jueves, 27 de octubre de 2016

ENTIERROS EN LAS COFRADÍAS DE ANDÚJAR. CUANDO LAS IGLESIAS ERAN CEMENTERIOS

Maudilio Moreno Almenara

“Aquí yace la Venerable Sierva del Señor la Hermana Ana de la Concepción, en el Campo hermoso de las Virtudes muy ejemplar Ángel de la pureza, Querubín de la ciencia y Serafín en el divino Amor, cambió esta vida por la inmortal y eterna el día 16 de octubre de 1734 de edad de 50 años”. Así reza una de tantas inscripciones existentes en nuestras antiguas capillas de conventos, parroquias y catedrales...

 
El epitafio es un auténtico homenaje a la finada y un reflejo de la mentalidad de la época. Es éste un aspecto muy distinto de nuestra visión actual de la muerte, mucho menos presente en la sociedad de lo que estaba entonces.
 
Los muertos compartían el espacio sacro de manera habitual con los vivos durante los siglos del Barroco. Hoy en día la mayor parte de estas tumbas están vacías, y sobre todo, casi nadie repara en ellas o lee sus epitafios. Para ir a visitar a nuestros ancestros, nos desplazamos a las afueras de la ciudad, donde sus restos reposan en los cementerios municipales, y existe un gran rechazo a todo aquello que anuncie la muerte.
 
Está claro que todo este concepto y su visión del fatal destino, no deja de ser algo propio de nuestra mentalidad. Si nos abstraemos de nuestros sentimientos más profundos, la biología nos demuestra que tan natural como la vida es la muerte, y por ello no dejan de ser inseparables. Pero no es menos cierto que esta separación de la muerte y la vida, en dos “ciudades” físicamente distintas, conlleva también una apreciación diferente del cese de la vida biológica, muy separada de la mentalidad barroca, que sólo quería  tener una ciudad, la misma, para vivos y muertos. En la iglesia parroquial de Santa María se conserva el único monumento funerario que aún nos queda de los siglos del Barroco, como fiel reflejo de este fenómeno.

 
No obstante, existen algunos indicios que permiten intuir la posibilidad de que existieran otros semejantes en la misma parroquia. A menudo los sepulcros se disponían en hornacinas embutidas en los muros, que se denominan arcosolios. Es probable que ésta sea la razón de este arco, aún conservado en Santa María, y que pudo corresponder a otro sepulcro que se desalojaría con motivo del cambio de orientación de la parroquia.

 
Hay ejemplos de sepulcros de este tipo a cientos, algunos muy significativos, por su aspecto formal en forma de “hornacinas” embutidas en un muro con arcos rebajados como el antaño tabicado de Santa María, hoy un reducto ilegible para la mayoría en plena vía pública, pero que no deja de ser una magnífica manifestación de la mentalidad de una época:

 
Existen otras piezas que demuestran la existencia de más enterramientos claros. Es el caso del que fue mutilado con motivo de la Guerra Civil de 1936 en San Bartolomé.
 
Sólo queda in situ la inscripción, aunque tanto la urna funeraria como la escultura, hoy decapitada, del personaje se conserva en dependencias parroquiales. Correspondió al enterramiento de nuestro hermano el obispo de Tuy y de León,  Francisco Terrones del Caño. En este caso el lugar donde se depositaron los restos mortales fue una mera urna o caja de piedra, puesto que sabemos fue el segundo lugar donde reposaron sus restos mortales. D. Francisco falleció en Mansilla, siendo enterrado en primera instancia en su convento de San Agustín. Posteriormente, ya sólo huesos, sus restos fueron trasladados a San Bartolomé de Andújar.

 
Está convivencia entre vivos y muertos mantenía la memoria viva a la vez que servía para perpetuar el recuerdo de un linaje. Y si bien la muerte lógicamente era temida como ahora, no lo es menos que este tránsito, como reza la lápida que hemos reproducido al comienzo de estas páginas “...cambió esta vida por la inmortal y eterna...” se llevaba de otro modo.
 
Hoy en día muchos de estos testimonios funerarios permanecen ya como meras piezas arqueológicas, como esta lápida sepulcral de la iglesia de San Lorenzo en Córdoba, dispuesta sobre la pared de la nave de la Epístola.

 
No debemos olvidar tampoco que en estos siglos se produjeron grandes epidemias de peste. La peste era el nombre genérico que se otorgaba a diferentes enfermedades infecto-contagiosas. La llamada peste negra o peste bubónica azotó en diferentes ocasiones nuestra ciudad y su trasmisión se producía principalmente a través de la picadura de las pulgas que portaban ratas, gatos y perros, y que a menudo se alojaba en la ropa de los enfermos. Se manifestaba con bubas (de ahí el nombre de bubónica) o hinchazones en zonas ganglionares. Recibió el nombre de peste negra, porque principalmente los dedos de las manos y pies, nariz, orejas... se tornaban de color negro, finalizando en necrosis. Aparte de estos síntomas muy apreciables a primera vista, se producían en los enfermos vómitos, dolor de cabeza y fiebres muy altas. Todo ello se producía con gran rapidez y debido a la falta de higiene de instalaciones, ropas, etc. se contagiaba con inusitada facilidad.
 
La peste de 1680 fue la más mortífera en Andújar. La psicosis debió hacer mella en nuestra ciudad. Hemos de imaginarnos escenas terribles no sólo en los hospitales o en los macabros entierros, a menudo en fosas comunes “saneadas” con cal viva, sino también en la vida diaria. La desconfianza generalizada, la suspensión de fiestas o eventos con aglomeraciones, el resquemor hacia los productos vendidos en mercados y a quienes los vendían... debieron ser constantes. Estas epidemias solían durar entre uno y dos años hasta que quedaban totalmente erradicadas. Se cerraban las puertas de la ciudad, se interrumpían la mayor parte de las transacciones comerciales foráneas, quedando la población en cuarentena. En nuestra cofradía se conserva una anotación al margen de un cabildo del año 1680, que abnegadamente dice: “...este día se publicó La Peste en Anduxar.....”, es decir, ese día 26 de mayo se reconoció públicamente que la ciudad estaba contagiada. El drama estaba servido.
 
Aún no sabían quienes se reunieron en este cabildo, que muchos de sus familiares y probablemente incluso algunos de los que asistieron, estarían muertos al año siguiente. Cualquier malestar estomacal transitorio, un simple moratón en un dedo que se provocase un carpintero, una infección de garganta o una tos en esas circunstancias sembraba el pánico y la desconfianza de vecinos y familiares.

 
Muy llamativo resulta que los dos traslados que la cofradía posee de la concordia firmada con los frailes de San Francisco sean del año 1681, en plena epidemia de peste. El documento original era de 1579, pero justo en este año se sacaron dos copias ante el escribano/notario Manuel de Morales. Uno de los aspectos principales del legajo, como veremos a continuación, se refiere a los entierros de los hermanos de la Vera Cruz en su capilla. Es probable que la psicosis alcanzara el convento franciscano y algunos frailes plantearan que no se enterrase en esas fechas a nadie en la capilla, por el temor al contagio. Se pensaba erróneamente que la peste se contagiaba por el aire, así que el  miedo estaba justificado. Estas epidemias suponían una debacle, la tasa de mortandad en los contagiados era altísima y la forma de morir, era simplemente horripilante, sin los cuidados paliativos y los analgésicos que hoy ayudan a los enfermos a no padecer unos dolores insoportables.
 
Ante estas adversidades y la necesidad de ampararse de documentación oficial que permitiese a la cofradía disponer del espacio que legalmente fue cedido hacía ya más de un siglo para su uso como lugar de entierro sin otras limitaciones, parece razonable pensar que la cofradía sacase dos copias del documento original, con el fin de prepararse ante un indeseado pleito. Éste no debió producirse, ni tampoco queda reflejo expreso del posible conflicto. Sí está demostrado por un cabildo del año 1680 presidido por el gobernador Manuel García Cañete, el deseo de los oficiales para cumplir con la obligación que tenía la cofradía de decir 12 misas a cada oficial y esposa en sus sepelios, así como acompañar con el Santo Cristo de los entierros y seis frailes del convento con sus respectivos cirios, “...con adbertencia que tienen entierro en las bóvedas de la dicha cofradía...”.

 
Fueron epidemias muy crueles, casi nadie quería enterrar a los muertos, así que a menudo se obligó a los presos de la cárcel a hacerlo. En 1649 la población de Sevilla se redujo a la mitad como consecuencia de una oleada de peste. En esta ocasión nuestra ciudad se libró de la epidemia, pero no corrió la misma suerte en los años 1659-1660, ni en 1680. El 13 de Agosto de 1681 el cabildo municipal acordó “...hacer unos funerales por los muertos en el pasado año de la epidemia de peste que azotó a la ciudad en razón de que casi todos fueron pobres de solemnidad...”. Estos terribles y recurrentes episodios durante el siglo XVII provocaron numerosos decesos, de hecho se calcula que entre los años 1680-1681 murieron en torno a 6000 personas, la mitad de los habitantes de Andújar. Son cifras realmente dramáticas que debieron afectar psicológicamente durante años a nuestra ciudad.
 
Este cuadro conservado en la iglesia de Santo Domingo de Antequera refleja cómo la peste alteraba la vida ciudadana, y dado que se consideraba un castigo divino por los pecados cometidos, eran constantes las misas, rogativas, procesiones extraordinarias, etc., para “aplacar la ira de Dios”.

 
No es de extrañar que en este terrible contexto D. Miguel de Mañara, poco después de ingresar en el Hospital de la Caridad de Sevilla en 1662, encargase a Valdés Leal este cuadro que refleja como ningún otro aquello de lo que estamos hablando, aunque forme parte de un programa iconográfico más complejo. Él mismo vivió con 22 años los estragos de la peste en su ciudad natal. El lienzo se titula “In Ictu Oculi”, que viene a traducirse como: “En un abrir y cerrar de ojos”. Se representa a la muerte, apagando con una de sus manos la vela que simboliza la vida, mientras con la otra sujeta la guadaña, con la que recoge su macabra “cosecha”. A sus pies, pisoteados: el Mundo, las espadas y ropas de caballeros, la tiara papal, el capelo o galero de un obispo, la cruz patriarcal y un sinfín de libros eruditos. La lección: la muerte llega a todos, intelectuales, papas, caballeros, arquitectos.... y en cualquier momento. En resumen, un cuadro elocuente de la mentalidad, brutalmente clara, de D. Miguel de Mañara: “la vanidad no es de Cristo, la humildad  y el servicio a los demás sí, porque a todos nos llega nuestra hora”. Sin embargo, y a pesar de haber encontrado hace tiempo remedio para la peste, no hemos encontrado antídoto para la vanidad, y a día de hoy, más de uno y una podría aplicarse la lección de este cuadro, que es eterno, porque vanidad y egoísmo parecen intrínsecos al ser humano. Un cuadro de aspecto repulsivo, pero quizás el mejor de la Historia, por su lección y la vigencia de su mensaje.....”no habéis aprendido nada 300 años después.... parece decirnos la Muerte”.

 
Aparecieron entonces epitafios “exageradamente” humildes como éste de Dª Inés Enriquez Valdés en la catedral de Córdoba. Existe un mundo en estas palabras rotundas que parecen describir la inexistencia de cualquier futuro.

 
Más frecuentes fueron otros con más esperanza, como éste de la familia Bernini, en Roma, donde está enterrado el célebre escultor y arquitecto Lorenzo Bernini, que traducido del latín dice: “De la noble familia Bernini, aquí espera la resurrección”.

 
Más rico incluso en información para entender el modo en el que el agonizante se enfrentaba a la muerte que los epitafios de tumbas, la mayoría de las veces muy escuetos, eran los testamentos. En ellos se aprecia tanto la mentalidad del inmediato finado como el afán por preparar cualquier detalle del velatorio o entierro. Para el primer caso tenemos el testamento de 1622 de D. Juan Palomino Álvarez, quien inició de este modo el documento: “Primeramente encomiendo mi ánima a Dios Nuestro Señor, que la hiço, crio y redimió por su preciosa sangre y Pasión. Y el cuerpo mando a la tierra de a donde fue formado, y quando de mi acaeciera finamyento, mando que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia parroquial de Señor Santiago...” (PALOMINO, 2003, 145). Para el segundo caso, es decir, la preparación con detalle del velatorio, valga como ejemplo el testamento de Dª María Flora Orozco del año 1803, en el que mandó “...que enseguida de mi fallecimiento se coloque mi cadáver en el despacho de mis casas, donde quedarán todos los santos que en él tengo para su adorno y hasta que sea sepultado se pongan cinco achas de zera encendidas en memoria de las cinco llagas de Señor San Francisco...” (IBID., 2003, 187). También como hemos dicho se describía con minuciosidad en estos documentos el modo en que se debía hacer el acto del entierro, es el caso de las últimas voluntades de Dª María de Albarracín y Quero, viuda de D. Miguel de Piédrola Jurado, en 1816: “Mando, que asista al referido mi entierro, la Sta. Cruz de la parroquia de San Bartolomé, donde al presente soy feligresa, y 12 clérigos sirvientes de ella. La Universidad Eclesiástica de priores y beneficiados, con doble de campana. Las tres comunidades de la Sta. Trinidad, la Victoria y S. Francisco de Asís...”
 
“Quiero, se conviden para que asistan a mi entierro 12 pobres con hachas encendidas acompañen a la Sta. Cruz, dándole a cada uno 4 reales, y todo lo demás concerniente a la procesión lo dejo a la voluntad de mis herederos y albaceas...”

 
No decía ninguna incoherencia la testadora cuando hablaba expresamente de “procesión”, pues no cabe duda que si no lo era exactamente, se parecía mucho. Todo el acompañamiento descrito habría de hacerse en torno a esta cruz, la de la parroquia de San Bartolomé, de la que era feligresa. En numerosas ocasiones se elegía también la mortaja del cadáver. Es el caso de Francisco Palomares en 1806, quien dejó indicado que “...sea amortajado con hábito de Señor San Francisco de Asis y sepultado en la iglesia del convento y religiosos de Nuestra Señora del Carmen...” (IBID., 2003, 187-188). Lo más frecuente, sin embargo, fueron las mandas de misas, es decir, el encargo de un número de responsos, que dependiendo de las intenciones y capacidad económica del inmediato finado podían ser muy numerosos o el mínimo que su capacidad económica le permitiese. A menudo, aquellos que gozaban de un mayor poder económico, solían convertir el despido de la sociedad de los vivos en un reflejo de su “influencia y poder” en este Mundo... un entierro ostentoso era propio de los nobles y si no era multitudinario podría parecer que el finado no había sido “nadie” en vida.
 
Las cofradías fueron también en este momento un reflejo de este fenómeno.  Solían tener espacio en sus capillas para dar sepultura a sus hermanos, bien en el suelo, bien sobre las bóvedas que servían de techo. Este interés, en el caso de la Vera Cruz, queda claro en la concordia con la comunidad de frailes del convento de San Francisco del año 1579, por la cual se pactaron las condiciones para la construcción de la nueva capilla de la cofradía. Extractamos la parte correspondiente a las sepulturas:

 
“...Yten Con Condicion que dentro de la dha Capilla, que assi la Cofradia hiciere todas las sepulturas que cupieren en la dcha Capilla desde el altar hasta la Calle, sea dela dcha Cofradia para que la dicha Cofradia pueda enterrar en las dhas sepulturas todos los Cofrades de la dcha Cofradia que se quisieren enterrar, con que la dcha Cofradia pueda tener señaladas seis u ocho sepulturas dentro del dcho Cuerpo para poder enterrar los pobres que a la dcha Cofradia le pareciere aunque no sean hermanos, y en las demas sepulturas no se pueda enterrar si no fuese Cofrade de la dcha Cofradia, y si la dcha Cofradia quisiere darle algunas sepulturas a hermanos de la dcha Cofradia para que las tengan por propias suyas, para ellos y para sus descendientes; la dcha Cofradia se la pueda señalar y hacerle Escriptura dello...”
 
Queda así claro que era éste uno de los aspectos más relevantes y mejor descritos de la concordia y que igualmente se permitía enterrar a pobres que no tuviesen otro lugar para que descasen sus restos mortales. También quedó reflejado en la concordia la posibilidad de que la cofradía cediese en propiedad alguna sepultura a sus hermanos, cuestión que no sabemos si en algún momento se hizo. Sí que debió ser una práctica habitual, tal y como pone de manifiesto esta inscripción de una tumba de la iglesia del Salvador de Sevilla, donde se señala que el “cañón” (llamando así el panteón porque era habitual que estas tumbas tuviesen en su interior una pequeña bóveda de cañón) pertenecía al mayordomo de la Cofradía Sacramental, hoy agregada a la del Señor de Pasión, D. Carlos Vergel de la Barrera, aunque tenían derecho a enterramiento en ella también su mujer, hijos y sucesores.

 
Para que los hermanos de la cofradía pudieran ser enterrados en lugar sacro, ésta debía disponer de capilla propia, de ahí el interés que nuestra corporación tuvo por mantener y acrecentar su capilla entre los siglos XVI al XIX.
 
Aparte de otras cuestiones de exorno, era fundamental también habilitar mucho espacio de enterramiento, pues con el tiempo las tumbas que permitieron los frailes hiciese la cofradía en el suelo estaba llenas. Comenzaron entonces a depositarse cadáveres en las bóvedas. Es lo que durante los años del Barroco se denominaron enterramientos en bóveda.
 
En el inventario de la Vera Cruz del año 1685 se mencionan “...dos Cordeles para los difuntos entrarlos en las Bobedas...”. Es decir, para subir con una polea los muertos al espacio bajo el tejado de la capilla. El “espectáculo” debió ser ciertamente desagradable, pues hemos de suponer que con estas cuerdas se subían a los cadáveres amortajados o envueltos en sábanas, no en cajas.
 
En el caso de la cofradía de Jesús Nazareno, sabemos tenía dos grandes bóvedas para enterramientos: una para los que habían sido oficiales de la corporación y otra para los demás hermanos (TORRES, 1956, 126). La cofradía de la Humildad de las mínimas, también contó con bóveda de enterramiento (PALOMINO, 2003, 197-198) y la Soledad en el suelo de su capilla del convento de mínimos (IBID, 2003, 231).
 
Es bastante probable que el hallazgo de los restos humanos, producido hace años en Santiago, respondan a este fenómeno, que no era privativo de las cofradías sino que también se solía hacer con los familiares de los patronos de las distintas capillas. En este caso sabemos que la capilla mayor fue patronato del linaje Cárdenas, aunque el modo en el que se retiraron los restos óseos humanos y su posterior desaparición, impide a día de hoy saber si compartían ADN, y por tanto era el osario de esta familia.

 
En el caso de las cofradías estos trabajos eran realizados por hermanos elegidos al efecto. No lo sabemos a ciencia cierta en la cofradía de la Vera Cruz, pero sí en la de los Dolores del Carmen, por lo que deducimos que fue habitual en todas las corporaciones de Semana Santa de nuestra ciudad. En el libro de cabildos de la hermandad carmelita del año 1721 se eligieron cargos, entre ellos: “...Y por enterradores a los hermanos Luis Jideon Y Juan zebrian a quienes el dho hermano maior Y fiscales se lo azen saver...”.
 
Esta convivencia entre vivos y muertos a veces no fue del todo “pacífica”, sabemos que entre 1703 y 1705 la Vera Cruz empleó una cantidad de dinero “...en cal y travaxo de rebocar y tomar las juntas de las laudas (enterramientos) de las bóvedas de dicha cofradía porque salia mal olor...”  (PALOMINO, 2003, 247), lo que seguro se hizo por protestas de los fieles. Unos años antes, entre 1695 y 1697, se emplearon un total de 160 reales en “...limpiar las bóbedas de la capilla por estar llenas de huesos y madera...” (IBID., 2003, 146).
 
Por otra parte, los asuntos relativos a entierros en nuestra cofradía no sólo afectaban a los sepelios propiamente dichos, a menudo aparece la venta de alguna túnica de la cofradía para mortaja. Es el caso de la escuadra del Cristo de la Columna, en cuyo cabildo del año 1717 se menciona: “...Yten siete Reales Y diez y seis mrs. Los mismos en que de consentimiento de la esquadra se vendio para mortaja una tunica bieja...”.

 
Igualmente en las reglas de la escuadra se indica que era obligatoria la asistencia de los hermanos a los entierros de los cofrades. Se especificaba en el capítulo cinco, que se sancionaría con un real de multa a quien faltase sin causa justificada. Esta obligatoriedad quedaba explicada en el texto de un modo muy bonito: “...porque a de ser preçisa ... dicha asistençia a dichos entierros, que pues emos sido hermanos y compañeros en esta vida, lo seamos en la ora de la muerte...”. En la regla 13ª del Santísimo Cristo de la Columna se establece “ ...Yten que cada acaezca morir alguno de los oficiales de dha esquadra, sus mujeres y ijos los dhos oficiales los an de llebar en hombros...” Vemos pues que el momento de la muerte contaba con un auténtico protocolo establecido en las reglas de forma totalmente habitual.

 
A menudo las cofradías también obtenían beneficios importantes a través de la asistencia a entierros de personas relevantes, que aunque no fuesen hermanos de la corporación, reflejaron en sus mandas testamentarias la voluntad de que la representación de una determinada cofradía acudiese a su entierro. Habitualmente eran varios los hermanos asistentes, con varas, estandarte corporativo y a menudo la denominada Cruz de los Entierros, una insignia específica  para este tipo de actos de despedida.
 
En el archivo de la cofradía de la Santa Vera Cruz existen numerosas anotaciones de este tipo. Digamos que el “servicio” estaba tasado o calculado por los testadores, pues era normal que se aportasen 100 reales por este concepto. Dejamos aquí tres registros del libro de cuentas del siglo XVIII de nuestra cofradía en el que se asisten a entierros de personas tan relevantes como D. Antonio de Cárdenas Miranda, hermano del conde de la Quintería, D. Juan de Lemus, Dª Luisa Ponce, el marqués del Contadero, posteriormente la marquesa del Contadero, el marqués del Puente de la Virgen y el marqués del Cerro de la Virgen:

 
No se agota el tema aquí. Es la mentalidad de la época la que se puede rastrear a través de estos documentos. Íntimamente relacionado con ello era la falta de asistencia médica generalizada, algo inimaginable a día de hoy. La consecuencia es que la enfermedad era muy temida, la medicina estaba “en pañales”, la viudedad en familias trabajadoras suponía prácticamente la muerte por inanición.
 
Un panorama sombrío que hoy, con nuestro “Estado del bienestar” y las diferentes ayudas a los más desfavorecidos ha podido paliarse en parte. Muy lejos quedan ya aquellos momentos en que las iglesias eran cementerios y cuando la muerte convivía con naturalidad en el mundo de los vivos, asumiendo el pecado original que nos relegó a padecer como seres mortales.
 

BIBLIOGRAFÍA.

PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.

SANTONJA, J. L. (1998-99): “La construcción de cementerios extramuros: un aspecto de la lucha contra la mortalidad en el Antiguo Régimen” Revista de Historia Moderna nº 17, pags. 33-44.

TORRES LAGUNA, C. (1956): Andújar Cristiana, Andújar (Jaén).

miércoles, 19 de octubre de 2016

PERSONAJES ILUSTRES EN LA COFRADÍA DE LA SANTA VERA CRUZ DE ANDÚJAR. LOS CRIADO Y CASTILLA

Maudilio Moreno Almenara

 
Son tantos los personajes ilustres que han pertenecido a la cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar, que nos vemos obligados a presentar diferentes entregas monográficas. Ya lo hicimos con los Terrones del Caño, descollando como primera figura de este linaje el Obispo D. Francisco Terrones del Caño, confesor del rey Felipe II, y cuyo padre, D. Lorenzo Terrones fue gobernador de la cofradía en varias ocasiones durante la segunda mitad del siglo XVI, en concreto en 1564 y en 1579.
 
Lo primero que hemos de señalar es que la documentación disponible es muy parcial, es decir, no contamos con los libros completos donde se anotaron a los hermanos desde la fundación de la cofradía, que sin lugar a dudas nos habría proporcionado un estudio más completo y distinto del que hacemos. En su lugar, tan sólo tenemos unas diez páginas con una lista que debe abarcar una parte de los hermanos de la cofradía entre los siglos XVI y XVII, por lo que de momento de esta lista venimos extrayendo aquellos nombres de los que existe alguna otra información que nos ayude a entender, siquiera someramente su linaje.
 
 
En esta ocasión haremos un pequeño estudio sobre la familia Criado y Castilla, del mismo modo que antes lo hicimos sobre los Terrones y Caño. Partimos, como decíamos, de datos existentes en el variado archivo de la cofradía de la Santa Vera Cruz y de otros dispersos, que nos muestran en ocasiones la relevancia que adquirieron ellos o sus descendientes directos, a menudo fuera de Andújar.
 
Algunos llegaron a ocupar cargos de prestigio en numerosas instituciones castellanas o incluso en América, lugar que ofrecía enormes posibilidades tanto para el desarrollo profesional como para hacer fortuna, es el caso de los Criado y Castilla como veremos a continuación.
 
 
No cabe duda que para la enorme valía de muchos, Andújar se les quedaba pequeña. A fines del siglo XVI la población de nuestra ciudad alcanzaba escasamente unos 10.000 habitantes. No había nobleza medieval propiamente dicha, es decir, nuestra ciudad no era el centro de un condado, marquesado, ni ducado. Era realenga (propiedad del rey) y por ello los distintos títulos que finalmente surgieron a partir de la segunda mitad del siglo XVII (conde de la Quintería, de Gracia Real, de Agramonte, marqués del Puente de la Virgen, de la Merced, del Cerro de la Virgen....) fueron concesiones que se enmarcan en los programas para paliar las maltratadas arcas reales de Carlos II (1675-1700) y Felipe V (1700-1746) principalmente.
 
Es imposible, por tanto, que uno de estos títulos existiese en el seno de las cofradías andujareñas en el siglo XVI o la primera mitad del XVII (momento que nos ocupa), puesto que aún no se habían creado. Los datos conocidos para la cofradía de Jesús Nazareno, que recibió el sobrenombre de “Señor de los señores” por contar entre su nómina de hermanos a los marqueses del Contadero, del Cerro, de la Merced, de Santa Amalia, de Torre Mayor, del Puente de la Virgen y de Vilanos y los condes de la Quintería, de Agramonte, de Gracia Real, de la Lisea... (TORRES, 1956, 258), son del siglo XVIII, al igual que los del Cristo de la Columna de Santiago, con el marqués de la Merced en 1777, marqués de Vilanos en 1781 y el marqués del Contadero en 1807 (IBID., 1956, 283).
 
Las familias ilustres de fines de la Edad Media lo eran por fortuna económica, en algunos casos al haber acompañado a los reyes en la conquista de territorios a los musulmanes, caso por ejemplo de los Cárdenas y en la gran mayoría de las ocasiones por haber logrado prósperos negocios que finalmente permitieron a algunos de sus descendientes estudiar en universidades de prestigio para ocupar cargos administrativos de relevancia. Los Criado y Castilla forman parte de este segundo grupo, fueron, junto a otros, la “nobleza” de Andújar de buena parte de la Modernidad, y lo hicieron especialmente por sus valías personales, no por cuna. Su legado fue muy importante, valga como ejemplo la joya pictórica de nuestra ciudad, el impresionante cuadro del Greco la Oración en el Huerto, donado por D. Antonio Sirvente de Cárdenas, presidente de la Chancillería de Granada a la iglesia parroquial de Santa María la Mayor a comienzos del siglo XVII.
 
 
Debido a que D. Antonio Sirvente de Cárdenas murió en 1606, fue su sobrino (hijo de su hermano Juan y de su cuñada Dª Mayor Jurado) también llamado Antonio Sirvente, y hermano de la Santa Vera Cruz, quien encargó el retablo mayor de la iglesia de Santa María a Sebastián de Solís, donde quedó instalado el famosísimo cuadro hasta la Guerra civil. Lo hizo, como heredero del patronazgo de la Capilla Mayor de Santa María (DOMÍNGUEZ, 1994, 389).
 
 
No fue el único hermano de la cofradía que fue patrono de una capilla mayor de Andújar. Así, D. Alonso Serrano de Piédrola lo fue de la Capilla Mayor del Convento trinitario de San Eufrasio, uno de los principales de Andújar, que existió en la actual Corredera de Capuchinos, aunque fue derribado hacia el año 1850, debido a la desamortización y tras los graves daños producidos con motivo de la Guerra de la Independencia. Fue además Alcalde en propiedad del Castillo en 1603, pagando por ello 13.000 ducados en un solo plazo (JIMÉNEZ, 2004, 31).
 
 
 
En otros casos fueron hermanos de nuestra cofradía herederos de los fundadores de capillas mayores, como D. Alonso de Valenzuela, hijo de D. Rodrigo de Valenzuela, regidor del Ayuntamiento y patrono de la Capilla Mayor del Convento Mínimas de Jesús María. Alonso de Valenzuela era nieto de D. Luis de Valenzuela,  fundador de la capilla mayor del primer convento de franciscanas mínimas de España, la cual “sacó de cimientos” (PALOMINO, 2003, 194).
 
 
 
Hemos comprobado ya que los patronos de algunas de las principales iglesias de Andújar, o bien sus descendientes o ascendientes fueron hermanos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, figurando en sus listas de hermanos.
 
En este caso concreto nos centraremos en la figura de D. Andrés Criado, hermano de la cofradía y padre de D. Alonso Criado de Castilla, quien aparece junto con sus descendientes en la ejecutoria de hidalguía mencionada a principios de este artículo, y que como recordaremos fue adquirida por el Instituto de Estudios Giennenses. Su patrimonio era importante pues disponía en aquellos años de una inversión en baldíos en la Sierra de Andújar de 93.750 maravedíes (ARAQUE y SÁNCHEZ, 2006, 180).
 
 
No sólo perteneció a la cofradía D. Andrés, sino también algunos miembros de su familia política. Andrés Criado estaba casado con Marina de Castilla y vivían en la feligresía de San Bartolomé. En las listas de hermanos de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII aparecen: Alonso de Castilla, hijo de Bartolomé de Castilla, así como Alonso de Castilla y Antón de Castilla, hijos de Alonso de Castilla.
 


 
Probablemente tanto D. Bartolomé como D. Alonso fueran hermanos de Marina de Castilla y por tanto, los tres hijos de ambos, mencionados en las listas, eran sobrinos de D. Andrés.
 
Para ayudarnos a entender la proyección de esta familia y su origen, contamos con el inestimable apoyo de la publicación de una ejecutoria de hidalguía, adquirida en el año 2002 en Granada por el Instituto de Estudios Giennenses al anticuario Ignacio Martín Villena (MORALES, 2007, 401). El libro es de un gran valor, tanto por su contenido como por la calidad de su encuadernación y dibujos.
 
 
Una ejecutoria de hidalguía es un título o diploma en que consta legalmente la nobleza de una persona o familia, entendida ésta desde los parámetros propios de la Edad Moderna. El libro contiene el proceso iniciado en 1587 y concluido en 1591 ante la Real Chancillería de Granada, por D. Alonso Criado de Castilla, natural de Andújar.
 
La cuestión no pasaría de un enorme regocijo porque esta valiosa pieza haya pasado a una institución pública sino fuese también, porque a partir de su publicación cabe conocer a estos ilustres personajes que lograron el estatus de hidalgos y su proyección fuera de Andújar a través del prestigio adquirido por los protagonistas de este libro.
 
Todo parece indicar que el linaje Criado procedía de la actual Higuera de Arjona, entonces Higuera de Andújar. De allí eran los ancestros de Juan Francisco Criado Ramírez y de Alonso Criado de Castilla, primos hermanos: el primero padre del beato Marcos Criado (TORRES, 1956, 170) y el segundo, personaje de gran importancia en América y que nos ocupa en este artículo. Juan Francisco Criado era hijo a su vez de Lorente Criado, mientras que Alonso Criado de Castilla lo fue de Andrés Criado, hermano de la cofradía de la Santa Vera Cruz, casado con María de Castilla, y cuya casa estuvo en la collación de San Bartolomé. Los abuelos de ambos fueron Alonso Criado y Elvira Rodríguez, vecinos de Andújar, que habitaron las casas en la collación de San Lázaro de su padre, de nombre también Alonso, casado con María Verdejo, ambos naturales y vecinos de la Higuera (MORALES, 2007, 403).
 
 
Vemos así cómo D. Andrés Criado, hermano de nuestra cofradía, fue tío abuelo del Beato Marcos Criado, denominado mártir de las Alpujarras. En el convento de los Trinitarios de San Eufrasio, en la Corredera de San Lázaro (hoy de Capuchinos), en el barrio que habitasen sus bisabuelos (Alonso y Elvira) se dispuso una imagen del beato, a cuyos pies se leía:
 
“El Ilustre mártir y venerado padre, Fray Marcos Criado Notario, natural de la Andújar e hijo de su religiosísimo Convento de la Santísima Trinidad: predicando en La Peza a los Moriscos Mahometanos, rebelados contra el Rey (Felipe II), fue ahorcado de un árbol, con tal disposición, que estuvo sin morir tres días, cantando salmos, siendo apedreado y sacándole el corazón, en el cual estaba grabado el nombre de IESUS....” (TORRES, 1956, 174-175). Así se le representa habitualmente, con su corazón en la mano y grabado en él, el Santo Nombre de Jesús...
 
 
Curiosamente en el correo destinado al Ayuntamiento del domingo 20 de Abril del año 1755 se recibió un sobre en cuyo interior solamente figuraba una estampa del beato andujareño (IBID., 1981, 320) como ésta que reproducimos. Se acordó conservarla en el archivo, a pesar de desconocer porqué se remitió. Unos meses más tarde, el día 1 de Noviembre de ese mismo año se produjo el famoso terremoto de Lisboa que provocó importantes daños en la ciudad, aunque no constan muertes en Andújar por el suceso... Algunos tomaron el hecho como un milagro del beato Marcos Criado. Fue con este terremoto cuando se produjo el desplome de la parte central de la fachada del Ayuntamiento, realizándose a continuación el cuerpo central (CÓRCOLES, 87, 112). Anteriormente eran todo arcos de un extremo a otro.
 
 
Ya en el siglo XVI los Criado enlazaron su familia (en varias ramas) con los Párraga, Cárdenas, Salcedo y Piédrola, grandes linajes de Andújar en aquellos momentos. Encontramos así el testamento de Ana Criado y Salcedo en el año 1593, o diez años más tarde el de su hermano Lorenzo. En 1607 a Pedro Cárdenas Criado y su hermana Catalina vendiendo bienes; en 1581 a Juan Criado de Párraga, con inversiones en la Sierra de Andújar por valor de 160.000 maravedíes (ARAQUE Y SÁNCHEZ, 2006, 179). En el siglo XVII también enlazaron su familia con los Palomino, en la persona de Francisco Criado Palomino, clérigo en el año 1633, o con los Piédrola, en Juan Criado Piédrola, escribano público de Andújar (PALOMINO, 2003, 216) que el día 11 de Abril de 1605 firmó la concordia de la cofradía de los Nazarenos con el convento de la Trinidad o de San Eufrasio (TORRES, 1956, 255) por la cual se le cedían varias capillas del convento de trinitarios para instalar sus imágenes, una vez producido el traslado desde el de carmelitas.
 
 
Vemos pues que fue una familia con intención clara de emparentar, desde su llegada a la ciudad, con algunas de las grandes familias de nuestra ciudad, amparadas por su holgada situación económica.
 
En cuanto a los Castilla, en la concordia franciscana del año 1579 aparece Pedro de Castilla como oficial de la cofradía. Las copias de la escritura original las sacó en el año 1681 el escribano público D. Manuel de Morales y Criado. También figura como fundador de la escuadra de Jesús de la Columna Eufrasio de Castilla, como el más antiguo de dicha hermandad, en concreto desde el año 1662. En 1684 aparece en la Junta de Gobierno de la Vera Cruz D. Francisco de Castilla,
 
Entre 1801 y 1803 fue gobernador de la cofradía D. Ignacio de Ximena y Criado. Entre 1823 y 1824 gobernador Andrés de Castilla. También encontramos entre los frailes trinitarios del año 1669 en Andújar a Fray Juan de Castilla (PALOMINO, 2003, 222). 
 
No hay aún ningún estudio específico sobre este linaje andujareño. No obstante y a partir de los datos contenidos en la ejecutoria de hidalguía, más otros que hemos localizado en diferentes publicaciones hemos reconstruido parte de su árbol genealógico, teniendo como principal referencia la rama de los Criado de Castilla. Aunque dos de los hijos de Andrés Criado y de María de Castilla, Alonso y Manuel, pasaron a Indias y sus hijos desarrollaron ramas en otras ciudades castellanas, no volviendo a la ciudad, pensamos que hubo un tercer hermano menor, llamado Juan, que sí tuvo descendencia en Andújar. Debió derivar en Ana Criado y Caño, fallecida en el año 1745, mujer del regidor Manuel Cañete Marmolejo, e hija de Francisco Criado y Caño y Juana Criado de Castilla (IBID., 2003, 247).
 
 
Una de estas ramas andujareñas debió construir en el siglo XVIII el palacio llamado de los Coello de Portugal, en la calle Maestra, que ostenta el escudo de los Criado en la fachada de la calle de D. Gome.
 
 
No obstante la presencia de este palacio en la collación de San Miguel, buena parte de la familia debió vivir en el barrio de San Bartolomé, así, sabemos el caso del licenciado Juan de Esquina, esposo de Ana Cárdenas Criado, en cuyo testamento dejó escrita su voluntad de enterrarse en la sepultura de sus padres en la nave mayor de San Bartolomé (no en la capilla mayor que era privilegio de los Terrones del Caño) (PALOMINO, 2003, 148). El lugar elegido dentro de la iglesia no era otro que el existente bajo esta magnífica bóveda:
 
 
Ambos cónyuges crearon un vínculo patrimonial del que sería heredero el Conde de Gomara, de cuyos índices de archivo hemos obtenido algunos de los datos que aquí hemos expuesto.
 
Una vez esbozada la importancia de este linaje en Andújar, nos centraremos en concreto en una de las ramas no desglosada hasta el momento, en concreto en la figura de D. Andrés Criado, hermano de la cofradía y padre de D. Alonso Criado de Castilla, quien aparece junto con sus descendientes en la ejecutoria de hidalguía mencionada a principios de este artículo, y que como recordaremos fue adquirida por el Instituto de Estudios Giennenses.
 
No sólo perteneció a la cofradía D. Andrés, sino también algunos miembros de su familia política. Andrés Criado estaba casado con Marina de Castilla y vivían en la feligresía de San Bartolomé. En las listas de hermanos de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII aparecen también: Alonso de Castilla, hijo de Bartolomé de Castilla, así como Alonso de Castilla y Antón de Castilla, hijos de Alonso de Castilla. Probablemente tanto Bartolomé como Alonso fueran hermanos de Marina de Castilla y por tanto, los tres hijos de ambos, mencionados en las listas, fuesen sobrinos de D. Andrés.
 
Pero el más sobresaliente de la familia Criado y Castilla fue el hijo mayor de Andrés, llamado Alonso, que debió pasar su niñez en Andújar, siendo bautizado posiblemente en la iglesia de San Bartolomé.
 
Debió doctorarse en Derecho fuera de Andújar, quizás en Granada, como era habitual en aquellos momentos. En 1575 emigró a América, pasando buena parte de su existencia allí. En la ejecutoria de hidalguía del Instituto de Estudios Giennenses aparece un retrato de este ilustre andujareño:
 
 
Al año siguiente se casó con la hija del ya fallecido presidente de la Audiencia de Panamá, Dª Casilda de Vera, (MORALES, 2007, 403), natural de Mucientes (Valladolid). Tras su estancia en Panamá viajó a Lima (Perú) para ocupar el cargo de oidor (similar a un juez) de su Audiencia. Debió ser en esos momentos cuando recibió a su hermano Manuel Criado en Lima, ya que sabemos que este último embarcó para ir a Perú el 8 de Marzo de 1582.  En 1590 D. Alonso se trasladó a Guatemala donde presidió la Real Audiencia, Gobernador y Capitán General hasta 1611, año de su fallecimiento.
 
 
Allí llegó a ser Consejero supernumerario del Real y Supremo Consejo de Indias, escribiendo un afamado libro: “Sumaria Descripción del Reino de Tierra Firme, del año 1575. Por su formación como abogado y su condición de oidor durante muchos años, además de otros cargos, logró hacer una notable fortuna en aquellas tierras.
 
Sabemos que estando en Guatemala solicitó la tenencia del Castillo de Andújar, según consta en expediente de la Real Biblioteca de Madrid. No obstante la petición, el título lo logró finalmente D. Alonso Serrano Piédrola en 1603, pagando por ello 13.000 ducados en un solo plazo (JIMÉNEZ, 2004, 31).
 
Fue hijo único de su matrimonio con Dª Casilda, Andrés Criado de Castilla, de igual nombre que su abuelo y nacido en Andújar. Fue Capitán General de la provincia de Guatemala en la vejez de su padre. Tras la muerte de su progenitor volvió a España, pasando unos años en Madrid. Alcanzó la dignidad de caballero de la Orden de Santiago en 1617, y ostentó, entre otros cargos, el de corregidor en Jerez de los Caballeros y Valladolid y finalmente gobernador de Ocaña (Toledo), donde falleció (MORALES, 2007, 403). En el mismo documento de hidalguía figura también el retrato de D. Andrés.
 
 
Se casó con Dª Luisa de Aguilera, natural de Madrid, y tuvo al menos dos hijos, llamados Juan y Alonso, que aunque eran también caballeros de la Orden de Santiago, renunciaron a sus privilegios para hacerse frailes y fundar el Convento de San Alberto de Carmelitas Descalzos de Ocaña (Toledo).
 
 
Hemos visto a lo largo de estas líneas las posibilidades de conocimiento de la genealogía de nuestros antiguos hermanos o sus descendientes a partir del hallazgo de un documento clave, como es la ejecutoria de hidalguía del Instituto de Estudios Giennenses. Nos acerca a la figura de D. Alonso Criado de Castilla, andujareño de nacimiento y persona de gran relevancia en la Centroamérica de la transición entre los siglos XVI y XVII, cuya firma es bien conocida por la correspondencia oficial que de él se conserva. En ella lo hace, indicando expresamente “...su yndigno servidor..."
 
 
No cabe duda que desde su fundación y hasta mediados del siglo XVII muchas de las grandes personalidades de Andújar pertenecieron a nuestra cofradía como vamos conociendo. Sin embargo, en el siglo XVIII buena parte de los grandes linajes, ya nueva nobleza de título, se trasladaron a otras cofradías penitenciales como la de Jesús Nazareno, al amparo del convento trinitario de San Eufrasio, que aunque no mayor que el franciscano, sí que gozó de un más público prestigio por albergar la reliquia de nuestro patrón. Fue aquella que precisamente el obispo D. Francisco Terrones trajo a nuestra ciudad, cuyo progenitor Lorenzo Terrones fue hermano de nuestra cofradía, al igual que el padre de D. Alonso Criado de Castilla, Andrés Criado. Ya hemos comentado que el sobrino de Andrés, fue el beato, mártir trinitario de las Alpujarras Marcos Criado. Unas coincidencias históricas entre cofradía de la Vera Cruz y convento de trinitarios de Andújar, que llevaron incluso, avatares del destino, a que nuestra actual imagen de Jesús Nazareno tuviera como primera sede inesperada en Andújar el edificio que sustituyó al convento de la Trinidad, en la Corredera de Capuchinos.
 
 
Ciertamente unas coincidencias llamativas, como también que el primer patrono de la capilla mayor del convento de San Eufrasio, como ya hemos mencionado, fuese D. Alonso Serrano de Piédrola, hermano de nuestra cofradía.
 
Poco a poco vamos conociendo más aspectos de las vidas de estos personajes ilustres que pertenecieron a nuestra cofradía. Son detalles para conocer mejor la causa del título de ilustre del que goza nuestra cofradía, precisamente porque a ella han pertenecido numerosas personas que lo fueron en sus vidas personales y que engrandecieron a la vez a nuestra corporación y a nuestra “patria chica”. Como hemos enfatizado a menudo, la Historia de nuestra cofradía está íntimamente ligada a la de Andújar a través de muchos de sus hermanos. Su legado, una veces conservado y otras no, fue sin embargo disfrutado con intensidad por nuestro paisanos durante siglos, como ahora, desde la viveza de esta corporación reivindicamos con la misma intensidad su memoria.  


BIBLIOGRAFÍA.

 ARAQUE JIMÉNEZ, E. y SÁNCHEZ MARTÍNEZ J. D. (2006): “La propiedad de los montes en Sierra Morena Occidental (Jaén), a través de algunas fuentes documentales”, Elucidario nº 1, Seminario Bio-bibliográfico Manuel Caballero Venzelá, págs. 175-236. 

CÓRCOLES DE LA VEGA, J. V. (1987): Andújar. Una guía histórico-artística de la ciudad, Jaén.

DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (1994): “La colección de pinturas de D. Antonio Sirvente de Cárdenas, presidente de la Chancillería de Granada (1597-1606)”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses nº 153, 1, págs. 387-403.

JIMÉNEZ ESTRELLA, A. (2004): “El precio de las almenas: ventas de alcaldías de fortalezas reales en época de los Austrias”, en Revista de Historia moderna nº 22 Anales de la Universidad de Alicante, págs. 7-72.

MORALES BORRERO, M. (2007): “La ejecutoria de Hidalguía obtenida por don Alonso Criado de Castilla y su hijo don Andrés”, Elucidario nº 3, Seminario Bio-bibliográfico Manuel Caballero Venzelá, págs. 401-405. 

PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.

TORRES LAGUNA, C. (1956): Andújar Cristiana, Andújar (Jaén).

TORRES LAGUNA, C. (1981): Andújar a través de sus actas capitulares (1600-1850), Jaén.

martes, 19 de julio de 2016

EL ARCHIVO DE LA COFRADÍA DE LA SANTA VERA-CRUZ, DE ANDÚJAR

Maudilio Moreno Almenara
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla
Archivero de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar

Introducción.
Resulta realmente milagroso que buena parte del archivo histórico de la cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar se haya conservado. Se trata de un conjunto amplio de documentos que abarca desde el siglo XVI hasta el XX.

 
No obstante hay algunas lagunas en la documentación de forma que no se conservan piezas originales del siglo XV, ni tampoco del periodo comprendido entre 1581 y 1678. Por lo que respecta al siglo XVI nos quedan algunos escritos sueltos, aunque son escasos. Sobresale la trascripción del documento de fundación, realizada en el año 1532, así como unas listas de hermanos, que aunque incompletas, sirven para esbozar el extracto social variado que componía la cofradía de la Santa Vera Cruz, donde figuraban desde personas de las familias más pudientes de Andújar hasta otras de gremios diferentes. Entre los dedicados al curtido de la piel y la confección de paños, muy numerosos en nuestra ciudad, se relacionan: traperos, tejedores, cardadores, sastres, zapateros, zurradores, tintoreros, curtidores, calceteros.... También hay fabricantes de armas o similares, como polvoristas y espaderos. No faltan tampoco los extractos más humildes dedicados al campo en general: arrieros, cabreros, hortelanos, ganaderos. Asimismo, había caldereros, cantareros, albañiles, pintores, entalladores, canteros, herreros, carpinteros, empedradores, aserradores, barberos, etc. Entre las personas de más alto nivel social están muchos de los apellidos ilustres de la ciudad, como Palomino, Serrano, Caño, Criado, Piédrola, Bago, Sirvente de Cárdenas, Castilla, Valenzuela, Lara, Terrones, etc. Existieron igualmente algunas profesiones de relevancia social, como fiscales, escribanos, regidores, así como algunos clérigos.
 
Lamentablemente no se conserva el listado de hermanas, aunque sabemos que existió pues así se indica en una de las páginas que antecede al desglose conservado.

 
En conjunto, el periodo mejor representado en el archivo es el que comprende  desde 1678 hasta principios del siglo XX.
 
Es lógico que no se conserven documentos del siglo XV. Su enorme antigüedad y el hecho de que los principales se transcribieran posteriormente por mala conservación de los originales hace que podamos explicar esta ausencia. La copia de documentos más antiguos se inició ya en el siglo XVI y prosiguió durante el siglo XVII.
 
También parece normal que la cofradía no generase mucha documentación en estos momentos iniciales, en los que sus propiedades eran escasas y la vida activa se restringiría en buena medida a poco más que la organización de la Estación de Penitencia y el control de unas cuentas relativamente escasas. Es poco probable igualmente que se procediese al inventario sistemático de los bienes.
 
En un cuadro que conserva la cofradía de la Vera Cruz de Puente Genil se puede apreciar cómo serían estas procesiones medievales, casi sin enseres y en muchas ocasiones con una imagen de Jesús Crucificado más pequeña del natural o una simple cruz portada sin paso.

 
Es justo este aspecto otro a tener en cuenta cuando se caracteriza el archivo de la Cofradía de la Vera Cruz de Andújar. Aparte de las pérdidas parciales sufridas por los avatares de la Historia, la intensa documentación del Barroco, es fiel reflejo de la no menos variada actividad de la cofradía en estas fechas. No en vano, buena parte de la documentación son acuerdos, cuentas, edictos, inventarios, copias de pleitos, etc., y éstos fueron más continuos y complejos cuanto más vida tenía la cofradía y cuantas más cofradías existieron en Andújar y en la diócesis de Jaén.
 
Aunque los hubo, no todo fueron problemas, también existió mucha colaboración entre cofradías. Es el caso de la Vera Cruz de Andújar con hermandades existentes en el convento de San Francisco (Ánimas y la Venerable Orden Tercera entre otras), pero también con otras de la ciudad, como la de los Dolores del Carmen, las Angustias (llamada entonces de la Caridad), la Virgen de la Cabeza o la de la Humildad del convento de Mínimas, hoy desaparecida y con la que estaba hermanada.

 
Otro aspecto importante fue la concienciación de tener una historia dilatada y la necesidad de guardar los papeles que generaba la cofradía para argumentar tradiciones, antigüedad, privilegios, escrituras, etc. Como hemos dicho, al comienzo de la vida de la cofradía, las anotaciones debieron ser escasas y en todo caso, pasado un tiempo, se prescindía de ellas. Con el crecimiento de la cofradía, sin embargo, se fue cuidando este detalle, y se fue archivando casi todo, guardando con mimo e inusitado interés la documentación, conscientes de su importancia.
 
Existieron por otra parte, múltiples donaciones a la cofradía de parcelas rústicas, reliquias, como la de San Ignacio Mártir o casas, la mayoría vía testamentaria. En el caso de las fincas urbanas, éstas fueron “hipotecadas” mediante censo, para lo cual era básico que la cofradía pudiese acreditar su propiedad. Se llegaron a custodiar en su archivo hasta 24 escrituras de censos, entre ellos una viña en el sitio del Batanejo, un olivar en los Rubiales y varias casas en las calles Capones, Caldedueñas, Gabriel Zamora, Pablo Manrique, Quijada, Palomar, Santo Domingo, Mesones, Velillos... Conforme la cofradía fue perdiendo la propiedad de estos inmuebles se prescindió de estos documentos, no conservándose ninguno a día de hoy, aunque sí aparece su relación en los inventarios de bienes.
 
Era frecuente que estas casas contaran con un azulejo en el que se asignaba su propiedad, es el caso de la antigua cofradía de la Vera Cruz de Córdoba, que poseía una casa en la collación de San Lorenzo. La propiedad de la casa queda claramente reflejada en la leyenda abreviada que muestra el azulejo en el que se puede leer: “DE LA S.TA BERA CHRS”, que junto a la Cruz arbórea de color verde representada esquemáticamente debe entenderse como: “De la Santa Vera Cruz de Cristo” o “De la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Cristo”.  

 
La multiplicación de enseres, y la necesidad de un mayor número de bienes de exorno para las imágenes, propia de la época barroca, también requirió su desglose en los inventarios de bienes, asimismo era la mejor forma de garantizar que dichas preseas no se perdiesen en los traspasos de poderes de unos gobernadores a otros. Es el caso de unas potencias de plata del Cristo de la Columna de comienzos del XVIII, que aún conserva la cofradía y que aparecen reflejadas en los inventarios.

 
Poco a poco la cofradía pasó de no tener prácticamente nada más que sus imágenes y pasos, a tener capilla propia, retablo, enseres, casas, fincas, etc. Este proceso se produjo con la inauguración del nuevo convento de San Francisco en el año 1585, prolongándose durante los siglos XVII y XVIII. No cabe duda que esta transición de la cofradía medieval a la barroca supuso un esfuerzo de los cofrades por incrementar el control de lo que era intrínseco a la institución y derivado de ello, de su archivo.
 
Los legados testamentarios, a veces contradictorios con otros actos previos, los conflictos con otras cofradías que no existían en el siglo XV en Andujar, los cambios de sede por la ampliación de los conventos promovida por las órdenes y otras cuestiones similares, llevaron necesariamente a generar documentos notariales y a pleitear en diferentes instancias. En virtud de la demanda de documentación que desde éstas se hacía, se fue valorando la salvaguarda de cuanta documentación fuese de interés. En algunos casos se produjeron pleitos que alcanzaron a las más altas instancias judiciales del momento en Andalucía, en concreto la Real Chancillería de Granada.

 
La existencia de una sede estable también ayudó a la conservación de la documentación. No en vano en el convento de San Francisco de la actual Plaza Rivas Sabater tuvo la cofradía su sede entre los años 1585 y 1937, más de 350 años, lo que hizo, junto con los anteriores motivos, que sea justo de este periodo del que más papeles se conserven. En este largo periodo tan sólo sufrió los vandálicos actos de las tropas francesas en 1810, momento en el que se saqueó parte del archivo, como veremos más adelante.

 
Falta la documentación comprendida entre 1581 y 1678, ausencia que no puede atribuirse a la casualidad. De hecho, en este periodo debieron realizarse las imágenes del Cristo de la Columna, de San Juan Evangelista y de Jesús Nazareno. Algunas de las “facturas” debieron figurar en el libro de cartas de pago que tuvo en el siglo XVII la cofradía y hoy está en paradero desconocido. Ésta última se decía que era de Montañés a partir de documentación conservada por la familia Sabater (DOMÍNGUEZ, 1985, 103), que adquirió el convento después de la Desamortización. También se encargaron en esta época ocho de los diez lienzos de ángeles con instrumentos de la Pasión que ornaron la capilla, dos de los cuales pensamos que fueron realizados por el insigne pintor Juan de Valdés Leal, y que se conservan actualmente uno en el Banco de España en Madrid y otro en colección particular (MORENO, 2007).         

 
No se conservan las cuatro bulas papales y la carta de hermandad con los franciscanos. Sin embargo, su contenido, que en algún caso era genérico para todas las hermandades de la Vera Cruz de España, ha podido ser deducido de los documentos conservados por otras cofradías, como la de Sevilla, que sí guarda aún los documentos originales. En la Crónica de la Provincia de Granada y referido a nuestra cofradía se indica que “...Entre otras muchas Capillas deste Templo están dos bien singulares. La primera de la Vera-Cruz, que goza de todas las gracias, e Indulgencias, concedidas a todas las de esta advocación...” (DE TORRES, 1683, 114). Queda patente así, con esta crónica del siglo XVII, que la cofradía contaba con al menos una bula general para las cofradías de la Vera Cruz de España. 
 
Ha de ser la Bula denominada Viva Vois Oráculo, emitida por Paulo III, el 7 de enero de 1536 a la cofradía de la Vera Cruz de Toledo, que más tarde extendería todos sus privilegios al resto de corporaciones de Castilla y Andalucía, al igual que la Carta de Hermandad que Juan Calvi, Ministro General de la Orden Franciscana, concediera en Logroño a estas hermandades.  

 
Otra de las bulas era la de agregación a la archicofradía del Santo Cristo de San Marcelo en Roma. Se conserva en el archivo de la confraternidad romana la relación de las cofradías de todo el Mundo que se encuentran agregadas y la fecha en que éstas se produjeron, figurando que la Cofradía de la Vera Cruz de Andújar lo está desde el día 8 de Febrero de 1606. Los originales deben conservarse en el Archivo Secreto Vaticano. Otras cofradías agregadas son las sevillanas del Museo o la del Cristo de Burgos, la primera en 1684 y la segunda en 1693, así como otras de Huelva, Málaga, Córdoba, siendo la de Andújar la única de la provincia de Jaén. Este privilegio fue renovado por el Santo Padre Juan Pablo II, cuya copia nuestra cofradía saca cada Domingo de Ramos dentro de un antiguo tubo de hojalata, como antaño fue. El propio papa Santo besó a la imagen de nuestra archicofradía en la basílica de San Pedro del Vaticano durante la Jornada del Perdón en el año 2000.

 
Otra bula queda anotada en el llamado Registro Lateranense, cuyo nombre deriva de la Basílica romana de San Juan de Letrán. Fue otorgada a la cofradía de la Vera Cruz de Andújar por el papa Clemente X con motivo del XIV Jubileo del Año Santo. Este jubileo era celebrado por la cofradía el día 2 de Agosto (día de la Virgen de los Ángeles) de cada año, figurando en los libros de cuentas del siglo XVIII de la cofradía los gastos derivados de su festividad. 

 
Fue precisamente la centuria decimonónica una de las más complicadas y de las que más debieron afectar a la conservación del archivo. Nada más comenzado el siglo XIX se produjo la Guerra de la Independencia (1808-1812). La primera entrada violenta de las tropas napoleónicas en Andújar tuvo lugar el 18 de junio de 1809, mientras que la segunda fue el 28 de enero de 1810 (MORENO, 1995, 55). En esta segunda ocasión parte del archivo de la cofradía fue destruido. Así se puso de manifiesto en el cabildo celebrado por la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Vera Cruz el día 14 de Junio de 1826: “... por la entrada de las tropas frances el año de diez, como las gentes desampararon el Pueblo, rompieron las puertas de las sacristías, robaron, y saquearon las Yglesias, y se desaparecieron los papeles...” Justo en este momento, y por el contenido del cabildo, debieron desaparecer entre otros documentos, tanto las reglas primitivas aprobadas por el ordinario de Jaén (probablemente de comienzos del siglo XVI), como la bula fundacional, otorgada por Martín V en el año 1427.

 
Otro momento trascendental debió producirse con motivo de la Desamortización del convento y su posterior venta. Su consecuencia sobre el archivo de la cofradía fue ya insinuada, como hemos dicho anteriormente, por Domínguez Cubero, aunque su alcance se desconoce, sea como fuere, parte de los documentos se perdieron en estos momentos, aunque quizás se conserven aún en distintos archivos particulares.
 
A nivel arquitectónico se construyó la primera Plaza de Toros estable Andújar junto a la iglesia y claustro del convento. La construcción de este coso taurino explica que la actual Plaza de Abastos tenga planta circular, ya que cuando no se celebraban festejos taurinos en los bajos del graderío estaban instalados los puestos de venta. Se trata por ello de una singularidad cuyo origen es anterior al actual edificio, y que deriva de la Desamortización de las huertas del antiguo convento de San Francisco.

 
En el año 1937, durante la Guerra Civil, tuvo lugar un indiscriminado bombardeo de la ciudad, cayeron muchos obuses, algunos de los cuales alcanzaron el antiguo convento de San Francisco, sede de la cofradía de la Vera Cruz. En este caso es posible que o bien las bombas no tocasen el lugar exacto en el que se encontraba el archivo o bien que se hubiesen ocultado en la casa de algún hermano para evitar su destrucción, ya que no nos consta que se produjese daño alguno sobre el mencionado archivo. 

 
Un dato curioso del archivo, aparte de otros muchos, es la presencia de las denominadas filigranas papeleras, o lo que es lo mismo, marcas de agua del papel, que se pueden observar al trasluz. Hay una cierta variedad debido al tiempo prolongado que abarcan los documentos. Algunas de las marcas son realmente atractivas:      

 
1.- Lugar de custodia del Archivo durante el Barroco.

El archivo de la cofradía se conservaba bajo llave en la sacristía de la capilla en el siglo XVII. Durante el XVIII se guardó en la dependencia existente bajo el camarín que cobijaba la imagen de Jesús Nazareno. En el siglo XIX se trasladó a la antigua sacristía de la iglesia de San Francisco. Ya en el siglo XX es probable que se conservase en algún domicilio particular. De hecho, en manos particulares ha estado hasta el año 2012, año en el que fue devuelto a la cofradía.
 
En el inventario del año 1721 se guardaba dentro de la habitación referida, en un “...caxon de madera con su zerradura y llabe que sirbe para entrar los Referidos libros y papeles...”. Este tipo de arcas de cofradías a veces estaban pintadas, como la de la Hermandad de la Virgen de los Remedios de la Parroquia de San Lorenzo de Córdoba:

 
El arca fue realizada en el año 1697, es decir, en los momentos en los que también se construyó la de la cofradía de la Vera Cruz de Andújar.

 
2.- Contenido histórico del archivo.  

El contenido histórico del archivo lo conocemos principalmente a través del libro de inventarios de bienes fechado en 1678 y que contiene estas relaciones de bienes hasta principios del siglo XIX.

 
Su evolución puede seguirse a través de estos inventarios, aunque en ellos no se detallaban los libros de las escuadra, que habitualmente tenían al menos uno, en el que se anotaban cuentas, cabildos, inventarios, etc., abriéndose uno nuevo cuando éste se agotaba. Se conservan en la actualidad tres libros de este tipo: dos de la escuadra de Jesús de la Columna y uno de la de Jesús Nazareno. Al menos ésta última debió tener más de un libro, dado que el que se conserva es de misas, sin que tengamos noticia del paradero del más que previsible libro o libros en los que se anotaron cuentas, cabildos, reglas de la escuadra, entre los siglos XVII y XIX. La mayoría de las escuadras, como tales, es decir, como hermandades dependientes de una cofradía se fundaron en el siglo XVII, momento en el que comenzaron a generar una documentación autónoma.
 
Es el mismo caso que el de la Hermandad el Santo Sepulcro de Andújar, del que se conserva un libro de cabildos y cuentas del año 1805, pero que copia otros documentos anteriores en los que se indica que esta escuadra de la cofradía de la Soledad se fundó el día 25 de Diciembre de 1684. En el mismo documento se relata textualmente su pertenencia a la Cofradía de la Soledad: “...Nos los hermanos de la Hermandad del Entierro de Christo, agregada a la Cofradía de nra Sra de la Soledad sita en el Convento de nra Sra de la Victoria de esta ciudad de Anduxar..”  

En el año 1711 existían diez libros de la Cofradía de la Vera Cruz:

 1.- Uno de los estatutos de la cofradía con la aprobación del Señor Juez ordinario del obispado escrito en pergamino. Tenía 52 hojas. (Probablemente destruido durante la Guerra de la Independencia).

2.- Un libro de cabildos del año 1678. (Es casi gemelo en portada al de inventarios). (En el archivo de la cofradía). 

 
3.- Un libro de asiento de cofrades. (Probablemente se refiera a las listas de hermanos existentes, aunque quizás hubiese otro del siglo XVII-XVIII, hoy perdido).   

4.- Un libro de cuentas antiguo. (Se desconoce su paradero).
5.- Un libro de inventarios antiguo. (Se desconoce su paradero).
6.- Un libro de cuentas. (Probablemente sea el conservado en el Archivo Diocesano de Jaén).
7.- Un libro de cartas de pago. (Se desconoce su paradero).
8.- Un libro de cabildos muy antiguo. (Se desconoce su paradero).
9.- Un libro donde se anotan las demandas. (Se desconoce su paradero).
10.- El libro de inventarios del año 1678. (En el archivo de la cofradía).
 
En 1744 ya eran 13 libros. La relación se había incrementado con los siguientes:  
1.- Otro libro de estatutos, nuevo, forrado en raso verde (entre 1711 y 1721). (Probablemente destruido durante la Guerra de la Independencia).
2.- Un libro de cabildos del año 1730. (En el archivo de la cofradía).
3.- Un libro de cuentas del año 1735. Donde también se anotaron a finales del siglo XVIII la narración de las ejecuciones de varios condenados a muerte en Andújar y en los que la cofradía participó junto con la de las Angustias en la alimentación de los presos y en darles después cristiana sepultura. Era una obra asistencial habitual que hacía la cofradía de la Vera Cruz desde el siglo XVI, de hecho la primera anotación es del año 1581. (En el archivo de la cofradía).   

 
Este libro contiene numerosas anotaciones interesantes, como la que alude al pago al retablista Juan del Castillo (sevillano y entroncado profesionalmente con la familia de Pedro Roldán) con quien en 1739 se concertó el retablo de la capilla de la Vera Cruz en el antiguo convento de San Francisco:

 
La obra de este retablista ha comenzado a conocerse hace muy pocos años, gracias a algunos documentos conservados en los archivos sevillanos. Sabemos que hizo obras en Ceuta, Marchena, Carmona.... algunas de las cuales aún se conserva:

    

Otros:  
·        Escrituras de censos: 24 escrituras de hipotecas que pagaban a la cofradía varias personas por disfrutar de otras tantas propiedades. (Probablemente destruidas).
·        Una escritura de venta de un corral para ensanchar la capilla y sacristía. (Probablemente destruida).
·        Un pleito ganado a la cofradía de Jesús Nazareno. (Probablemente destruida).
·        Una escritura de donación realizada por D. Sebastián de Salas. (Probablemente destruida).
·        Una escritura de donación de la reliquia de San Ignacio Mártir. (Probablemente destruida).
·        Una escritura de Concordia con el convento de San Francisco. (En el archivo de la cofradía). En realidad son dos.
·        Un cañón de hojalata con cinco bulas y privilegios. (Probablemente destruidos durante la Guerra de la Independencia).  
En el siglo XIX se incrementaron los libros al menos en los siguientes términos:  
1.- Libro de cabildos del año 1815. (En el archivo de la cofradía).
2.- Libro de cabildos del año 1854. (En colección particular de Andújar). 
En total y hasta el siglo XIX la cofradía había tenido unos 15 libros, aunque en este tiempo no se conservarían más de 13.
 
De ellos nos restarían en la actualidad algunos documentos sueltos, ocho libros, más dos copias de la concordia de San Francisco, ambas del año 1681, aunque el original, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Jaén es del año 1579. Curiosamente ambas copias de la concordia son de un año después de que se hiciese pública la peor epidemia de peste negra que ha sufrido Andújar, y probablemente tenga que ver con la reclamación de derechos de propiedad de su capilla por parte de la cofradía ante los frailes franciscanos, que quizás, por temor al contagio, pidieran a la Vera Cruz cesaran por un tiempo los entierros en su capilla, algo realmente humano y normal, aun cuando nuestra cofradía considerase que era su derecho y que estaba dispuesta a pleitear para garantizar también los derechos de los hermanos. Esta concordia tiene un aliado inestimable en el antiguo plano que descubrió el historiador D. Jesús A. Palomino y cuya copia conserva la cofradía.

 
A ello hay que añadir un libro de cuentas de la cofradía custodiado en el Archivo Diocesano de Jaén, en realidad un cuadernillo, que no sabemos si formó parte del libro de cuentas del siglo XVII o eran unos documentos aparte. 
 
En resumen, de los 13 libros aproximadamente que conservaba la cofradía a mediados del siglo XIX, se conservan 9. Siete en poder de la cofradía, uno en colección particular y uno en el Archivo del Obispado de Jaén. Hace tiempo que nos dijeron existía un libro antiguo de nuestra cofradía en colección particular de Baños de la Encina, aunque no sabemos si quien nos lo dijo logró verlo. 
 
Se conservan igualmente tres libros más de las escuadras: dos de Jesús de la Columna y uno más de la hermandad de Jesús Nazareno.
 
Por tanto, el archivo que custodia actualmente la cofradía consta de diez libros y algunos documentos sueltos que suponen aproximadamente entre el 40 y el 50% del archivo generado por la cofradía de la Vera Cruz hasta el siglo XIX. Si tenemos en cuenta los avatares que señalábamos al principio de este documento, queda claro que se ha conservado una parte importante de la documentación, y desde luego es crucial para conocer buena parte de la historia de la Cofradía.

Relación de documentos del archivo de la cofradía de la Vera Cruz.
Son en total 17 documentos:
Concordias:    2 copias independientes de la Concordia de San Francisco.
                        Concordia con Santo Domingo (incluye documento de fundación).
 

Cabildos:        Libros:             1678.
                                               1730.
                                               1815.  
Otros:  Cabildos sueltos siglo XVIII.
                                   Cabildos sueltos siglo XVIII.
Cuentas:         Libros:             1735.
Inventarios:    Libros:            1678.
Libros de escuadras:  Fundación y cabildos de la Columna 1697.
   Cuentas de la Columna 1818.
                                      Misas del Nazareno 1815.
 
Otros:             Pleito de la Vera Cruz del siglo XVIII.
                        Estatutos Vera Cruz 1927.      
 
   
Aparte está la documentación posterior a la Guerra Civil de la Hermandad de Jesús de la Columna, que consta de dos libros, algunos de los cuales revisten interés para conocer, por ejemplo, que las dos imágenes que tuvo la cofradía entre 1944 y 1970 tras la destrucción de las antiguas durante la Guerra Civil, fueron donadas por Dª Concha Mármol Trigo, viuda de Vallejo:

 
Entre ellos destaca, en concreto, la donación de la imagen del Cristo de la Columna en el año 1944, obra que fue realizada por el escultor Juan Blanco Pajares. El dato, sin embargo, no ha sido fácil de obtener, y ha sido fruto de ciertas coincidencias, ya que no figura en el citado archivo (en buena medida por tratarse de una donación) y ha debido ser objeto de una investigación realizada por la propia cofradía, incluso acudiendo a sus herederos, que lo verificaron y nos mostraron fotografías de la imagen en su taller. Esta investigación tuvo sus consecuencias a nivel de publicación en el propio boletín de la cofradía y en la exposición Lignum Viride, celebrada en 2012 en la parroquia de San Bartolomé:

 
Desde hace ya más de veinte años la cofradía de la Santa Vera Cruz tiene un interés claro en seguir desgranando su Historia, amplísima y rica. Es una labor lenta pero efectiva, y que poco a poco va dando sus frutos, rellenando huecos de esta dilatada trayectoria. Los resultados parciales se vienen publicando en el boletín de la cofradía cada año, que además, se han colgado en la página de la cofradía en formato pdf para su consulta general y se ha difundido a través de congresos internacionales, como el de la Vera Cruz de Sevilla del año 1992, o la revista Alto Guadalquivir.
 
Igualmente se han expuesto parte de los documentos originales en la exposición mencionada con antelación y celebrada en 2012. Desde entonces se han publicado más de 25 artículos en el blog de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, con más de 300 páginas en total y gran variedad de temas, desde iconografía a economía, pasando también por el análisis de determinadas obras de interés, personajes relevantes vinculados a nuestra cofradía... No sólo se han aportado datos de la Vera Cruz, sino también de otras cofradías históricas como la Soledad, Pura y Limpia de San Francisco, Nuestra Señora de la Concepción de la parroquia de San Bartolomé o la Caridad (actual Angustias). En la actualidad están ultimándose otra tanda de artículos que esperemos sean del interés de todos, versarán, entre otros temas, sobre los entierros en las cofradías, los mártires franciscanos de Japón, D. Alonso Criado de Castilla o la cofradía de los Dolores del Carmen.
 
Pero en nuestro afán por recuperar cuantos documentos sean de interés para el archivo de la cofradía hemos tenido la dicha de encontrar documentos como este fragmento de un cartel de toros de 1927, que se encontraba en el interior de esta vara del Santísimo Cristo de la Columna y que al parecer debió disponerse en su día para ajustar la holgura que había tomado el vástago de madera en el que se embutió.

 
En otros casos, nuestra corporación ha recibido donaciones de documentos franciscanos de Andújar, como esta novena del año 1893 de la Venerable Orden Tercera de los Capuchinos, única noticia conocida  hasta el momento de esta congregación.

 
O este portfolio fotográfico de España dedicado a Andújar y fechado hacia 1920, que contiene una variada serie de fotografías antiguas, incluida una del antiguo convento de San Francisco.

 
Otro más específico del entorno del antiguo convento de San Francisco es esta factura del año 1892 del antiguo Café y Hotel la Perla, ya desaparecido, pero que constituyó una de las instituciones hosteleras con mayor solera de nuestra ciudad, y que demuestra cómo tras la desamortización los terrenos del antiguo convento de San Francisco se convirtieron en el “centro de ocio” por excelencia de Andújar. Allí estuvo el Teatro Olimpo (donde se celebraban los bailes de carnaval), un casino, nuestra primera plaza de toros estable (anteriormente se hacían en dos lugares: Plaza del Mercado y Corredera San Lázaro, ambas con instalaciones efímeras), y el hotel-café la Perla. Se trata de un ejemplo de la primera manifestación de arquitectura del ocio de Andújar, anterior, por supuesto al protegido Cine Tívoli y que se nutría del foco de atracción diario que suponía la existencia de la Plaza de Abastos.

 
A todo ello hemos de añadir que nuestro archivo está vivo, se siguen incluyendo documentos y dibujos originales de enorme interés como estos de José Carlos Rubio Valverde: el primero un boceto de tulipa que no se llegó a ejecutar o el proyecto de los faroles del paso de Jesús Nazareno, una realidad desde 1997.

 
Un bellísimo documento gráfico es el proyecto del llamador del Pegaso del paso de Jesús Nazareno, obra del orfebre Manuel Valera, que años más tarde haría la corona de oro de la Santísima Virgen de la Cabeza.

 
También hay otros proyectos no ejecutados, como el de gallardete del Santísimo Cristo de la Columna de nuestro artista y paisano Pedro Palenciano Olivares, o estos dos bocetos de potencias para la misma imagen de Manuel Luque.

 
Es justo esta segunda parte, la catalogación de estos documentos más recientes, el trabajo que nos ocupa en la actualidad. El archivo de una corporación viva como es la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar no se agota en aquellos viejos legajos, ha de continuar con nuestra Historia reciente, ya en muchos casos con el concurso de los medios informáticos, tan presentes ya en nuestras vidas.
 
Es justo en este aspecto donde alcanzan cotas elevadísimas nuestros medios informáticos: blog, página web, twitter y facebook. A pesar de nuestra antigüedad como cofradía, fuimos una de las cofradías más precoces en Andújar en comenzar a potenciar estos medios. Han sido muchos nuestros hermanos que se han desvivido por mantener sus contenidos, como community managers improvisados, y a día de hoy, sin duda, es la cofradía de Andújar que, desde lo institucional, aporta más contenidos divulgativos, con rigor histórico y con la seriedad a la que nos obliga hacerlo desde la cofradía decana de la Diócesis de Jaén. Son contenidos que equilibran lo histórico-artístico con la actualidad, la convivencia como personas y cofrades con la vida cristiana, la formación y caridad con nuestro proyectos... Un reflejo a fin de cuentas de nosotros mismos, de nuestras dualidades, y de la riqueza que cobija una cofradía antiquísima, que está viva, y sobrevive tras casi seiscientos años gracias a todos y cada uno de sus hermanos.
 
No cabe duda que este esfuerzo por mimar y difundir la historia de una de las cofradías pasionistas más antiguas de Andalucía supone un reto y a la vez es orgullo de nuestra ciudad de Andújar y su Semana Santa, cuyos orígenes son remotos pero continúan en la actualidad con notable esfuerzo de todos los cofrades andujareños por mantenerla y acrecentarla. A todos y cada uno ellos van dedicadas estas letras, fundamentalmente porque este legado de Historia sigue vivo hoy gracias a las personas que conforman cada una de nuestras cofradía.
 
En especial, no podemos sino agradecer infinitamente a la familia andujareña que con mimo custodió nuestro antiguo archivo durante tantos años, su grandeza, y nos lo legó en el año 2012. Como decía San Francisco de Asís, nuestro maestro e inspirador: “Que Dios os proteja y os guarde”, como vosotros habéis protegido y guardado nuestra Historia.
 
La Historia de nuestras cofradías era la Historia olvidada, una memoria cuyo destino parecía ser estar encerrada en armarios y cajas. Era y es necesario “resucitarla” para gloria de nuestra ciudad, pionera y referente en lo que atañe a cofradías en toda Andalucía. Un orgullo que trabajaron otros que ya no están, pero que debemos reivindicar por ellos, difundir y poner en valor los que seguimos aquí, conscientes de ser herederos de un legado inmaterial simplemente espectacular.

 
BIBLIOGRAFÍA. 
 
DE TORRES, A. (1683): Chronica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Serafico Padre San Francisco, Madrid, ed. Facsímil en 1984.
DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (1985): Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad, Jaén.
MORENO ALMENARA, M. (1995): “La Cofradía de la Soledad y su Hermandad del Santo Sepulcro de Andújar durante el siglo XIX”, Rev. Alto Guadalquivir, Especial Semana Santa Giennense, págs. 54-56.
MORENO ALMENARA, M. (2007): “Los lienzos que decoraron la antigua capilla de la Vera Cruz de Andújar en el convento de San Francisco de Asís”, Lignum Crucis nº 10, pags. 18-21.