Blog oficial de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz de Andújar y Muy Antigua, Pontificia, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna, Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista

lunes, 23 de mayo de 2016

SOBRE UN PLEITO DE LA COFRADÍA DE LA TRANSFIXIÓN Y SOLEDAD DE LA MADRE DE DIOS, DE ANDÚJAR, POR DESAPARICIÓN DE CERA

Maudilio Moreno Almenara

Es la cofradía de la Soledad de nuestra ciudad la más antigua de esta advocación en Andalucía y la segunda cofradía de penitencia más veterana de Andújar. Entre las de gloría sólo le supera la Matriz de la Santísima Virgen de la Cabeza (con su especial significación), de tal modo que junto con la Vera Cruz,[1] que es la decana, suponen un trío de cofradías históricas únicas en el obispado de Jaén.

Su origen está íntimamente vinculado a la tempranísima fundación del convento de la Victoria de nuestra ciudad (26 de marzo de 1495), regentado por los frailes mínimos de San Francisco de Paula y segundo de España tras el de Málaga capital (1493).
 
 
Tanto en Andújar como en Jerez, se titularon cofradía de la Transfixión y Soledad de la Virgen María, y en ambos casos se instituyeron al amparo de los frailes mínimos de San Francisco de Paula. Ocurrió también en el caso del Puerto de Santa María o Madrid, ésta última fundada en 1565.
 
Sin embargo, en otros lugares las cofradías de la Soledad se formalizaron en los conventos de carmelitas, como son los casos de Écija, Granada o Sevilla. Más extraña resulta la sede de la cofradía de la Soledad de Córdoba, en el convento de la Merced, aunque la del Santo Sepulcro también radicaba en un convento carmelita, el de Puerta Nueva. Por tanto, y en general, nos encontramos con esta dicotomía: las cofradías de la Soledad fueron erigidas principalmente bien en los conventos de mínimos de San Francisco de Paula, bien en los cenobios del Carmen.
 
Fue bastante habitual que las imágenes de la Santísima Virgen existiesen con alguna antelación a la aprobación de sus primeras reglas. Es también el caso de Andújar “...con limosnas de las personas devotas sacaban en cada un año el mismo dia del Viernes Santo por la tarde la referida Sagrada Imagen en prozecion con el titulo de La sola...”.
 
 
Al parecer la imagen fue donada al convento por algún personaje del linaje Jurado y Quero, lo que supuso un litigio entre sus descendientes y la cofradía de la Soledad en el año 1732:  “....en la propiedad que de dicha Ymajen tubieron los autores Y aszendientes de mis partes quienes para su mayor luzimiento Y veneracion la Pusieron en el referido Conbento de la mia propiedad Y para su reconocimientto quedó a los referidos aszendientes y sus partes, Y a éstos el privilejio de que siempre que saliera en prozesion publica la referida Sagrada Ymajen abia de ser solo en hombros de los Cavalleros Jurados Y queros Con tanto rigor que ni aun los Religiossos de dicho Combento an tenido nunca ni tienen favor para alternar Con mis partes en llevar la referida Ymajen, ni en tomarla ni entrarla en su Capilla...”.
 
Sea como fuere, el día 9 de junio de 1554 se redactaron sus primeras reglas, aprobadas por el obispo D. Pedro Pacheco “...que se allan escritos en pergamino y de letra a la moda de molde en diez y seis fojas...” (FRÍAS, 1992, 52).
 
La fundación del convento, al igual que en Málaga se produjo en una ermita ya construida, cedida al efecto a los frailes mínimos para su instalación. En el caso de Málaga, la ermita elegida fue la de la Victoria, mientras que en el de Andújar fue la de Santa Elena, que poco después sería rebautizada también con el título de Nuestra Señora de la Victoria. La pequeña parcela se encontraba a las afueras, en el camino viejo al Santuario. Estaba precedida de unos álamos que daban frescura al lugar en los rigores del verano (PALOMINO, 2003, 229). Hasta el siglo XVII la cofradía no se trasladó al arrabal de San Bartolomé, lo hizo al altozano que hoy recibe el nombre de la Victoria, en honor de la dedicación que recibió, por segunda vez, el convento mínimo.
 
 
El proceso de traslado no está muy claro. En las actas capitulares del año 1622 se indica que “el provincial de los franciscanos (no se detalla si mínimos o de Asís) pidieron licencia y terrenos para edificar un convento de su orden, y la ciudad le señaló como más conveniente el de la ermita de San Sebastián” (TORRES, 1981, 65). No parece que aluda a los de Asís, pues éstos contaban ya en la población con un nuevo convento inaugurado en el año 1585, por lo que se deduciría que la solicitud era de los mínimos. En las mismas actas capitulares del año 1641 “se ordena arreglar el empedrado de las calles Judería y Soledad, ésta última en razón a que por ella han de pasar las procesiones de Semana Santa” (IBID., 1981, 103).

 
Esta última calle recibió su nombre por la imagen soleana, cabría pues deducir, que dada la concesión de terrenos y el título que ya ostentaba una calle de la población, el convento se habría trasladado ya en el año 1641. Sin embargo, en el año 1668 se realiza la donación de una capilla a doña Catalina Jiménez de Mestanza. En la escritura se indica: “...que la dicha doña Catalina de Mestança pidio a el dicho convento le diese una capilla en la iglesia de el nuevo convento que es está fabricando...” (PALOMINO, 2003, 230). Años más tarde, en 1675, Dª Catalina alude a este capilla, denominada de los Santos Mártires “...que es la colateral del lado del Evanxelio, junto a la capilla de Nuestra Señora de la Soledad...” (IBID., 2003, 231).  En resumen, que a mediados del siglo XVII los frailes mínimos se trasladaron desde la antigua ermita de Santa Elena, en el camino del Santuario, al nuevo del Altozano de la Victoria, y que su capilla principal, la de la Virgen de la Soledad, estaba ya edificada en el año 1675. Debió ser en esta segunda mitad del siglo XVII cuando la cofradía experimentó un gran crecimiento, pues su escuadra del Santo Sepulcro aprobó sus primeras reglas en 1681. Suponemos que a partir de ese año se celebraría la función del Descendimiento, es decir, bajar a Cristo de la cruz para depositarlo en la urna del Sepulcro.
 
La función del Descendimiento, que había comenzado en Sevilla en el año 1582, estaba ya implantada en otras poblaciones de la diócesis. Es el caso por ejemplo de Beas de Segura, ya que en 1620 el reputado escultor y retablista Sebastián de Solís se comprometía a hacer “para la cofradía de Nra. Sra. De la Soledad sita en la iglesia Mayor de la villa de Beas una hechura de un santo Xpo abisagrados los brazos para que se pueda fazer el deszendimiento...” (ULIERTE, 1986, 97). En el convento de las Agustinas de Medina del Campo se conserva un cuadro del siglo XVII que representa la forma en que se hacían las funciones del Descendimiento (FERNÁNDEZ, 2010, 11).

 
Sabemos con seguridad, por el edicto de 1758 del obispo Fr. Benito Marín, que la cofradía de la Soledad hacía esta función: “...El Governador de la cofradia de nuestra señora de la soledad, y entierro de Xpto sita en el combento y religiosos de San franco. de Paula tendrá en dha igl(esia) la funcion de el descendimiento la ha de tener concluida a las tres de la tarde...”
 
También conocemos otras particularidades de la cofradía soleana andujareña, como el hecho de que estaba hermanada desde la segunda mitad del siglo XVII con la de Jesús Nazareno del convento de trinitarios de San Eufrasio, conocida popularmente como “Señor de los señores”. Deja testimonio de este hecho un acuerdo de la cofradía de la Santa Vera Cruz del año 1699, que a similitud de aquellas se hermanó con la de la Humildad de las monjas mínimas: “...El dho Gobernador propuso a dha cofradia como bien sabe a estado hermanada con la Cofradia de la Umilldad de Xpto Y Respecto de que las cofradias de Jesus Nazareno de la Santisima trinidad Y la de Nuestra Señora de la Soledad de la Victoria estan hermanadas para Rezibirse una a otra con las banderas el Santo Xpto Y palio Y la Campanilla con diez Y ocho achas...”. Cuando se mencionan “hachas” se refiere a “hachas de cera”, es decir, cirios.

 
La imagen era llevada a comienzos del siglo XVIII por cuatro personas que recorrían con ella tramos previamente establecidos. Lo sabemos por un cabildo del día 28 de Marzo de 1706 “...Y para que saquen a nuestra Señora de la soledad de su Capilla asta la puerta de la Yglesia de este Convento, se nonbraron al señor Gobernador de la cofradia de Jesus nazareno Y al dicho Señor Governador de esta Cofradia Y a Don Manuel Cano Y Don Juan de padilla = Y para que lleven dicha Santa Ymaxen desde dicho sitio asta la Yglesia de Señor San Bartolomé, a los demas ofiziales que an sido Governadores desta Cofradia...”. Era pues un auténtico privilegio en dicha cofradía portar la imagen de la Virgen de la Soledad y estaba perfectamente protocolizada como hemos visto.
 
En la procesión, las velas eran de dos colores: blancas las del Santo Sepulcro, y negras las de la Soledad. Las túnicas de nazareno de la escuadra del Santo Sepulcro eran de color negro desde su fundación, al igual que las de la Soledad en la transición del siglo XVII al XVIII, pues en un cabildo del día 4 de abril de 1700 se indica que los cofrades han de ir  “...con sus túnica negras y alpargatas negras e velas negras...” (FRÍAS, 1992, 52). No debió ser así desde su fundación pues sabemos fue cofradía de sangre y éstas siempre vestían con hábito blanco. En estas fechas es normal que se hubiese cambiado el hábito nazareno, pues los sucesivos edictos de los obispos giennenses ya habían prohibido la costumbre de fustigarse en las procesiones y el color blanco en el hábito nazareno.

 
Los colores blanco y negro fueron los habituales en el vestir de las imágenes de la Soledad, y fueron también los típicos de la cofradía soleana andujareña.
 
Por un cabildo del día 4 de abril del año 1700 sabemos que la cofradía tenía cinco escuadras: San Juan Evangelista, Santa Cruz, Santo Sepulcro, San Francisco de Paula y Nuestra Señora de la Soledad: “...Y siendo el dia quatro del mes de Abril del año pasado de Mill y seteztos la dha Cofradia estando en dho Conbento Con asistenzia de Fray Juan de Serrera Su corrector zelevro zierto cabildo pr Ante lucas Garcias de soto Maº. notario Por el que consta la disposizon de la procesion de penytenzia de dho año. Y segun ellos se hizieron A sus Oficiales diferentes repartimientos de sus operaziones en esta manera= la primera bandera para Dn Ant. Cavello y sus conpañeros Man. diaz y Dn Migl de rruedas Y Thomas rrodriguez= La segunda Bandera A Joseph de cordova, Juan Mtnez Y pedro de lomas = el santo Xripto A Dn Man. Caro, Dn Juan de padilla y Dn Franco. deortega = la esquadra de la santa Cruz se encargo A sus ofiziales = la de P. San fran. de Paula Y el santo Sepulcro A los ofiziales de ellas = el santo Sepulcro y Baras del palio A Juan Mtnez Alcaide y demas sazerdotes= El primer tanbor A Juan Caro y sus conpañeros= el segundo A Juan teodoro Y sus conpañeros = Los Angeles Y sibilas A Dn Gabriel de Cordoba Su Governador= la esquadra de el Señor San Juan A sus ofiziales = la esquadra de ntra. Señora A dho Gobernador...

 
Sabemos que debió tener en el convento de frailes mínimos al menos tres altares: el de la Santa Cruz, conocido por el testamento de Martín de Encinas, que desea ser sepultado en la Victoria, en la capilla de la Santa Cruz, por ser hermano de dicha hermandad. (PALOMINO, 2003, 238). El de San Juan Evangelista, y otro, que sería el principal, donde debió estar la Virgen de la Soledad y el Santo Sepulcro, en una composición semejante a otras como ésta de Granada.

 
El retablo barroco se conservó hasta la Guerra Civil, pues a pesar de su mal estado, se trasladó desde el convento de mínimos en el año 1812 a la parroquia de San Bartolomé. Las tropas francesas habían desvencijado la urna, rotos cristales... por lo que fue necesario emplear más de 500 reales en su restauración (MORENO, 1995, 56).
 
Aunque la imagen desapareció en la Guerra Civil se conservan algunos bienes antiguos, entre ellos una diadema (FRÍAS, 1992, 52), que curiosamente vemos en esta fotografía en dos imágenes distintas: la Soledad de San Bartolomé y la Soledad de la cofradía de la Humildad de las mínimas, posiblemente prestada en este segundo caso:

 
Igualmente se conservaba hace años en posesión de la familia Bellido un medallón de plata con la imagen de la Soledad. Debió pertenecer a algún gallardete o bandera. La imagen está representada de rodillas y con las manos juntas en señal de oración, semejante a las fotografías que de la Soledad se conservan:

 
La imagen, aunque retocada a lo largo del siglo XVII guardaba todo el aire del siglo anterior, en que sería realizada. En concreto en el año 1634, se gastaron: “...54 reales de aderezar el rostro y manos de ntra. Señora de la soledad...”. Esta escasa cantidad indica que sólo se trató de una pequeña restauración. Con la cabeza inclinada, rostro ovalado, barbilla prominente, boca cerrada, nariz recta, mirada baja... guardaba una enorme similitud con la Virgen de la Soledad de Madrid, salida de la gubia de Gaspar Becerra, escultor giennense a la que también se podría atribuir, por estilo, la hechura de la de Andújar. En esta fotografía comparativa vemos estas concomitancias, debiendo considerar que la Soledad de Andújar llevaba pestañas postizas.

 
Tras esta larga introducción, nos centraremos en el objeto de este artículo, que no es otro que un pleito que encontramos en el archivo de la Real Chancillería de Granada. Es de los años 1741-1742 y el asunto que originó en litigio fue la sustracción del arca de la cofradía de una cantidad de cera nueva, en concreto 144 libras, que al parecer retiró el fiscal de la escuadra del Santo Sepulcro, Manuel de los Santos Torres, y que a su vez vendió al maestro cerero Paulo o Pablo González como si fuese vieja, es decir, a mitad de precio. Se trata de una cantidad importante, pues cada libra equivalía a unos 460 gramos, ascendiendo el total a algo más de unos 66 kilos.
 
La cera, era por aquel entonces un producto relativamente caro, de tal modo, que el menoscabo económico producido fue de cierto alcance. Más sangrante debió ser que el presunto infractor gozaba de la confianza de la junta de gobernación de la cofradía y que su mala acción aprovechó tal circunstancia.

 
Según se deja entrever en el citado pleito, tanto el fiscal de la cofradía como el maestro cerero, pudieron estar de acuerdo en la operación, de tal modo que a éste último se le acusaba de complicidad. ....Y porque asimismo Paulo González Mto de Cerero esta igualmente obligado a pagar las dhas ciento quarenta y quatro libras de cera no solo por el dolo y mala fee con q. se presume las compró, sino y tambien por averlas pagado quasi a la mitad del justo precio que valian, pruebase lo primero del mismo harto justificado de los autos de averle dicho a Manl de los Santos uno de los dhos fiscales, y quien sustrajo la cera, q. se la vendiese, y que para disimular la falta y q. no se conociesse caso que saliese la procession le prestaria lo q. hubiesse menester pª el gasto deellas, convenciéndose a mejores leies, de la declaracion del dho Paulo Gonzalez, pues simulada, y cautelosamente afirma que no ha comprado cera alguna a el Manl de los Santos Torres, y ni a su Muger, y despues dice que lo tiene y ha tenido por persona legitima pª poder vender dha cera...
 
No cabe duda que el cerero se contradecía, pues por un lado decía que el fiscal de la cofradía no le había vendido cera alguna, pero a la vez, lo consideraba facultado para ello. De esto derivaba la cofradía de la Soledad la mala fe del cerero “...lo regulado se prueba desp(ués). siendo como era nueba y fresca, y no de mediano (reciclada), como quiere suponer, labrada y fabricada, por el mismo Paulo González, es consiguiente y forzoso que avia de conocer el intrínseco valor deellas...” Por tanto, y a partir de estos párrafos queda claro que la operación consistió en el denominado “renuevo” de cera, es decir, una operación habitual por la cual se vendía la cera sobrante para mitigar el valor de la nueva. El problema en este caso es que lo que se vendieron fueron cirios nuevos haciéndolos pasar por cirios usados, y necesariamente lo debieron hacer de mala fe, pues los cirios (que estaban nuevos) habían sido fabricados por el mismo cerero al que unos meses más tarde se le vendían como usados. Dejándose clara en el pleito la complicidad entre el cerero y los dos fiscales de la cofradía.

 
En cuanto a la diferencia de precio entre la cera vieja y la nueva es la que sigue: “...Y porqe no es digno de aprecio ni debe estimarse pª la esculpacion del referido Pablo Gonzalez la assertiva de los testigos de su probanza; pues estos afirman qe el precio comun dela cera vieja con sebo o horruras a causa de la quiebra y desperdicios qe tiene, goza el precio de quatro Reales; mas no la cera en hachas nuebas, unas, y otras quasi no principiadas a gastar, y la cera en pan, como es la qe tenia dha hermdad, porqe esta cera assi siempre se reputa nueba, y sin desperdicio, lo qe no pudo ignorar como maestro en dho oficio el mencionado Pablo Gonzalez, y qe su justo comun precio era de siete a ocho Reales....” El resultado es que la cantidad por la que la cofradía se veía afectada era algo más de 500 reales, un montante relevante pues sabemos que por estas fechas el sueldo de un peón de albañil era de unos dos reales y medio por día.

 
Entre los años 1746 y 1748 la cofradía de la Vera Cruz gastó en cera un total de algo más de 722 reales en 110 libras de cera: “...Yt. es data setezos veinte y dos rs y diez y siete mrs. deel importe de ziento y diez livras de zera que se an comprado en los dos as de esta qta...” Esta anotación sirve para calcular el gasto anual de cera, que ascendía aproximadamente a unos 360 reales. La cera se utilizaba mucho más que ahora, pues no existía la luz eléctrica, de tal modo que en cualquier acto que la cofradía organizase la cera estaba presente. Los cirios que se sacaban en la procesión de Semana Santa sabemos que eran de cuatro libras según la regla 9ª de la escuadra del Santísimo Cristo de la Columna de 1697 “...y çera para quarenta Achas de a quatro libras..”, es decir, de un poco menos de dos kilos de peso.
 
Sobre el valor otorgado a la cera, valga como ejemplo esta anotación en el inventario del año 1713 en la cofradía de la Vera Cruz, con motivo del traspaso de poderes entre el gobernador saliente D. Francisco de Rumayor y el entrante Pedro Martín del Castillo: “...Assimesmo se le entregan Al dho Pedro Martín del Castillo nuebo Governador Duzientas Libras de zera hachas Belas y Pan que se an pessado Con su assistenzia y del dho Dn franco de rrumayor alcalde Las quales con assitenzia de mi el no se metieron y enzerraron en el Arca que esta en dha sacristía con quatro llabes que las dos de ellas tomó el dho Pedro Martín como tal Governador y las otras dos el dho D. Franco Rumayor como tal Alcalde...”. En otra anotación, también de la Vera Cruz se expresa: “...Un arca Grande Assida A la pared en dha sacristía que aze Poyo en ella Con su llave (en realidad cuatro) Y en dha arca ziento y Dos libras de zera en Achas Velas y en pan...”.

 
Vemos pues que la cera sobrante se guardaba en un arcón y se pesaba ante el secretario/notario de la cofradía para que se levantara acta. El arca estaba en la sacristía de la capilla de la cofradía de la Vera Cruz y como hemos comprobado tenía cuatro llaves, que se repartían: dos para el gobernador y dos para el alcalde de la cofradía.
 
El arca de cera de la cofradía de la Soledad desconocemos si estaba también en dependencias anexas a su capilla en los Mínimos, pero sí es seguro que tenía dos llaves: “...porque el arca en que se Custodia la zera de dha Cofradia solo tiene dos llaves Las que paran en poder la una del fiscal y la otra en el del Alcalde...”. Al parecer en la sustracción participaron los dos fiscales del Santo Sepulcro Manuel de los Santos Torres como Francisco de Morales, el primero para “socorrerse”, y el segundo por haber sacado 33 libras de “...las arcas de dha hermdad con el pretesto de debérselas...”.
 
En primera instancia Manuel de los Santos fue condenado en Andújar, ingresando en la cárcel. Deja testimonio de este asunto el hecho de que el cerero Pablo González fue a visitarlo a la cárcel, y al parecer algunos más se enteraron de la conversación que tuvieron ambos, en la que el primero recriminó al segundo haber manifestado que él le había vendido la cera: “...no siendo de menos consideración lo qe afirman Juan Sánchez, Martín de Quero y Lucas de Segovia Alcalde y pressos en la carcel de dha Ciudad, pues dicen que estando presso el Manuel de los Santos fue a verle el referido Pablo González, en entre otras muchas cosas qe passaron este le dixo q. aunq. fuesse cierto, q. le avia vendido la cera tenia poca necessidad de averlo assi declarado...”. Una vez la causa terminó en recurso elevado a la Chancillería de Granada el testimonio del alcalde y los presos de la cárcel fue en contra del acusado.

 
Finalmente los fiscales fueron condenados tanto al reintegro de la cera como a las costas del pleito, unos 825 reales más.
 
La cera, como hemos visto era un bien muy preciado en nuestras cofradías, y su custodia no era una cuestión menor, sino todo lo contrario, era algo realmente serio. En las reglas de la escuadra de Jesús de la Columna de la Cofradía de la Vera Cruz del año 1697, se indica en la segunda: “....Yten q. sea de pesar la çera, Al tiempo que se quiera labrar para la proçesion del Juebes Santo para que la merma que ubiere abido asi en la proçesion del Juebes Santo anteçedente como en los hentierros A que aia debido asistir dicha esquadra se prorratee dho gasto de mas çera entre todos los ofiçiales de dha esquadra pagando cada uno lo que tocase...”
 
Igualmente en las Reglas del año 1681 de la escuadra del Santo Sepulcro de la Cofradía de la Soledad, conformada sólo por 72 hermanos a imitación de los discípulos de Cristo, se recogía en la regla 7ª que la escuadra debería tener en propiedad 36 cirios y los otros 36 restantes sería aportados por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. La nº 13 también incidía en la cera, en esta ocasión de la previsión y el pago de cera de cada año. En las Carnestolendas se comprobaba la que faltaba, reemplazándose y pagando los costes a partes iguales entre los hermanos.

 
Por tanto, la cera era esencial en el desarrollo normal de cualquier cofradía, y en el caso particular de la Cofradía de la Soledad, los costes de la falta de cera habían de ser pagados a partes iguales por los hermanos, de ahí que su gobernador, Andrés Salido, al detectar el robo, se viese obligado a denunciarlo. 

BIBLIOGRAFÍA.

FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, R. (2010): Sistemas de articulación en Cristos del Descendimiento, Master en Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

FRÍAS MARÍN, R. (1992): “La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Andújar: Datos para su historia”, Rev. Alto Guadalquivir, Especial Semana Santa Giennense, pág. 52.

MORENO ALMENARA, M. (1995): “La Cofradía de la Soledad y su Hermandad del Santo Sepulcro de Andújar durante el siglo XIX”, Rev. Alto Guadalquivir, Especial Semana Santa Giennense, págs. 54-56.

PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.

ROMERO DE TORRES, J. L. (2012): “La condesa de Ureña y la iconografía de la Virgen de la Soledad de los frailes mínimos (I)”, Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, nº 14, págs. 55-62.

TORRES LAGUNA, C. (1981): Andújar a través de sus actas capitulares, Jaén.

ULIERTE VÁZQUEZ, Mª L. (1986): El retablo en Jáen (1580-1800), Jaén.


DOCUMENTACIÓN.

Pleito entre Manuel de Morales y Manuel de los Santos, fiscales de la escuadra del Santo Sepulcro y de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Andújar con Andrés Salido; sobre restitución de cera”.

Catálogo de Pleitos de la Real Audiencia y Chancillería de Granada. Caja: 2831, Pieza 8.



[1] Ortega Sagrista, gran investigador de las cofradías de la provincia de Jaén, daba por la más antigua de la diócesis a la Cofradía de la Vera Cruz de Baeza, en el año 1540, cuando aún se desconocía la fecha de fundación de la cofradía de la Vera Cruz de Andújar.