad Moderna, Córdoba 1992. pp.145 y 146.
DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (1985): Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad, Jaén. 
GALIANO PUY, R. (2003): “Biografía del doctor D. Francisco Terrones del Caño, predicador real y obispo que fue de Tuy y León”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 183, 207-255.
LÓPEZ FERREIRO, A. (1907): Historia de la Santa a. m. iglesia de Santiago de Compostela, vol. 9, Santiago.
MOZAS MORENO, Mª de los SANTOS (2007): “Manuscrito 1180 de la Biblioteca Nacional: Antigüedades de Jaén”, Elucidario nº 4 (septiembre de 2007), 49-66.
NIETO CUMPLIDO, M. (1998): La Catedral de Córdoba, Córdoba.
PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.
RIVAS CARMONA, J. y CABELLO VELASCO, R. (1990-1991): “Los mármoles del Barroco murciano”, Imafronte nº 6-7, pág. 133-142.
RUBIO FERNÁNDEZ, J. (2002): Santa María la Mayor de Andújar. Datos para la historia de una parroquia, Andújar (Jaén).
TERRONES ROBLES, A. (1657): Vida, Martyrio, Translación y Milagros de San Eufphrasio Obispo, y Patron de Andujar, Granada.
TORRES LAGUNA, C. (1956): Andújar Cristiana, Andújar (Jaén).




[1] Resaltado en color azul. Los cuadros verdes se refieren a quienes estamos seguros que no tuvieron sucesión.
[2] Dado que sería demasiado extenso incluir en dicho cuadro los títulos, cargos y otros datos sobre estos personajes, se ha preferido hacer algún comentario en el texto.
[3] Entre noviembre de 1606 en que sabemos que estuvo en Villafranca y hasta al menos el 13 de febrero de 1607, en que estando en Jaén obtuvo el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé debió tener como domicilio habitual Andújar, donde pasó esa Navidad del año 1606. Recordamos que era obispo de Tuy y un viaje tan largo desde Galicia a Andalucía no era nada fácil.  
[4] El convento de San Agustín de Córdoba se conserva en buena parte. Destaca su iglesia cuya portada reproducimos.
[5] Pensamos que pudo llamarse Francisco, como nuestro obispo.
[6] Era hijo de Francisco del Caño, primo hermano del obispo e Isabel Notario. Su hermano Alonso fue catedrático de la Universidad de Salamanca. Hacia el año 1600 pidió por carta a su tío, D. Francisco Terrones que le preparase para el ejercicio de la predicación. Esta carta dio lugar a uno de los libros de D. Francisco: Arte o Instrucción de predicadores (TORRES, 1956, 211-212), publicado en Granada cuatro años después de su muerte. 
[7] El afamado Juan del Caño fue cuñado del gobernador de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar, D. Lorenzo Terrones.
[8] Lista de hermanos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz en la transición entre los siglos XVI y XVII. Archivo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar.
[9] D. Francisco del Villar fue vicario perpetuo de Andújar y un gran interesado por la Historia de Andújar, de hecho sabemos que hizo la primera “prospección arqueológica” en el yacimiento de Los Villares según consta en el documento 1180 de la Biblioteca Nacional, titulado Antigüedades del Reino de Jaén, manuscrito inédito escrito por Martín Ximena Jurado. El documento concreto está fechado en Enero de 1630 (MOZAS, 2007, 57).
[10] Era sobrina de D. Francisco por ser hija de su hermana Catalina, y a la vez era prima, por haberse casado con su primo hermano D. Antonio Terrones. 
[11] Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Registro de ejecutorias. Caja 2136.0036.
[12] La explicación quizás haya que buscarla en el hecho de que parte de las costas de la máquina que presidió el presbiterio fue sufragada por D. Antonio Terrones Robles: “...a franco de irias de seiszientos Ducados en que se conzerto azer el retablo dela dha capilla se lean dado Duzientos Dus Por mano de antonio lopez de Zúñiga de que ai Carta de Pago y mas le a pagado otras partidas Dn Antonio Terrones rexidor de anduxar devere El Resto....”  Libro que contiene documentación sobre el pleito entre D. Antonio Albarracín Valenzuela y D. Jerónimo del Caño por el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé de Andújar, pág. 155 vuelta. Archivo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar.
[13] Hace años pudimos ver una fotografía realizada antes de la Guerra Civil y conservada en San Bartolomé, de unos solemnes cultos en la que a pesar de haberse tapado buena parte del retablo mayor con un gran telón de fondo, asomaban por encima los dos escudos del retablo en los lados del remate y en el centro un cuadro.
[14] Libro que contiene documentación sobre el pleito entre D. Antonio Albarracín Valenzuela y D. Jerónimo del Caño por el patronazgo de la capilla mayor de San Bartolomé de Andújar, pág. 146. Archivo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar.  
[15] El pie no es el original, pues como se aprecia en la fotografía éste debió ser de mayor anchura que el actual, por la huella que se observa bajo la base del púlpito.
[16] Tampoco debemos olvidar que entre los años 1623 y 1627 se hizo con este material el trascoro de la catedral de Murcia (RIVAS y CABELLO, 1990-1991, 136), con mármol procedente en parte de la zona de Caravaca, donde está documentado que trabajaron rejeros de Andújar.
[17] Lista de hermanos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz en la transición entre los siglos XVI y XVII. Archivo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar.
 
[18] Es probable que dado que la línea sucesoria de D. Lorenzo Terrones prácticamente no tuvo descendencia, obtuviera alguna herencia de sus primos.
[19] Completó así los compromisos adquiridos por el acuerdo de patronazgo suscrito por su primo, el obispo D. Francisco Terrones.
[20] Desconocemos a día de hoy dónde se encontraría esta casa de D. Antonio Terrones Robles. Podría haber sido el que después se convirtió en convento de franciscanas, en el Altozano de Santo Domingo, ya que sabemos perteneció a la familia Albarracín, con la que emparentó su única hija, Dª Agustina.
[21] A este respecto hemos de señalar como curiosidad que algunos historiadores plantean que Felipe II llegó a considerar la idea de trasladar los huesos del Apóstol al monasterio del Escorial, aunque quizás se trate más bien de una leyenda a partir de su deseo de contar en el monasterio de algún pequeño hueso del apóstol Santiago.
[22] El manuscrito perteneció a los Piédrola, que al emparentar con los Albarracín, patronos del convento del Carmen, quizás por mediación del mismo D. Alonso (que recordamos casó con Dª Beatriz de Albarracín y Terrones) quedó ya en manos de este linaje y por otros casamientos posteriores pasó al Conde de la Quintería, quien lo poseía a principios del siglo XX. 
[23] Los Valenzuela eran asimismo los patronos de la capilla mayor del Convento de Mínimas. De hecho, Alonso de Valenzuela, patrono de ella, fue hermano de la cofradía de la Santa Vera Cruz. Su abuelo, llamado Luis de Valenzuela, fue el fundador de dicha capilla mayor, la cual sacó de cimientos (PALOMINO, 2003, 194).
[24] Las listas de hermanos son incompletas y a pesar de ello contienen datos de notable interés.

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