Blog oficial de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz de Andújar y Muy Antigua, Pontificia, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna, Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista

miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA COFRADÍA DE LOS DOLORES DEL CARMEN DE ANDÚJAR (I) NACIMIENTO Y AUGE DURANTE EL SIGLO XVIII

Maudilio Moreno Almenara

El nacimiento de la cofradía de los Dolores del Carmen lo conocemos por un documento que figura en su primer libro de cabildos. Se trata de una carta de hermandad de la Provincia de San Juan Bautista de carmelitas descalzos de Andalucía la Baja.
 
 
Es un impreso tipo de la orden al que se añadieron tan sólo algunas frases específicas, en concreto el nombre del padre provincial: “Fray Joseph de San Antonio”, después se dispuso: Atendiendo a la piedad, y devoción de “Manuel Lopez Campanario hermano maior y a toda la cofradia de la V. de los Dolores” y por último la fecha: “En onze días de El Mes de Junio de 1718 años” y la firma del provincial junto con el sello carmelita.
 
 
Así daba comienzo la Hermandad de los Dolores del Carmen, una de nuestras cofradías históricas -orgullo de Andújar- que en tan sólo dos años celebrará su 300 aniversario, hecho histórico que sin duda merecería una más que magnífica festividad.
 
Sirva pues de antesala de esta efemérides el humilde homenaje que la cofradía de la Santa Vera Cruz le hace a esta hermandad con estos artículos, con nuestra historia común y con el cariño y corazón ganados.
 
El primer cabildo se celebró el día 2 de febrero de 1720 con el fin de designar cargos para la Junta de Gobierno. Se eligió como hermano mayor a Francisco Rubio, fiscales a Antonio Portillo y Juan Castellano, comisarios de cuentas a Isidro Martínez y Manuel García, enfermeros a Manuel García y Tomás de Aldehuela y enterradores a Luis Jedeón y Juan Cebrián.
 
 
Llama la atención que en este primer cabildo se ofreció el licenciado Francisco Martínez de Zeleda como “...hermo exclavo desta hermd Y que respecto de tener rosario en este Convto todos los dias de nra. Sª, se obligaria a benir a ofrezerlos y asistir a otras qualesquier operazon que pudiese...” a cambio de que “....se le acudiese a su entierro como a qualquier exclavo...”.
 
En 1723 y una vez aprobadas sus reglas, salió por primera vez en procesión, siendo gobernador Antonio Portillo que anteriormente había sido fiscal. A partir de entonces la vida de la cofradía se desarrolló con una normalidad palmaria, saliendo en procesión, conviviendo con los frailes del convento en el que tenían sede y con el que estaban hermanados y celebrando sus misas ordinarias. Los primeros cabildos tuvieron lugar ante una representación de la Cofradía de la Santa Vera Cruz y otra de la de la Humildad de Mínimas, ambas hermanadas, y que actuaban como “madrinas”, asesorando y velando por su acreditada experiencia en estos primeros pasos de la nueva corporación penitencial.
 


En estos primeros cabildos, en concreto en 1729, se admitió la donación de un rosario de coral rojo y filigrana de plata con tres medallas por los devotos de Nuestra Señora de los Dolores: Juan Fuentes, María de Mena y Micaela Cantero. El rosario aparece en un lienzo conservado en su capilla de Santa María y sabemos que “...se acordo pr esta cofradía se les asista pr hella a sus entierros...”, es decir, en señal de agradecimiento por la presea recibida, la cofradía aprobó asumir los gastos por misas en los entierros de los tres devotos. No sería el único regalo que se le haría a la excelsa Virgen de los Dolores del Carmen. Sabemos no sólo de otros generosos donativos a la imagen merced a su honda devoción popular, sino también y por igual causa, que el mismísimo Ayuntamiento llegase a solicitar que la imagen procesionase en rogativas por falta de lluvia en el año 1773 junto con el Señor de la Columna de Santiago (TORRES, 1981), 358), que ya lo había hecho en solitario en 1723, 1730 y 1771.
 


Pero como veremos a continuación esta imagen no debió pertenecer a la cofradía o al menos no fue pagada por ella. El dato lo conocemos por un inventario especial redactado a comienzos del año 1723 como consecuencia de la petición formulada por el visitador del Obispado, el Licenciado D. Francisco Antonio Gómez, abogado del Consejo de su Majestad. El visitador firmó en el libro de cabildos de la cofradía en señal de conformidad y entre sus cometidos con esta inspección estaba tomar cuentas a la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, así como a los conventos y ermitas que se encontraban en su feligresía. Llama la atención que a pesar de que el resto de enseres e imágenes está tasado, es decir, figura su precio, en el caso de la Virgen de los Dolores no consta valoración alguna, lo que parece apuntar a que bien fue donada por Manuel López Campanario, su primer hermano mayor, bien fueron los frailes quienes sufragaron su coste.
 
Lo que parece no tener duda alguna es que debió ser una escultura de los Mora, de extraordinaria belleza e introspección, sedente, con manos entrelazadas sobre el pecho y de tamaño algo menor que el natural. Fue realizada hacia 1718, aunque no sabemos si incluso pudo ser gubiada unos años antes. No es de extrañar que una imagen de estas características lograse rápidamente una enorme devoción.
 
 
 
La advocación de los Dolores, en esta configuración sedente también la encontramos en Écija, igualmente en los carmelitas descalzos, lo que nos hace pensar que fue una devoción impulsada por esta orden.
 

No debió ser la única imagen de esta corporación, en origen del Miércoles Santo, que salió de las expertas manos de esta familia dedicada a la imaginería. Por fotografías antiguas puede advertirse igualmente que el antiguo Cristo de la Paciencia guardaba toda la estética y estilo de los Mora, lo que favoreció su no menos importante devoción. En cuanto al rostro, es con claridad el rasgo más característico que permite atribuir la imagen al círculo de los Mora: cejas muy alargadas, mirada profunda llena de ascetismo, bigote escaso, boca entreabierta, nariz recta y fina, orejas ligeramente despegadas, pómulos marcados y barba poco poblada salvo en la barbilla, que además se parte en dos. Desde luego que no ayuda el ángulo de la fotografía en el análisis del rostro, sin embargo, parece más que suficiente para adjudicarle un origen en el taller de los Mora, quizás a Diego de Mora. La imagen hubo de tallarse hacia 1726-1727.
 

El Señor de la Misericordia, conocido como Jesús Caído, desapareció en la Guerra Civil como las dos imágenes anteriores. Sin embargo, Collaut Valera debió inspirarse en alguna fotografía anterior a la contienda civil que hoy por hoy no conocemos. Planteamos esta hipótesis en virtud del aire que tiene la actual imagen, que parece inspirada en su rostro en la escuela granadina de escultura del siglo XVIII. Con todo ello parece razonable pensar que la mayoría de las imágenes de esta cofradía, si no su totalidad, debieron ser encargadas en la ciudad de la Alhambra durante la primera mitad del siglo XVIII. Sabemos que en 1723 ya contaba con seis titulares, no figurando aún ni el Señor de la Misericordia (realizado hacia 1732) ni el Cristo de la Paciencia:
 

Ynbentario de los vienes de la Cofradía de Nuestra Señora de los dolores sita en el Convto de Nra. Señora del Carmen de esta Ciudad de Anduxar. La Ymagen de Ntra. Señora de los dolores. Un manto de felpa azul aforrado en tafetan azul, su balor Mill y zien Rs. Una bandera de tafetan a musgo Con la cruz blanca de tafetan blanco trescientos y cinquenta Rs. Un gallardete negro Con su targeta para los entierros 100. Unas andas quinientos y quarenta Rs. Un zetro y tres Cruzes cinquenta Rs. Un libro de Cavildos veinte Rs. dos escudos, uno de la orden y otro de Nra. Señora de los dolores treinta Rs. Una arca cinquenta Rs. Nuebe Jubileos perpetuos.....(esta parte es prácticamente ilegible por la humedad). Una carta de hermandad veinte Rs. Un trono para quando se descubra el Ssmo treinta Rs. Una ymagen de Nro. Pe S. Elías quatroçientos y cinqª Rs. Un gallardete de Color de Cobre con su escudo Cruz y bara ziento y cinquenta Rs. Una arca cinquenta Rs. Mas veinte y dos libras de zera a siete Rs. Mas treinta Rs. de quatro horquillas. Mas un zetro treinta Rs. Una ymagen de Jesús de la entrada de Jerusalén trescientos y sesenta Rs. Una tunica de felpa morada con estrellas de plata, y ribeteada con galon fino de oro quatrocientos Rs. Unas potencias de plata, y una capa de tafetán blanco 110. Una ymagen de Jesús preso. Su manto quatrozientos y cinquenta Rs. Una tunica de felpa morada su manto quatro cientos y ochenta Rs. Una tunica de tafetan morado Y un velo ciento y treinta Rs. Una ymagen de S. Pedro quatrocientos y cinquenta Rs. Una tunica y manto cien Rs. Una ymagen de S. Juan quatro Cientos y cinquenta Rs. Un escudo treinta Rs. Aquí prosigue el gasto de la cofradía. Una arca cinquenta Rs. Una Cruz de plata de cinqueta Rs. Unas andas cinquenta Rs. Una arca Con tres zerraduras cien Rs. Un gallardete con su targeta Cruz y bara 160. Veinte libras de zera a siete Rs. Un pelicano treinta Rs. Un zetro quinze Rs. (Diez y nueve libras) de zera a siete Rs...."
 

Además de estas seis imágenes, cada una presidiendo su respectiva escuadra, poco después llegarían otras dos: las mencionadas del Cristo de la Paciencia y la de Jesús Caído o de la Misericordia. Si bien en los primeros años se instituyó la escuadra de la Cena o de los Sacramentos, ésta desapareció en el año 1732. Curiosamente al año siguiente se fundó la escuadra de Jesús de la Humildad, que según figura en el cabildo de salida celebrado el día 1 de marzo de 1733 fue el nombre que en origen tuvo la imagen de Jesús Caído: “La insignia de la Humildad se Encarga a su Ermano maior y Ermandad, se entiende de Jesús Caído”. Esta imagen poco después fue llamado ya Señor de la Misericordia y así seguiría durante años. La advocación de Jesús Caído fue habitual en los conventos carmelitas. Así, la imagen de Jesús de Penas que procesiona en Sevilla cada Lunes Santo procede del claustro del Convento Casa Grande (CARRERO, 2000, 31-33), Jesús Caído de Córdoba tiene su sede en el Convento de San José, también llamado de San Cayetano (Carmelitas)...
 
Es muy probable que la antigua escuadra de la Cena o los Sacramentos fuese sustituida por la de Jesús Caído. En una lista de hermanos del siglo XVIII de la cofradía de los Dolores del Carmen queda tachado el nombre de “La Cena”, apareciendo en su lugar “el Señor Caído”, lo que parece confirmar su ubicación en la capilla sacramental del antiguo convento del Carmen.
 

Coincide también con esta anotación la opinión de Palomino León, quien deduce por una manda testamentaria del año 1803 de María Flora Orozco que la imagen del Señor de la Misericordia se encontraba en la capilla del Sagrario, ya que la testadora mandó una arroba de aceite para iluminar la lámpara del Santísimo Sacramento y Señor de la Misericordia (PALOMINO, 2003, 187), pareciendo indicar que eran la misma.
 
Años más tarde, ya en el año 1771, encontramos una nueva escuadra: la del Niño Jesús de los Dolores, que no sabemos si salía en procesión, con lo cual está claro que fueron nueve las escuadras que conformaron la cofradía, siendo con diferencia la que más hermandades tuvo en Andújar. Lo vemos aquí en una pequeña hornacina bajo la Virgen, en su mismo retablo, cuando éste ya estaba trasladado a la parroquia de Santa María la Mayor.
 

El dato sobre esta pequeña imagen lo encontramos en ciertas protestas elevadas a la cofradía por el prior del convento de los carmelitas, Miguel de la Asunción, que en nombre de su comunidad hacía valer el derecho de los frailes en las votaciones de los cabildos a elección de gobernador. La razón es que muchos religiosos del convento eran hermanos con voz y voto de la hermandad o escuadra del Niño Jesús de los Dolores: “...pues debiera saber, lo uno, que muchos relixiosos de mi Communidad, son hermans, de dha Cofradía y hermandad de el Niño Js. De los Dolores, a ella Yncorporada...”. En otra parte del documento se aclara: “...la Cofradía de Nª Sª de los Dolores, sita en el referido Combento, a que tiene Union, la esquadra o hermandad, de el Niño Js, de el mismo titulo (Niño Jesús de los Dolores)...”. Se conserva una fotografía de este Niño Jesús pasionista, ya que se pasó a la parroquia de Santa María tras la Desamortización, recibiendo culto en una pequeña hornacina en el retablo de la Santísima Virgen de los Dolores. En el inventario de 1885 de dicha iglesia se indica cuando se describe el retablo de la Virgen: “...y debajo de la Virgen, el Niño de los Dolores con una cristalerita, con cruz, potencia y canastillo de plata. El altar está completo y surtido de todo lo necesario y las ropas de la Virgen y manteles están a cargo de la Señora Condesa de Gracia Real...” (RUBIO, 2002, 137).
 
Pero fue sin duda la Santísima Virgen de los Dolores la que logró reunir un ajuar más espectacular, preseas que salvo la Santísima Virgen de la Cabeza, ninguna otra imagen tuvo en nuestra ciudad.
 

Así, a fines del siglo XVIII, en concreto en 1796, se encargó un trono de plata para la Virgen de los Dolores al platero Miguel de Guzmán Sánchez, merced a la voluntad, vía testamentaria, del legado de un tercio de los bienes de Dª María de Illescas Verdejo (PALOMINO, 2003, 189). El platero Miguel de Guzmán gozó de una enorme fama en toda España. Una de sus obras más logradas es el soberbio sepulcro de San Juan de Dios en su basílica de Granada.
 

En 1735 Dª Beatriz de Piédrola le había regalado un rostrillo de oro engastado con diamantes, esmeraldas y perlas (IBID., 2003, 188). También se aprecia en el lienzo que actualmente está en su capilla un magnífico corazón de joyería que parece estuvo cuajado de rubíes. Además, tuvo una luna y resplandor de plata y una magnífica peana de madera de palosanto con cuatro medallones de plata donde se representaron escenas de la Pasión. La peana fue terminada en 1735 según un cabildo celebrado el 28 de agosto de dicho año: “... por averse zelebrado oi dicho dia la fiesta tiular, â causa de no averse acavado el trono de Nuestra Señora para el dia prevenido por el estatuto, asta oi que se a echo la colocazon...” En 1803, Dª María Flora Orozco legaba en su testamento 100 reales a la imagen de los Dolores para su adorno (IBID., 2003, 49).
 

En estos momentos iniciales de la cofradía el número de hermanos fue creciendo rápidamente. En las listas que figuran en el primer libro de cabildos y que han de corresponder con el periodo comprendido entre 1720 y 1735 aproximadamente, se distribuyen de la siguiente manera: 110 hermanos de Nuestra Señora de los Dolores, 24 de San Juan, 30 hermanos de San Pedro, 41 hermanos de la Paciencia, 36 hermanos del Prendimiento, 38 hermanos de la Entrada en Jerusalén, 58 hermanos de San Elías, 37 hermanos del Señor Caído, a los que hay que sumar 18 soldados romanos y 17 hermanos de azote, es decir, de sangre. Es evidente por este reparto de hermanos de la cofradía cuya historia analizamos que su carácter fue netamente mariano pues la escuadra de la Santísima Virgen duplicaba en número a la siguiente.
 
La suma total de todos ellos es de 398 hermanos, aunque se observan tachaduras y cruces en el margen que indican que algunos de ellos habían fallecido mientras otros seguían siendo hermanos. Con ello queremos indicar que en estas fechas la cofradía no tenía 398 hermanos simultáneos, aunque la relación total de nombres suma esta cantidad. Estimamos que entre los que se dieron de baja y los que fallecían, la media de hermanos de la cofradía sería de algo más de 300, que para la fecha y el poco tiempo que llevaba de trayectoria la corporación es una cantidad importante.
 

Pero veamos a continuación lo que actualmente sabemos del desarrollo de las obras y decoración de la iglesia tras el incendio producido en la noche del 9 de junio del año 1708 (TORRES, 1981, 229), que obligó a reformar buena parte del convento. La primera noticia es del día 7 de octubre de 1726, cuando el Ayuntamiento concedió una limosna de 1.000 reales para las obras de la iglesia del convento de Carmelitas, que amenazaba ruina al estar interrumpidas por falta de dinero, haciéndose también una suscripción particular entre los regidores y jurados para dicho fin (IBID., 1981, 266). Con esta aportación al menos el recinto sacro debió culminarse en su totalidad. Un año más tarde, en concreto el día 25 de Agosto de 1727 el Ayuntamiento concedió al prior del convento de los carmelitas licencia para celebrar en el Mercado un festejo de toros en beneficio de la capilla que se estaba edificando a Ntra. Sra. de los Dolores (IBID., 1981, 269). Esta capilla no debió ser tal sino un arco en el que se dispuso el retablo y la imagen, junto al altar mayor. Las obras de la “capilla” fueron fulminantes, de ahí que pensemos que era un mero arco embebido en la pared, iniciándose de forma inmediata la ejecución del retablo. Abunda en esta hipótesis el hecho de que en 1756 el presbítero D. Luis Gabriel de Casas y Lara pidiese ser enterrado en el convento del Carmen “...como a dos varas frente del altar y ymajen de Nuestra Señora de los Dolores...” (PALOMINO, 2003, 190).
 

El retablo debió comenzarse hacia 1727, aunque poco más tarde quedó inacabado tal y como se anotó en el cabildo celebrado el día 26 del mes de noviembre de 1730: “... bien sabe Y le Consta se principió el retablo del altar de Nuestra Sra y el altífize qe lo Executava se ausento desta dcha Ciudad Y siendo presiso se Continue asta fenecerlo según La planta qe está aprobada...”
 
Fue en el mismo cabildo cuando la cofradía acordó “...se Continue dho Retablo Y para hello se ajuste con Mateo Primo Mo de arquitetura para qe lo ejecute según dha planta; En cuio Estado pareció el dho Mateo primo En este Cavildo Y se Ajusto Con el susodho q. dándole mill y quinientos rs, y la madera qe fuere necesaria se obligara en toda forma a Azer el referido retablo asta dejarle perfectamente Acabado Y Estando pte El dho Mateo Primo ofrecio azer el referido retablo en la forma qe esta Executado asta quí En cuia Conformidad qedo perfeccionado dho ajuste Entre dha Cofradía Y el dho Mateo Primo...”. El mismo retablista firmó en el acta del cabildo tal y como se aprecia en la fotografía inferior.
 

Mateo Primo, retablista oriundo de Alcalá la Real como el insigne Martínez Montañés, estaría en el convento realizando el retablo mayor por aquellos momentos, ya que se encontraba en Andújar como demuestra este documento. Tanto él como su hijo Antonio Primo de la Rosa habitaron en nuestra ciudad durante años, llegando el segundo a contraer matrimonio con 22 años de edad aquí, el día 14 de enero de 1731 con Teodora María Garrote, andujareña, en la iglesia parroquial de San Bartolomé (FRÍAS, 1999, 180). Su hijo Antonio Primo Garrote fue también escultor y nació en nuestra ciudad, aunque marchó a la villa y corte donde dejó buena parte de su obra. Es el autor de la famosa “Fuente de la Alcachofa” en Madrid.
 
El retablo no quedó concluido hasta mediados de 1733 siendo ésta la razón por la que el cabildo de reelección de gobernador, que debía convocarse el tercer domingo de mayo de ese año, se pospuso hasta el día 25 de Octubre “...Cavdo para la reelección de Gobernador pr que ... se avia de celebrar el Terzer domo de Maio Proximo Pasado del qual No se a executado hasta oy, de la fha. Pr averse estado aguardando Se acabase el retablo de nra. Sa de los Dolores Como Con efecto esta Acavado...”. No debió ser fácil para la cofradía acometer esta obra pues en paralelo se venía ya trabajando en la siguiente capilla para otra imagen de la cofradía: la del Cristo de la Paciencia.
 
 
Así, un año antes, en concreto el 11 de Mayo de 1732 ya se habría realizado el arco que debía cobijar un nuevo retablo, tal y como se informó en el cabildo celebrado ese día: “..En este Cavildo se vio la qta tomada a los Ermanos Po perez de la obra q. se hizo En la Capilla del Sr. dela pazienzia por los hos D. Pedro Rodríguez Y Alonso tirado Comisarios en la que resulta de Alcanze Contra dha Cofradía y A favor del dho Po perez En siento y quarenta Y seis Reales Vn y se le a de dar y pagar Nobenta Rs por aver perdonado lo demas, lo que le pague el Nuevo Gobernador (José Guerrero) y asi se acordo...” Como vemos el montante de la obra no fue elevado, de ahí que se tratase tan sólo de la construcción de un arco lateral que albergaría el siguiente retablo. La cofradía aún debió encargar varios retablos más, ya que contó con un crecido número de imágenes, como hemos visto.
 
El retablo mayor fue realizado también por Mateo Primo en colaboración con su hijo Antonio Primo y debió estar dedicado a San José, cuya imagen pudo ser una conservada hasta la Guerra Civil en la parroquia de Santa María. Las fotografías de la Fototeca de la Universidad de Sevilla son un auténtico tesoro que nos muestran estas imágenes hoy desaparecidas, cuando ya estaban en la parroquia de Santa María.
 

A través del expediente matrimonial de Antonio Primo, documento interesantísimo iniciado el día 26 de Agosto de 1730 y cerrado el día 5 de enero de 1731, él mismo indica entre otras cosas, que era natural de Alcalá la Real y que allí se mantuvo hasta 1720. Entre 1720 y 1722 estuvo en Baena trabajando con su padre. Desde 1722 hasta 1726 vivió en Andújar ejecutando diferentes obras. Entre 1726 y finales de 1729 volvió a Baena y a principios del año 1730 regresó a Andújar para iniciar otra obra (FRÍAS, 1999, 179), que creemos fue el retablo mayor del convento del Carmen. Debió ser su matrimonio lo que hizo que este taller itinerante se mantuviese en Andújar durante años.
 
Sabemos que en 1738 Antonio Primo estaba ejecutando el retablo de las carmelitas descalzas de Lucena siguiendo las trazas del retablo mayor del Carmen de Andújar (RAYA, 1987, 112), por lo que su aspecto nos ilustra cómo debió ser la cabecera del convento andujareño. El retablo lucentino es de cascarón con estípites que enmarcan tres calles, la central presidida por el patriarca Señor San José.
 

En 1747 se sabe que construyó el retablo mayor del convento del Carmen de Antequera en colaboración con el escultor José de Medina, autor del Cristo de la Expiración de Jaén entre otras obras.
 
El cancel de San Miguel sería una obra relativamente temprana, posteriormente construiría el retablo del Cristo de la Columna cuya decoración en yeso quedó finalizada en 1733.
 

Otra obra muy próxima al maestro es el soberbio camarín del Cristo de los Llanos de Baños de la Encina, edificado en 1744.
 
Para poder finalizar el retablo se buscó la influencia del segundo marqués del Cerro de la Virgen de la Cabeza, D. José de Tavira Ossorio Zaldívar y Landauri, cuyo linaje logró como casa principal el castillo de Andújar. El hecho tuvo lugar en el  cabildo celebrado el día 19 de Mayo de 1731 cuando se le nombró protector de la cofradía: “...En este Cavildo se rrezivio por protector de esta Cofradía a Dn Joseph de Tavera Marques del Zerro de la Caveza, no obstante serlo de ella Dn Luis de Albarrazín quien a de ttener la primazia en ella como tal protector anttiguo desde la fundazon de esta Cofradía y despues el dho Marques en segundo lugar y Grado...” En este sentido hemos de recordar que los Albarracín eran además patronos de la capilla mayor del convento del Carmen (PALOMINO, 2003, 187) por lo que no es extraño que fuesen protectores igualmente de la cofradía desde su fundación, acaecida en el año 1718. El nombramiento como segundo protector de la cofradía del Marqués del Cerro de la Cabeza fue consecuencia de su buen hacer a la hora de recoger donativos para sufragar el retablo de la Santísima Virgen de los Dolores. La licencia para pedir limosna para la obra había tenido lugar en el cabildo celebrado por la cofradía el 26 de noviembre de 1730: “...Se Acordo se nombrasen Por comisarios para la asistencia a persevir las limosnas de los fieles y de la qe se diese por la Cofradía a los hos D. Po Rodríguez, Estevan Navarro Y Antonio de Robles Y para que le paguen Y salgan Con el Sr. Marques del Serro de la Cabeza a pedir para dha obra Con la obligación de dar quenta de lo qe percibieren...”
 
Hemos visto ya en esta primera entrega sobre la historia de la cofradía de la Virgen de los Dolores del Carmen la gran pujanza de esta corporación durante la primera mitad del siglo XVIII. En pocos años logró un patrimonio extraordinario, convirtiéndose en un referente del cenobio carmelita. Fueron protagonistas en este proceso sus gobernadores, impulsores junto con sus respectivas juntas de gobierno de su  nacimiento y que a mediados del siglo XVIII estuviese ya plenamente consolidada en nuestra Semana Santa.


BIBLIOGRAFÍA.

CARRERO RODRÍGUEZ, J. (2000): La Hermandad de Las Penas. Su Historia, Sevilla.

FRÍAS MARÍN, R. (1999): “El expediente matrimonial del retablista Antonio Primo”, Senda de los Huertos, nos 55-56, 179-182

PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén. 

PEREZ GARCÍA, L. P. (2000): Andújar y el largo siglo XIX, Jaén.

RAYA RAYA, Mª A. (1987): Retablo barroco cordobés, Córdoba.

RUBIO FERNÁNDEZ, J. (2002): Santa María la Mayor de Andújar. Datos para la historia de una parroquia, Andújar (Jaén).

TORRES LAGUNA, C. (1981):  Andújar a través de sus actas capitulares (1600-1850), Jaén.

 

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