Blog oficial de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz de Andújar y Muy Antigua, Pontificia, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna, Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista

miércoles, 5 de abril de 2017

TRIDUO PASCUAL

Juan Carlos Moreno Almenara
 

Se extiende desde la tarde del Jueves Santo hasta la tarde del Domingo de Pascua, es la culminación de todo el año litúrgico. Comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor, alcanza su punto más alto en la Vigilia de Pascua, y se cierra con la oración de la tarde del Domingo de Pascua.
 
El Triduo Pascual es el periodo de tiempo en el que la liturgia cristiana y católica conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y constituye el momento central de la Semana Santa y del Año Litúrgico. En la liturgia católica comprende desde la hora nona (15 horas) del Jueves Santo, que es cuando concluye el tiempo de cuaresma, hasta la madrugada del Domingo de Pascua, en que empieza el tiempo pascual.


JUEVES SANTO

Se rememora la Ultima Cena de Jesús con los Apóstoles, la Agonía y Oración en el huerto de los olivos, la traición de Judas y el prendimiento de Jesús. En este santo día el Señor instituyó los sacramentos de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal y nos dio a conocer un mandamiento nuevo, “el Mandamiento del Amor”. El Jueves Santo es el Día del Amor Fraterno.
 La liturgia gira toda en torno al recuerdo de la redención, se caracteriza por su gran solemnidad y su ambiente festivo pero sobrio pues no podemos olvidar que el día siguiente es el día de la Pasión del Señor.
 Antiguamente se caracterizaba por la función de tres misas: la primera, muy de mañana, en la que se reconciliaba a los fieles que hacían penitencia pública, la segunda, sobre el medio día, en la cual se consagraban los Santos Óleos y el Santo Crisma, de ahí que hoy día se la conozca por Misa Crismal  y la tercera, por la tarde, para conmemorar muy especialmente la institución de la Sagrada Eucaristía en la Última Cena, en la que se realiza el Lavatorio de los pies como señal de humildad, de servicio y entrega a los demás.
Finalmente ya de noche, rayando el día siguiente la Hora Santa en la que se adora el Santísimo Sacramento.

 La Misa Crismal  es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en la que se hace renovación de las promesas sacerdotales y del compromiso de fidelidad con el ministerio de Jesucristo, se celebra por lo común en la catedral de cada diócesis. En ella se consagran los Santos Oleos, que durante todo el año se utilizarán en los  sacramentos de la Unción de Enfermos o extremaunción, el “Oleo de los Enfermos” y en el sacramento del Bautismo el “Oleo de los Catecúmenos”, y el Santo Crisma que es usado en los sacramentos del Bautismo y Confirmación, también es usado en la ordenación de obispos y presbíteros, en la dedicación de los nuevos templos y en la consagración de los nuevos altares, la unción con el crisma representa la plena difusión de la gracia. Como su nombre indica es aceite de oliva que simboliza la fortaleza, al Crisma se le añade una pequeña cantidad de bálsamo, hecho de resinas aromáticas, cuyo perfume representa el suave olor de la vida cristiana. Con la celebración de esta misa se pone fin a la cuaresma para dar paso a la conmemoración propiamente dicha de la pasión, muerte y resurrección del Redentor.
A las tres de la tarde del Jueves Santo comienzan el Triduo Pascual, en la misa vespertina de ese día se conmemora la institución de los sacramentos de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal por Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena.

 
Este día en el templo, el Sagrario, situado en un lugar distinto a donde se encuentre habitualmente, generalmente en una capilla anexa o próxima al altar mayor, donde se erige el Monumento, debe presentarse con la puerta abierta y vacío en espera de la finalización de la eucaristía; el altar donde se celebrara la santa misa debe estar revestido con manteles y adornado con cirios encendidos, exento de todo adorno floral, éstas se reservan solo para el Monumento; no se permite encender velas ante las imágenes de la Virgen y de los Santos que se encuentren distribuidos en los otros altares; el coro canta ese día sin instrumentos musicales, se usa la carraca para la consagración en vez de las campanillas y se omiten los ritos finales de despedida.

La Santa Misa de la Cena del Señor se inicia con la entrada procesional de acólitos y oficiantes que irán revestidos con vestiduras   blancas, color litúrgico del día, acompañados de canticos enfocados a la celebración de la institución del sacramento de la Eucaristía. Durante la celebración se vuelve a cantar de nuevo el “Gloria” a la vez que se tocan las campanas, que no volverán a sonar hasta la Vigilia Pascual para anunciar la resurrección del Señor. Las lecturas de ese día versan, la primera del Antiguo Testamento sobre las prescripciones de la cena de la pascua judía contenidas en el libro del Éxodo, la segunda del Nuevo Testamento, la primera carta de San Pablo a los corintios “Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este vino…” y el salmo responsorial “El  cáliz que bendecimos es la comunión con la sangre de Cristo”. Entre la homilía y el ofertorio, en lugar del Credo, el lavatorio para recordar el gesto que Cristo hizo antes de la última cena con sus discípulos en el que instituyó el sacramento del Orden Sacerdotal “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate de muchos” (Mt. 20, 26-28), mientras se realiza este acto, símbolo del servicio de Jesús, se entona un cántico con el Mandamiento Nuevo del Amor, entregado por el Señor en esa noche santa, símbolo de su infinito amor por la humanidad.


Finalizado éste, la celebración continúa con la liturgia eucarística de la forma acostumbrada, una vez repartida la comunión, el Santísimo Sacramento se traslada en procesión desde el altar mayor al altar de la reserva o monumento, mientras se entona algún himno eucarístico como el “Pange Lingua”. El sacerdote deposita el copón cubierto con el canopeo dentro del sagrario de reserva y puesto de rodillas lo inciensa, se queda unos instantes orando en silencio, antes retirarse cierra el sagrario, hace una genuflexión y se retira a la sacristía en silencio acompañado por los acólitos y ministros, no se imparte la bendición. Pasados unos minutos se celebra un sencillo acto de demudación de los altares, en el que el sacerdote y ministros, revestidos únicamente con una estola morada, retiran candeleros y manteles de todos los altares de la iglesia.

 A partir de este momento y durante toda la noche y la mañana del día siguiente se mantiene la adoración del Santísimo Sacramento en el “Monumento”, celebrándose la llamada “Hora Santa” en torno a la media noche, abriéndose un tiempo de vigilia y oración con el que respondemos a las palabras de Jesús en el monte de los olivos “velad y orad para no caer en la tentación” (Mt. 26, 41). Ésta consiste en una oración breve, profunda, meditativa, de alabanza,  gesto que anuncia la Pascua que se acerca, en ella se rememora la Agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní, la traición de Judas y el prendimiento del Señor, sobre las que versarán las lecturas evangélicas. Consta de una monición de entrada seguida de un canto; hasta cuatro momentos con la misma estructura que constan, de una oración introductoria, una lectura del evangelio seguida de un profundo silencio,  salmo, silencio, y canto, seguido de otra oración que finaliza el momento, o una reflexión o una petición de acción de gracias; para terminar una oración de petición o preces, se recita el “Padre Nuestro” seguido de un canto, se hace una consideración final y se acaba con la bendición de los fieles asistentes.   
  
VIERNES SANTO

Llamado también de “parasceve” (preparación para la Pascua) es un día de duelo por la muerte del Hijo de Dios hecho hombre en la cruz, por eso ese día no se celebra la eucaristía y toda la liturgia gira en torno al Misterio de la Cruz y lo que ésta representa. Es un día de luto, pero también de esperanza, en espera de la resurrección anunciada por el Salvador. Es el día del recuerdo solemne de la Pasión, Jesús muere en la cruz para redención del género humano, desde entonces la Cruz de Cristo es el símbolo de la cristiandad, “para nosotros los cristianos, toda nuestra gloria está en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo”.

En muchos lugares por la mañana del Viernes Santo, al igual que al día siguiente, suelen hacerse retiros espirituales y los sacerdotes atienden a los fieles que quieren confesarse y cumplir con el sacramento de la penitencia o reconciliación.
 
Los Oficios de ese día giran en torno a la “Liturgia de la Pasión” su celebración debe hacerse después de la hora nona (tres de la tarde) pero lo más cerca posible al momento de la muerte del Redentor. Los celebrantes,  diáconos,  presbíteros u obispos visten ornamentos rojos en recuerdo de la sangre derramada por Jesucristo en la cruz, y estos últimos sin anillo pastoral ni báculo. El templo se presenta con las luces apagadas o a media luz, los altares desprovistos de manteles y adornos, y en un lateral del altar mayor se pone un pedestal donde colocar la Santa Cruz que será ofrecida a la veneración de los fieles.
 
Un solemne silencio reina durante toda la celebración litúrgica, al entrar, el sacerdote se postra ante el altar, boca abajo y con el rostro en el suelo, mientras todos los demás asistentes se arrodillan unos instantes, cuando el sacerdote se incorpora, se dirige a la sede, donde hace una oración introductoria a modo de oración colecta, para seguidamente iniciar la Liturgia de la Palabra con las lecturas del Antiguo Testamento, Salmo y Nuevo Testamento, finalizada la segunda lectura se inicia el relato de la “Pasión según San Juan”, en cuya lectura participan varias personas, correspondiendo el relato de Jesús al sacerdote, y los relatos del cronista y del Sanedrín a seglares, acabado éste, la homilía y para finalizar la Liturgia de la Palabra la “Oración Universal”, hecha con solemnidad, y en la que la iglesia pide por la salvación de todos los seres humanos. A continuación tiene lugar la veneración del “Árbol de la Cruz”, el sacerdote con la cruz velada por una tela oscura, acompañado de otras dos personas que portan cirios encendidos, se dirige a los pies del templo, desde donde en dirección al altar mayor, la irá destapando en tres etapas con la aclamación “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la Salvación del Mundo” a lo que los fieles responden a coro “Venid a adorarlo”.

 
Una vez totalmente descubierta la cruz, delante del altar y después de besarla el sacerdote, la da a besar a los fieles para su adoración, mientras se suelen cantar los “Improperios” o reproches de Jesús al pueblo “¡Pueblo mío!,¿Qué te hecho?, ¿En qué te he ofendido?, ¡Perdóname!”. Finalizada la adoración de la cruz, y en sustitución de la liturgia eucarística, ya que tanto el viernes como el sábado santos no hay consagración, pues son los únicos días del calendario litúrgico en que no hay misa debido a la muerte del Señor, se procede a revestir el altar con un mantel, se trasladan, a el mismo, las Sagradas Formas consagradas durante la Cena Pascual y reservadas en el Monumento, el presbítero celebrante invita a los fieles a rezar el Padre Nuestro como es habitual, seguidamente se reza el Cordero de Dios, aunque no se da la paz, finalizadas las oraciones se procede a distribuir la Comunión a los fieles. Durante este acto litúrgico se recoge una colecta destinada al sostenimiento de los Santos Lugares de Jerusalén, la celebración finaliza cuando, sin impartir la bendición, los celebrantes se marchan en silencio, llevando consigo las Sagradas  Formas que han quedado después de su distribución, a la sacristía, donde serán debidamente guardadas, quedando el Sagrario del Monumento abierto y vacío en señal de duelo, permaneciendo oculto el Señor hasta la Vigilia Pascual.
En algunos lugares, además de los oficios, aunque ya cerca de la media noche, tienen lugar otras ceremonias para conmemorar la muerte de Jesús,  tales como el Santo Vía Crucis, el ejercicio de las Siete Palabras que el Señor pronunció en la Cruz, o se realizan turnos de vela ante el Sepulcro, del mismo modo que la noche del Jueves Santo se hacen ante el Monumento.     
 
SÁBADO SANTO

Antes de la reforma del papa Pio XII se llamaba Sábado de Gloria, hoy queda como un día de espera, es un día de luto, se conmemoran tanto el Descenso de Cristo a los Infiernos como la Soledad de María después de depositar a su Hijo en el sepulcro, quedando la Santísima Virgen al cuidado del apóstol Juan. No hay ninguna celebración litúrgica durante el día, en recuerdo de la muerte de Jesús, a lo sumo el rezo de las horas por parte de algún clérigo con participación de fieles seglares, retiros espirituales y confesiones. El altar aparece desprovisto de paños y ornamentos, se nos muestra en toda su desnudez hasta la celebración de la Vigilia Pascual al filo de la medianoche para la celebración de la resurrección del Señor. La comunión solo puede darse como Viático, no se pueden celebrar matrimonios, ni administrar otros sacramentos a excepción de la penitencia y la unción de enfermos.
La Vigilia Pascual  conmemora la Resurrección de Jesús y tiene lugar en la madrugada del Sábado Santo al Domingo de Resurrección, el color litúrgico de la Pascua es el blanco en señal de alegría por la resurrección del Señor, para su celebración los sacerdotes y diáconos usan vestiduras de este color, aunque ese día, el más importante del año litúrgico, y debido a la gran solemnidad de la ceremonia, el celebrante suele vestir una casulla dorada.
Ésta comienza con el templo totalmente a oscuras. La Vigilia consta de cuatro partes: “la liturgia de la luz” con la que se comienza solemnemente la vigilia, en la que se prende el lucernario situado en el atrio del templo, se bendice el fuego nuevo con el que se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo Resucitado. A continuación, se inicia una procesión hasta el altar, en la que el sacerdote lleva el cirio en alto, por la nave central, y del que los fieles irán encendiendo sus propias velas, éste a lo largo del recorrido se detendrá tres veces para cantar, cada vez en un tono más alto, “Luz de Cristo” a lo que los fieles responderán “Demos Gracias a Dios”. Llegados al presbiterio, el Cirio Pascual se coloca, bien junto al altar o bien junto al ambón donde el sacerdote lo inciensa tres veces. Seguidamente se encienden algunas luces, quedando a media luz el templo, para a continuación el celebrante iniciar el canto del Pregón pascual que proclama la gloria de la Resurrección de Cristo. 
Después del pregón se continua con “la liturgia de la palabra” en la que se realizan siete lecturas del Antiguo Testamento, intercalados con salmos o cánticos interpretados por un cantor y oraciones entre la lectura y el salmo que reza el celebrante. Leídas éstas, el sacerdote inicia la entonación del “Gloria”, al que sigue el coro acompañado de música y todos los fieles, el cual estaba ausente de las celebraciones eucarísticas desde el inicio de la cuaresma, a excepción de la Misa de la Cena del Señor, junto con el repique general de las campanas del templo, el carrillón y las campanillas de mano. A continuación se encienden las restantes luces del templo y los acólitos encienden las velas del altar tomando fuego del Cirio Pascual. Finalizado el Gloria, el sacerdote reza la oración colecta y se procede a las lecturas del Nuevo Testamento que son dos, un fragmento de la Carta a los Romanos de San Pablo, seguido de la entonación solemne del salmo del Aleluya y el Evangelio correspondiente sobre la Resurrección del Señor y la homilía.
Tras ésta se inicia “la liturgia del agua o del bautismo”,  en la que se bendice el agua de la pila bautismal con un rito especial, se cantan las Letanías de los Santos, y los fieles renuevan las promesas del bautismo, tomando de nuevo la luz del cirio pascual, el sacerdote los asperja con agua bendita.
Se continúa con  la liturgia eucarística” propiamente dicha pero de un modo solemne, la comunión ese día se realiza bajo las dos especies, acompañada con cantos muy jubilosos. Termina la Vigilia Pascual con la bendición final, a la que se añade el doble aleluya, solemnizado por el canto del “Magníficat” en señal de alegría por la Resurrección del Señor.