Blog oficial de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz de Andújar y Muy Antigua, Pontificia, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Columna, Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista

martes, 7 de marzo de 2017

TEMPUS QUADRAGESIMAE

 
 
“Memento homo, quia pulvises, et in pulverem revertis”
El tiempo de cuaresma es el tiempo litúrgico del calendario cristiano destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua. En palabras del Santo Padre Francisco “La cuaresma es un tiempo de renovación para la iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un tiempo de gracia (2 Co 6,2)”. Se trata de un tiempo de purificación e iluminación celebrado prácticamente en toda la iglesia universal aunque con algunas variantes. Es tiempo de escucha de la palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con nuestros semejantes. No es un tiempo de tristeza, sino de meditación y recogimiento.
 
 
 
Su duración comprende los cuarenta días previos a la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, comienza el llamado Miércoles de Ceniza y finaliza el Jueves Santo con la celebración de la Misa Crismal en la que el obispo de cada diócesis  bendice los Santos Oleos y consagra el Santo Crisma para todo el año; le sigue la celebración del Triduo Pascual durante la Semana Santa para seguidamente dar paso a la Pascua de Resurrección. La duración de cuarenta días simboliza el retiro que Jesús hizo al desierto donde permaneció cuarenta días en oración y ayuno para pedir al Padre que le mostrara el camino que debía seguir y prepararse espiritualmente para su misión pública definitiva que iniciaría con su entrada en Jerusalén.

 
 
El tiempo litúrgico de cuaresma se fija como tal en el siglo IV, en el Primer Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, concretamente en el  quinto canon conciliar, aunque ya en los siglos anteriores se venían realizando algunas prácticas cuaresmales como preparación a la Pascua. Se tiene noticia de la celebración de la cuaresma en oriente desde el año 340 y en Roma desde el 385, si bien en un principio su duración variaba, finalmente se fijó su duración en cuarenta días, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto, adquiriendo así la cuaresma sentido penitencial para todos los cristianos y comenzando el llamado domingo de cuadragésima; no sería hasta el siglo VII cuando alcanzaría su configuración actual, añadiéndosele en el año 714 por el Papa Constantino cuatro días más para compensar la ruptura dominical del ayuno, comenzando desde entonces el Miércoles de Ceniza. 
 
 
 
A lo largo del tiempo de Cuaresma, los cristianos son llamados a reforzar su fe mediante la práctica de la oración, ésta debe de ser sincera, debe salir de lo más profundo de nuestro corazón, debe de servir para nuestra confortación y debe hacerse desde una actitud interior sin llamar la atención, no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria, sino que se debe orar en el sentido de escuchar a Dios, en la oración encontramos el amor de Dios y la amorosa exigencia de aceptar su voluntad; el ayuno, que consiste en realizar solamente una comida fuerte al día, de carácter obligatorio para todos los católicos desde los 18 años hasta los 59 años,  la abstinencia, que consiste en no comer carne, obligatorio en la iglesia católica desde los 14 años todos los viernes de cuaresma,  ambos ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (están exentas de su cumplimiento las personas enfermas)  y la limosna que no consiste sólo en dar unas monedas o dar lo que no nos hace falta, sino en el sentido de darse y entregarse uno mismo para ayudar a quien te necesita  tal y como Cristo lo hizo por todos nosotros, para ello es fundamental amar al prójimo y amar a Dios.
 

 
 
En el presente, más que el simple ayuno corporal de alimento, se incentivan prácticas que afectan más al ayuno espiritual y a la modificación de nuestros hábitos de vida cómoda y egoísta, que repercuten negativamente en nosotros mismos, haciéndonos insensibles e inhumanos al padecimiento y las necesidades más básicas de nuestros semejantes; y más que la abstinencia de comer carne, se trata de abstenernos del placer por el placer, de abstenernos de  competir y amasar beneficios a costa de otros. Por tanto, se trata de realizar una verdadera conversión personal, que consiste en el paso del pecado a la gracia, se trata de que en este tiempo de cuaresma los cristianos nos esforcemos en realizar una profunda renovación interior de acuerdo con las enseñanzas de Jesús; y para llegar a esa comunión con Dios, la iglesia nos enseña que podemos hacerlo a través de los sacramentos de la reconciliación y de la eucaristía.

 
En la liturgia las lecturas versan sobre la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, es un tiempo de meditación, recogimiento, purificación e iluminación.

 
La conversión cuaresmal debe centrarse en tres ejes fundamentales:
 
- La meditación en la historia de la salvación, realizada por Dios en favor del ser humano creado a su imagen y semejanza.
 
-  La vivencia del misterio pascual como culminación de esta historia santa para convertirnos al Dios vivo y verdadero que se ha revelado plenamente en su único Hijo, Cristo Jesús y en su victoria pascual, presente en los sacramentos de su Iglesia.
 
- El combate espiritual, que exige la cooperación activa con la gracia para nacer al hombre nuevo que se aleja del pecado y que lucha por la santidad.
 
 
En la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial, ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, que simboliza el duelo, la penitencia y el sacrificio, con la excepción del cuarto domingo llamado de “laetare” que se usa el color rosa como atenuante del morado y el domingo de Ramos que se usa el color rojo. En el  lugar de celebración, el templo, se debe buscar la mayor austeridad posible, tanto para el altar, el presbiterio, como para los demás lugares y elementos del mismo, durante este tiempo se suprimen los adornos florales, o se reducen a la mínima expresión posible, y todo ornato innecesario que de sensación de opulencia, e incluso la música instrumental, que puede ser sustituida por el canto gregoriano, mucho más austero, todo ello con el fin de ayudar a captar el sentido penitencial y de paso hacia la Pascua que tienen las celebraciones de este ciclo. Debiendo en todo momento manifestarse una total coherencia entre la liturgia y las diversas expresiones de la piedad popular.
 
 
La costumbre de imponer la ceniza se practica en la iglesia desde sus orígenes. En la tradición judía, el hecho de rociarse la cabeza con cenizas era practicada para reflejar el arrepentimiento por los pecados cometidos y manifestaba la voluntad de conversión. En el Antiguo Testamento la ceniza simboliza dolor y penitencia. La ceniza es un signo de humildad, nos recuerda lo que somos, es un signo de la fragilidad del ser humano, de la facilidad con que caemos en la tentación del pecado, de la brevedad de la vida y al recibirla los cristianos reconocemos nuestra limitación.
 
 
En la Iglesia Católica el Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma, el sacerdote después de la homilía bendice la ceniza, resultante de quemar los ramos de olivos o de palma bendecidos el año anterior, y realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza marcando con ella una cruz en la frente y recitando una de estas dos expresiones: “Arrepiéntete y cree en el evangelio” (Mc 1, 15) o “Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver” (Gén 3, 19). Ésta simboliza la transitoriedad de esta vida frente a la vida eterna que nos ofrece Dios en su infinita misericordia, la pequeñez y liviandad del ser humano frente a la inmensidad de la Creación y que la destrucción del pecado es posible si nos lo proponemos, reducido a cenizas, por la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo Jesús. En circunstancias especiales, cuando no hay sacerdote, se puede hacer sin misa, pero siempre dentro de una celebración de la palabra.
 
 
 
Prácticamente la cuaresma abarca un total de seis semanas con sus respectivos domingos, cada uno de ellos con una denominación y características propias:
 
El primero llamado de “Invocabit” por la primera palabra del introito de la misa de ese día, el introito es el salmo con su antífona  que se canta en la procesión de entrada de la misa dominical, el día del Señor, es también  conocido por “domingo de las tentaciones” por la lectura del Evangelio en la que se narra las tentaciones que sufrió Cristo en su retiro en el desierto. En la edad media en Roma era conocido popularmente como el “domingo de antorchas” pues ese día los jóvenes romanos que habían cometido excesos durante el pasado carnaval acudían con antorchas encendidas a la iglesia estacional para pedir la penitencia.

 
El segundo llamado de “Reminiscere” por la primera palabra del introito de la misa de ese día, es conocido también por el “domingo de la transfiguración” por la lectura del evangelio en que se narra la transfiguración del Señor en el monte Tabor “y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.
 
El tercero llamado de “Oculi” por la misma razón que los anteriores, era conocido también por el “domingo de los escrutinios” pues ese día comenzaba el examen y se hacían públicos los escrutinios de aquellos catecúmenos que iban a ser bautizados en la noche de Pascua.

 
El cuarto domingo marcaba la mitad de la cuaresma y era denominado de “Laetare” también por la primera palabra del introito de la misa “Laetare Ierusalem / Alégrate Jerusalén ”, es conocido también como el “domingo de los cinco panes” por la lectura del Evangelio, en el que se narra el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, este día la penitencia se atenúa, se usa el color rosa en las vestiduras litúrgicas, se pueden usar flores en la ornamentación del altar y se puede tocar el órgano en los cantos de la celebración eucarística. Aunque el rito característico de este domingo es la bendición de la “rosa de oro”, que efectúa en Roma el mismo Sumo Pontífice. Data del siglo X y viene a ser como un anuncio de la proximidad de la Pascua Florida. El Papa además de bendecirla, la unge con el Santo Crisma y la espolvorea con polvos olorosos conforme al uso tradicional, para finalmente regalarla a quien quiere honrar o distinguir. Místicamente, la rosa de oro, representa a Jesucristo Resucitado tal y como lo explican los discursos pronunciados por los Papas en la ceremonia, antiguamente ésta se celebraba en San Juan de Letrán, desde donde el pontífice llevaba, en procesión, la rosa de oro hasta la basílica de la Santa Cruz en Jerusalén donde era depositada; hoy día se hace todo en San Pedro del Vaticano. 

 
El quinto, llamado de “Passionis”, en el que la iglesia nos invita a que consideremos de un modo especial los sufrimientos de Jesucristo, también llamado de “Iudica” por el introito de la misa “Hazme justicia ¡Oh Dios!” en el que el Mesías implora el juicio de Dios en prueba de su santidad y como protesta de la sentencia que han de pronunciar contra Él los hombres. Jesús tuvo que huir y esconderse de los que le perseguían, pues aún no había llegado el tiempo en que se habrían de cumplir las escrituras. En este día se suelen velar el altar, la cruz y las imágenes del templo en señal de la ocultación del Salvador.  
 
El sexto denominado “In palmis”, más comúnmente llamado domingo “de Ramos” en el que las principales ceremonias del día consisten en la bendición de las palmas y ramos, la procesión, la misa y durante la misma la recitación del “Canto de la Pasión”. Las palmas simbolizan la victoria sobre la muerte y las ramas de olivo el advenimiento de la unción espiritual por medio de Cristo. El sacerdote oficiante revestido con casulla roja, color litúrgico de ese día, recita varias oraciones que hacen referencia a la paloma que trajo de vuelta la rama de olivo al arca de Noé y a la multitud que saludó al Señor en su entrada triunfal en Jerusalén, rocía las palmas y los ramos de olivo con agua bendita, las inciensa, y pide a Dios, con otra oración, que las bendiga y con su mano derecha expulse todas las adversidades y proteja todos los lugares donde sean llevadas y así bendiga y proteja a todos los que habitan en ellos; después las distribuye entre los fieles mientras se canta el “Pueri Hebraeorum / Los niños hebreos…”, sigue la procesión del clero y el pueblo portando las ramas bendecidas, mientras se cantan varias antífonas salen fuera rodeando el templo, al entrar de nuevo se canta el himno “Gloria Iaus et Honor / Gloria alabanza y honor..” y se celebra la misa, cuya característica principal es la lectura del canto de la Pasión según San Mateo, dando paso a la Semana Santa.

 
Durante el tiempo cuaresmal, solo se celebran un máximo de cuatro festividades: San Cirilo y San Metodio (14 de febrero); la Cátedra de San Pedro (22 de febrero); San José (19 de marzo) y la Encarnación del Señor o Anunciación (25 de marzo). En la manera de celebrar estas solemnidades  no se debe dar la impresión de que la Cuaresma se interrumpe, sino que deben inscribirse en la espiritualidad y la dinámica de este tiempo litúrgico.

lunes, 20 de febrero de 2017

ATRIBUCIÓN DEL CRISTO DE LA YEDRA DE ÉCIJA (SEVILLA) A LA GUBIA DEL ESCULTOR ALONSO DE MENA

Maudilio Moreno Almenara
 
En un viaje que realizamos hace un par de años a Écija pudimos comprobar la altísima calidad de su imaginería religiosa. Una de las que más llamó nuestra atención fue el Santísimo Cristo de la Yedra, un Crucificado de la primera mitad del siglo XVII que viene atribuyéndose a Juan de Mesa, que como sabemos trabajó en la provincia de Sevilla durante estas fechas. No en vano existen crucificados salidos de su gubia en Osuna y Las Cabezas de San Juan, aparte de por supuesto la capital hispalense, depositaria principal de su obra.  
 
Desde el primer momento pensamos que dicha atribución carecía de fundamento artístico, y no porque la imagen no tenga la calidad suficiente como para estar en la panoplia gestada por el extraordinario escultor cordobés, sino porque su estilo no está presente en este soberbio crucificado.
 
Un simple repaso comparativo con obras de Montañés, Ocampo o Juan de Mesa, nos aclara bastante sobre las divergencias visibles entre esta magnífica obra y algunas de las más señeras obras de los clásicos “hispalenses”.
 
Comenzaremos con Montañés y su soberbio Cristo de los Cálices.  
 
A continuación lo comparamos con Francisco de Ocampo y el Santísimo Cristo del Calvario, otra obra de inusitada calidad.  
 
En ambos casos comprobamos que ambos muslos quedan más al aire que en el Cristo de la Yedra de Écija, quedando el paño “colgado” hacia el lado opuesto.
 
Por último, y de acuerdo con la atribución expresada al comienzo de estas páginas lo comparamos con obras señeras de Juan de Mesa, como el Santísimo Cristo del Amor de Sevilla, que guarda gran parecido con el de la Cofradía del Calvario.  
 
Una de las imágenes cumbre de Juan de Mesa es el Cristo de la Agonía de Vergara.  
 
O también el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de la cofradía hispalense de los Estudiantes.  
 
En esta ocasión vemos una mayor variabilidad en los perizomas de Juan de Mesa, caracterizados, no obstante, por su intenso barroquismo y por un virtuosismo fuera de lo común. Se observa una intencionalidad clara en dejar prácticamente expedita una de las caderas, detalle que alcanza su cénit en el singularísimo Cachorro de Triana de Francisco Antonio Ruiz Gijón.
 
Tras este primer repaso comprobamos que poco tiene que ver, especialmente el perizoma de estas imágenes, con la del Cristo de la Yedra. Es por ello que optamos por compararlo con otros coetáneos a estos grandes escultores de la escuela sevillana de escultura, pero de la granadina.
 
Aunque en principio pueda parecer arriesgada esta opción, existen numerosas obras de la escuela granadina que inunda ciudades de la Andalucía Occidental como la propia Osuna, Córdoba, Baena, o la mismísima Écija, lugar en cuya iglesia del Carmen se conserva un magnífico busto de los hermanos García.
 
Animados por este reto nos pusimos manos a la obra para comparar esta pieza con la producción de uno de los más afamados escultores activos en esta primera mitad del siglo XVII en Granada, nos referimos a Alonso de Mena, padre de Pedro de Mena.
 
Así, comenzamos a analizar su soberbio paño de pureza o perizoma, uno de los detalles en los que pueden apreciarse con mayor claridad “la firma” de un imaginero barroco. Iniciamos este recorrido comparativo con el denominado Cristo de los Parrilla de Priego, con el que guarda una gran similitud. Dos sobrantes de tela con caída lateral “escoltan su cintura”, cordón lacerante y pliegue de sujeción que lo cubre bajo el ombligo. El resto del paño cae de forma doble: la pierna izquierda queda cubierta hasta la parte inferior del muslo en curva, sin embargo el de la pierna derecha queda visible hasta casi la cintura y a su lado pende el resto del ropaje anudado.  
 
Si seguimos con esta comparativa nos encontramos con más ejemplos similares, aquí los vemos con otra imagen de un crucificado de Adra (Almería).  
 
Otro ejemplo lo tenemos en el crucificado de la parroquia de la Asunción de Carcabuey (Córdoba).  
 
Otro paño similar es el del Cristo del Desamparo de Madrid.
 
Por último, y por no ser excesivamente exhaustivos, lo comparamos con este otro del crucificado de la Catedral de Málaga.  
 
Es evidente que cada uno de ellos resulta diferente en detalle aunque derivan de una misma composición, en concreto un modelo acuñado por el maestro de Alonso de Mena y Juan Martínez Montañés, Pablo de Rojas. Aquí lo vemos en el soberbio crucificado de la sacristía de la catedral de Granada.  
 
Si la comparación de este perizoma del Cristo de la Yedra de Écija ya nos remite con claridad a la firma del escultor granadino Alonso de Mena, podemos intentar comparar algunos detalles de la anatomía, que también permiten ofrecernos claves sobre su posible atribución. En esta ocasión seguiremos buscando concomitancias entre el Santísimo Cristo de la Yedra de Écija con otras imágenes del crucificado salidas del taller de Alonso de Mena. Repararemos en el tratamiento del tórax, siendo habitual que el escultor granadino señalara con mucha intensidad la arquitectura ósea de esta parte de la anatomía humana, especialmente las costillas y el “marco” de los músculos abdominales. Lo comparamos con el Cristo de la catedral de Málaga, Desamparo de Madrid y Hospital Real de Granada a continuación para comprobar este detalle.  
 
No debemos reparar en exceso en las policromías, pues sabemos que a menudo éstas eran aplicadas por personal del taller o por pintores profesionales, pudiendo diferir unas de otras. Ahora lo comparamos con el crucificado de Adra (Almería) y dos de Carcabuey (Córdoba): 
 
 
Con esta comparativa, ya podemos apreciar unas similitudes evidentes tanto en el perizoma como en la anatomía del tórax.
 
En cuanto al tratamiento de la cabeza, pelo y especialmente la barba, si bien no hay lógicamente dos iguales, sí que se aprecia un mismo estilo, con perilla en la barba cuadrangular alargada, dividida en dos rizos casi simétricos:  
 
Este detalle de la barba está también presente en otras obras del escultor, como en el Cristo de la Columna de la cofradía de la Vera Cruz de Priego (Córdoba):  
 
Por tanto, el cúmulo de concomitancias que hemos venido analizando entre imágenes salidas de la gubia del maestro granadino con el Cristo de la Yedra de Écija permiten asignar más adecuadamente, a nivel de atribución y hasta que no se localice un documento que lo acredite, al escultor granadino Alonso de Mena, que tuvo una producción extensísima, con altibajos propios de su dilatada obra y al concurso obligado de sus oficiales de taller. 
 
 
En este caso, sin embargo, se trata de una de sus probables obras personales más logradas, por la magnífica calidad de la imagen. Es probable que sabedor como era del inusitado prestigio de la escuela sevillana, y conocedor del destino de su obra, quisiera subir varios peldaños en la composición y detallismo de este soberbio crucificado, legándonos una de sus mejores obras. 
 
 
Tal es así, que la atribución tradicional al escultor Juan de Mesa dejaría meridianamente claro el esfuerzo de Alonso de Mena por “poner una pica en Flandes”, adaptarse a los gustos de la otra gran escuela andaluza, aprovechando así un encargo de este tipo en plena provincia de Sevilla y su arzobispado. Esta capacidad de adaptación habría servido para a nuestro juicio que esta obra haya pasado como de escuela sevillana.  
 
Una imagen, en definitiva, que refleja la competitividad de ambos núcleos de escultores de prestigio y la existencia de provincias intermedias que en mayor o menor medida se nutrieron de ambas influencias, como son las de Córdoba (donde existen obras de Pablo de Rojas, Alonso de Mena, los Mora o Pedro de Mena, de la escuela granadina, como de Juan de Mesa o de Roldán, de la sevillana). Algo parecido ocurrió en la provincia de Jaén, en cuya catedral trabajó tanto Alonso de Mena como Roldán.
 
La ciudad de Écija no debió ser ajena a este vaivén de obras de ambas escuelas, lo que no hizo sino servir de inspiración, como en otros lugares, para posteriores creaciones de artistas locales o comarcales.
 
En Andújar también recogimos parte de estas influencias. A la Inmaculada de Alonso de Mena que estuvo en el convento de San Francisco, hemos de añadir las imágenes de los Mora de la cofradía de los Dolores del Carmen. También aquí casó el retablista Antonio Primo, en la iglesia de San Bartolomé (FRÍAS, .....) dejando alguna de su obra. Obras de Sebastián de Solís están documentadas, otras como las atribuciones a Montañés, en concreto la de nuestra imagen de Jesús Nazareno, no sabemos si fruto del cariño que los andujareños le tuvieron y la alta consideración del escultor alcalaíno o finalmente ciertas. Ni tenemos documentos, ni tampoco fotografías de nuestro antiguo titular.
 
En cualquier caso, Andújar, por su doble condición de ciudad geográficamente de paso, en el camino hacia Sevilla, bañada como aquélla por el Guadalquivir, y no obstante, inserta “administrativamente” en el arzobispado de Granada y en concreto en el obispado de Jaén, debió ser también, un crisol de influencias durante el Barroco.

martes, 3 de enero de 2017

TEMPUS NAVITATIS SALVATORIS MUNDI

Juan Carlos Moreno Almenara
Hermano Mayor de Cofradía de la Santa Vera-Cruz, de Andújar
 
“Y mientras estaban allí (en Belén) le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su Hijo Primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada”.
Fotografía de nuestro hermano Maudilio Moreno Almenara
 
“Y Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros”.
 
En el tiempo de Navidad los cristianos celebramos el misterio de la manifestación del Señor; su humilde nacimiento en Belén de Judá, su primera venida a este mundo, para redimir a la humanidad de la esclavitud del pecado, expresión del infinito amor de Dios Padre por los seres humanos.
El Santísimo Nombre de Jesús entronizado en nuestra Casa de Hermandad
en la Navidad del año 2010, antes de ocupar su lugar en el retablo del
Señor de la Columna en nuestra parroquia.
 
Su duración abarca desde las vísperas del día 25 de diciembre hasta el primer domingo después de la Epifanía, llamado también domingo de septuagésima, entre dos y tres semanas.
Se desconoce la fecha histórica del Nacimiento de Jesucristo, aunque algunos escritores sagrados y profanos a partir de Clemente de Alejandría (150-215) la han hecho oscilar entre el 17 de diciembre y el 29 de mayo. A principios del siglo II empezó a celebrarse en el Oriente en los primeros días de enero y con preferencia el día 6, la fiesta de la Epifanía o de las diversas manifestaciones del Señor, o sea, su Nacimiento, la Adoración de los Reyes y su Bautismo, fiesta que se había impuesto, para el siglo IV, en casi toda la Iglesia universal.
Cofrades de la Santa Vera-Cruz, de Andújar, durante la solemnidad de
San Juan Evangelita, en el año 2016, visitando la Casa-Hermandad
de la Cofradía Matriz de la Stma. Virgen de la Cabeza.
 
En la antigua Roma las celebraciones de Saturno durante la semana del solsticio de invierno eran el acontecimiento social principal y llegaban a su apogeo el 25 de diciembre con la fiesta del nacimiento del Sol Invicto. Como en las sagradas escrituras no se recogía la fecha del nacimiento de Cristo, el Papa Julio I en el año 350 desglosó de la fiesta de la Epifanía  la memoria del Nacimiento de Cristo, verdadero Sol de justicia, y la trasladó para la Iglesia latina a esa misma fecha con el fin de hacer más fácil la conversión de los romanos al cristianismo sin necesidad de abandonar sus festividades. Finalmente sería el Papa Liberio quien en el año 354 decretaría el 25 de diciembre como el día del nacimiento de Jesús de Nazaret. Hacia el año 375, San Juan Crisóstomo la implantó en Antioquía de donde pasó a Constantinopla, la primera mención de un banquete de Navidad en tal fecha en esta ciudad data del año 379, bajo Gregorio Nacianceno; poco después llegaría a Jerusalén y no sería hasta ya entrado el siglo V, por el año 430, cuando la fiesta del Nacimiento de Jesús alcanzó Alejandría , de donde se extendió por toda la Iglesia de oriente.
La Navidad es un periodo de tiempo que discurre, ininterrumpidamente, en torno al pesebre de Belén, en el que la Iglesia contempla y celebra al Divino Niño Jesús, las primeras y solemnes manifestaciones del mismo a los hombres y la alegría y excelencias de la maternidad de María.
La Sagrada Familia entre sus banderas y encumbrada sobre
el dosel de cultos de nuestra Cofradía durante la Navidad del año 2016.
 
Del relato evangélico de Lucas (Lc 2, 1-21) se deduce que Jesús nació en la humildad de un establo, en el seno de una familia pobre; unos sencillos pastores son los primeros testigos de tan excepcional acontecimiento, son primicia de Israel que acoge al Salvador, y es en esa pobreza donde se manifiesta la Gloria del Cielo, el Hijo de Dios, que se solidariza con los pobres porque “siendo rico se ha hecho pobre” para así enriquecernos en el espíritu “por medio de su pobreza” (Cor 8,9), y se ha hecho hombre por nosotros los hombres y por nuestra salvación.
Es precisamente en un clima de sencillez, de humildad, de pobreza, de confianza en Dios y de solidaridad en el que viene a nacer el “Enmanuel” (Dios con nosotros), valores que se esconden en el misterio de la Navidad, aunque no son los únicos.
Nacimiento del Niño Dios, que cada año don Miguel Martínez
recrea en los salones parroquiales de la Divina Pastora, de Andújar (Jaén).
 
 Alegría y paz, los ángeles anuncian  a los pastores que ha nacido el Salvador del Mundo, “el Príncipe de la Paz” y cantan con alegría el deseo de paz “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que Él ama”, símbolos de la alegría y paz mesiánicas a las que aspira el ser humano.
 
El valor sagrado de la vida, acontecimiento que se realiza en el parto de toda mujer y que en el de María ha hecho visible y posible que el Verbo de la Vida haya venido a los hombres; y el más importante de todos y sin el cual nada sería posible, pues de él surgen todos los demás dones y valores, el amor infinito de Dios, “Tanto amó (el Padre) al mundo que nos ha dado a su Hijo único” (Jn 3,16).
 
“Hacerse niño” con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino (Mt 18, 3-4), para eso es necesario hacerse niño, como Jesús en el pesebre; más todavía, es necesario “nacer de Dios” para hacerse hijos de Dios (Jn 1, 12-13). El misterio de la Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo “toma forma” en nosotros (Ga 4, 19). Como afirmaban los santos padres la Navidad es el misterio por el que el Verbo de hace carne para que el hombre pueda ser Hijo de Dios. El creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de la Virgen María y, hecho hombre sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo, nos da parte de su divinidad.
 
Fotografía de nuestro hermano Jorge Rodríguez Toribio
 
La fiesta litúrgica de la Navidad se caracteriza por el uso del color blanco, por la celebración de tres misas y la celebración nocturna de maitines y laudes, antes y después respectivamente de la primera misa. Ésta  hoy día se suele celebrar a media noche, pero primitivamente en Roma lo era “ad galli cantum” al canto del gallo y conmemoraba el nacimiento del Hijo de Dios en Belén, el canto litúrgico típico de esta misa es el “Gloria in Excelsis”, entonado un día, en ese mismo momento, por los ángeles del cielo. La Iglesia saluda su reaparición en la liturgia, después de haberse privado de él durante el adviento, con alborozados repiques de campana; la segunda misa al despuntar la aurora que conmemoraba la adoración de los pastores, primicia de Israel y la tercera en pleno día conmemoraba la adoración de los magos, primicia de los gentiles y su manifestación a todo el mundo.
El uso de las tres misas debió empezar en Roma durante el siglo V pues en el siguiente ya aludía a él el papa San Gregorio el Magno. Desde entonces, todos los sacerdotes pueden celebrar ese día tres misas; pero los fieles tan sólo pueden comulgar una vez y satisfacen el precepto asistiendo a cualquiera de ellas.
En la Edad Media, después de la Misa del Gallo y antes de Laudes se representaba en muchas iglesias el Oficio de los Pastores, que era una representación escénica el nacimiento del Niño Jesús.   
Nuestro hermano Miguel Ángel Moreno Almenara
recreó este Nacimiento del Niño Dios en nuestra Casa-Hermandad
en el año 2013.
¡PUREZA JUNTO A PUREZA!
 
Durante la octava de Navidad, el día 27 de diciembre, la Iglesia recuerda a San Juan Evangelista, quien tuvo la inmensa dicha de ser el discípulo más amado por Jesús, su nombre significa “Dios es Misericordioso”, era nativo de Galilea e hijo de Zebedeo, escribió el cuarto Evangelio, el libro del Apocalipsis y algunas Epístolas; se encontraba remendando las redes a la orilla del lago de Genesaret, junto a su hermano Santiago “el Mayor” y sus compañeros Simón y Andrés cuando el Señor pasó cerca de ellos y les ofreció hacer de ellos “pescadores de almas”.
También durante la octava el misal señala, en clara relación con el nacimiento de Jesús, para el 28 de diciembre la conmemoración del martirio de los Santos Inocentes cuya sangre fue derramada a causa del rechazo y la animadversión del rey Herodes hacia Jesús, en este día la Iglesia en señal de duelo usa los ornamentos morados y suprime en la misa el gloria, el aleluya y el ite missa est.
A lo largo de los siglos y en todo momento la octava de Navidad ha sido de extraordinario regocijo y además de conmemorar la Matanza de los Santos Inocentes la Iglesia también conmemora, el domingo dentro de la octava, la fiesta de la Sagrada Familia, en la que se celebra el santo núcleo familiar en el que “Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2, 52); finalizaba ésta el 1 de enero con alusiones especiales en la liturgia a la maternidad de la Santísima Virgen María; pero no era día de fiesta, por el contrario si lo era en el ámbito pagano que celebraba en ese día al dios Jano, la Iglesia en desagravio de estas fiestas paganas de año nuevo prescribió, primero preces públicas de penitencia, y luego contrapuso la fiesta de la Circuncisión del Niño Jesús al octavo día de su nacimiento (Lc 2, 21), este acontecimiento es señal de la inserción de Cristo en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley y de su consagración al culto de Israel en el que participará durante toda su vida; para finalmente aunar en un mismo oficio y festividad las tres conmemoraciones: el de la Octava de Navidad, el de la Maternidad de María y el de la Circuncisión, que es la que con carácter preceptivo celebramos hoy día para santificar con ella la entrada del nuevo año civil.  
Misa de acción de gracias tras la bendición litúrgica
de Nuestra Señora de los Dolores y San Juan Evangelista,
en febrero de 2006.
 
Entre la Circuncisión y la Epifanía el 3 de enero la Iglesia celebra el día del Santísimo Nombre de Jesús, que significa “Dios es Salvación”. Invocado por los fieles desde comienzos de la Iglesia, comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas en el siglo XIV. Los franciscanos y entre ellos San Bernardino de Siena propagaron el culto del Nombre de Jesús. En 1530 el papa Clemente VII concedió por primera vez a la orden franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.
 
Santísimo Nombre de Jesús, de nuestra Cofradía
 
 El 6 de enero la Epifanía que es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del Mundo (Mt 2, 1-11). La Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos “magos” venidos de oriente. En estos “magos” representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el evangelio de las primicias de la naciones que acogen, por la Encarnación, la buena nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para “rendir homenaje al Rey de los Judíos” muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David, al que será el rey de la naciones, su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del Mundo sino volviéndose hacia los judíos y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento.
Visita del heraldo real a la Casa-Hermandad de nuestra Cofradía,
CASA-PILATO, decana entre las casas de hermandad de Andújar.
 
El domingo dentro de la octava de la Epifanía la iglesia conmemora el Bautismo de Jesús en el rio Jordán. En este misterio contemplamos la primera manifestación pública de Jesús ya adulto. Los relatos de la vida de Jesús señalan su bautismo como la inauguración de su vida pública y además es la gran teofanía  o manifestación de Dios en que por primera vez se revela el misterio de la Trinidad. Las tres divinas personas se hacen  presentes: El Hijo en la persona de Jesús; el Espíritu Santo en forma de paloma que se posa suavemente sobre su cabeza; el padre mediante la voz de lo alto: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto, en quien me complazco” (Mt 3, 13-17), que proclama la filiación divina de Jesús y lo acredita como su enviado. 
"Bautismo de Cristo", realizado por maese Luis Aldehuela Gómez
que se encuentra en la capilla bautismal del templo parroquial
de San Bartolomé Apóstol, de Andújar (Jaén).

Nuestra Señora de los Dolores junto a San Juan Evangelista
en el Baptisterio de nuestra sede canónica, dispuestos para recibir
la veneración de su cuadrilla costalera en la primera "igualá" del año 2013.
 
Bautismo de Jesús, bautismo de los cristianos; no se trata de simple agua natural se trata de un agua que lleva dentro el fuego del Espíritu Santo, que nos transfigura haciéndonos Hijos de Dios.
 
Al reflexionar sobre el Bautismo de Jesús, comprendemos mejor que aquel Niño que contemplamos en Belén y que fue presentado ante los pueblos por medio de una estrella, ha de ejercer una misión en nombre de Dios, y que sobre el reposa toda la confianza del Padre y toda la fuerza del Espíritu Santo. Más aún, si en Navidad contemplamos al Verbo Encarnado, ahora se manifiesta todo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios se implica en la historia de la humanidad.      

jueves, 29 de diciembre de 2016

VII EXALTACIÓN DE LA NAVIDAD

Escrita y procalamada por don Francisco José Moreno Almenara
para la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno
y Ntra. Sra. de la Estrella 
 
y pronunciada, en la noche del 17 de diciembre de 2016
en el Salón Parroquial de Ntra. Sra. de la Paz,
de Marmolejo (Jaén)
 


Mirad cómo tiene frio,
mirad cómo rompe en llanto
y cómo busca cobijo
en el maternal regazo
este Niño de Dios Hijo
despojado de su rango,
que así viene a redimirnos
y a morir crucificado
por librarnos del estigma
del primigenio pecado.
Mirad cómo en este Niño
lo divino se hace humano.
 

Reverendo Sr. Cura Párroco D. Miguel Ángel  Jurado Arroyo, Señora Presidenta de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Virgen de la Estrella Dª Josefina Centeno Galera y demás miembros de la Junta de Gobierno de la Hermandad, hermanos y amigos todos.
 
 
Gracias en primer lugar a nuestro Párroco D. Miguel Ángel, por su paciencia y por estar siempre que lo necesito. Gracias también a Josefina y a su Junta de Gobierno por la confianza que han depositado en mí para que se a exaltador de esta Navidad, gracias a Manolo Almansa por su presentación y por supuesto gracias a todos vosotros, familiares y amigos que hoy me acompañáis.
 
 
Navidad, tiempo de sosiego, de tranquilidad del alma, son días de reflexión, de conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Navidad es festejar el nacimiento y la llegada de Jesús a la tierra, el día en que nació, nació una esperanza para el mundo entero.
            La alegría de los adornos y de los regalos  esconde  el misterio de la humildad de Dios que nos invita  a la calma y a la sencillez. Roguemos al Señor a que nos ayude a atravesar con la mirada   las paredes deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al Niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz.
Navidad no es la celebración de una fecha, sino la de un hecho, el nacimiento del Salvador, evento absolutamente decisivo en la historia de la humanidad.
            Este hecho fue de tal magnitud que todo el cielo lo celebró como nos dice San Lucas 2, 13-14 “De pronto en torno al ángel, apareció una legión del ejercito celestial que alababa a Dios diciendo: <<Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra Paz a los hombres de buena voluntad>>”.
            El Nacimiento de Cristo no fue el nacimiento ordinario de un hombre ordinario. Fue el nacimiento de la persona más extraordinaria de la historia, un hijo nacido de una virgen por medio de la concepción divina sin tener un padre humano.
            El nacimiento de Jesucristo fue la encarnación de Dios mismo, es decir, el mismo Dios se hace hombre.
 
            El nacimiento de un niño no sólo es alegría de sus padres y de su familia, sino también de la Iglesia. Jesús sentía predilección por los niños y solía rodearse de ellos. A la gente y a sus discípulos les señalaba a ellos como modelos para entrar en el reino de los cielos.
            Pero sobre todo es alegría para la Iglesia porque ellos son el futuro, la esperanza que sigue floreciendo.
            El niño que contemplamos en el nacimiento es el mismo hombre adulto que años más tarde comenzará a anunciar la palabra de Dios, devolverá la vista a los ciegos e incluso resucitará a los muertos.     
            La Navidad se prepara en cada casa, en la parroquia, en cada rincón del mundo. 
Una de las cosas más entrañable en Navidad es la de poner el nacimiento o Belén con las diversas figuras que lo conforman. Esta tradición  empezó en el Siglo XIII cuando a San Francisco de Asís se le ocurre la idea de escenificar el nacimiento de Nuestro Señor con figuras vivas, llevando a cabo tal representación por primera vez en el año 1223 en una aldea de Italia –Greccio-.
Es en el Siglo XIV cuando los franciscanos difunden esta tradición por España, aunque en un principio el Belén quedó restringido exclusivamente  a los conventos.
Poco a poco, esta tradición fue penetrando  de manera admirable en el mundo cristiano hasta llegar a nuestros días.
De manera especial se vive este montaje de Belenes en Marmolejo, donde es tradición desde hace mucho tiempo empezar a hacerlos  en el puente de la Inmaculada.
Recuerdo la primera Navidad que yo pasé aquí en nuestro pueblo, fue en 1985, me sorprendió gratamente ver los nacimientos tan grandes, con figuras de barro y con casas y puentes hechos de manera artesanal y que con tanto detalle ponían nuestros paisanos, los que más me sorprendieron fueron los de nuestro sacerdote “Manu”, el de Sebas, o el del primo Marcelino, tradición que en este último caso continua en su hijo Antonio Javier.
Nada que ver con el que poníamos en mi casa, hecho con serrín y un río de papel de aluminio, y que,  aunque tenía muchas figuras, estas  eran pequeñitas y de plástico.
 
Cuando unos años después, Dolores y yo nos trasladamos a vivir a Marmolejo junto con nuestra hija Sonia,  empezamos poco a poco a formar nuestro propio Belén con  figuras de escayola que pintábamos a mano en  muchas noches de robar horas al sueño, aunque la satisfacción que sentíamos cuando lo veíamos puesto lo compensaba todo. También recuerdo que junto a este Belén ponía el de figuritas de plástico que había en casa de mis padres, ya que siendo pequeño mi hijo Francisco José, este se pasaba muchas horas delante del mismo  jugando con los pastores y los Reyes Magos moviéndolos de un lado a otro, añadiéndole él una gran colección de animales de todo tipo que tenía, no había un día de Navidad en que el Belén estuviese de la misma manera.
Lo cierto  es que nos tiene que dar igual que el Belén sea de plástico, de barro o de escayola, que las figuras sean grandes o pequeñas, que sean artísticos, raros o barrocos …  lo importante es que en cada una de nuestras casas haya uno, que en estas fechas el Niño Jesús esté en nuestros hogares ocupando un lugar privilegiado. El Belén es el mejor catecismo que podemos dar a nuestros pequeños.
Cuando vemos un nacimiento con la Virgen, José y el Niño Jesús, contemplamos a la Sagrada Familia; en ese momento,  todos pensamos en nuestra madre que nos dio a luz, y en nuestro padre. Todos pertenecemos a una  familia humilde que sabe de necesidades y que las cosas se consiguen con esfuerzo. Nuestros padres se preocuparon de mantener la familia y de nuestra educación. En efecto, la misión de los padres no consiste sólo en tener hijos, sino también en educarlos desde su nacimiento y sobre todo educarlos en la fe de Dios.
            Parémonos un rato ante el Misterio, y miremos la cara angelical de ese Niño hijo de Dios, la cara maternal de María como llena de amor mira a su Hijo, y veamos a San José, a ese padre bueno que protege y ama a su familia.
            La Virgen María es modelo incomparable de evangelización, pues no comunicó al mundo una idea, sino al mismo Jesús, el Verbo encarnado.
            Confiemos en la maternal intercesión de María, Madre de Jesús y madre nuestra, para que nos ayude en esta Navidad ya muy cercana a reconocer en el rostro de nuestro prójimo la imagen de Dios hecho hombre, invoquémosla con confianza para que la Iglesia anuncie también a nuestro tiempo a Cristo Salvador.
 
Y confiemos también en la intercesión de San José, carpintero en Nazaret y ejemplo de humildad, obediencia y confianza en Dios, que  aceptó que el hijo que esperaba María era obra del Espíritu Santo, cuidando y amando a ambos hasta su muerte.
NAVIDAD ES ESPERANZA:

            Salmo 62. “Descansa sólo en Dios, alma mía
                                   porque Él es mi esperanza;
                                   sólo Él es mi roca y mi salvación
                                   mi alcázar:  no vacilaré”
La Navidad es un acontecimiento  lleno de esperanza, de gozo y de alegría. El Mesías prometido nació y vivió entre nosotros para traernos salvación y la esperanza de un mundo mejor.
Dios viene a habitar con los hombres, elige la tierra para estar junto a nosotros.
La presencia de Dios en medio de la humanidad no se da en un mundo ideal, sino en este mundo real, marcado por cosas buenas y malas. Él ha elegido habitar en nuestra historia así como es, con todo el peso de sus límites y de sus dramas. Haciéndolo así ha demostrado de forma insuperable su inclinación misericordiosa y llena de amor hacia las criaturas humanas.
            La Navidad es la prueba de que Dios se ha puesto del lado del hombre de una vez y para siempre, para salvarnos de nuestros pecados.
Él sigue con nosotros,  nos llama a seguirle, nos invita a compartir nuestro amor con el que sufre, con el que llora y gime de dolor, con el que está perdido y abandonado, con el que no tiene ninguna posibilidad de esperanza. Debemos proclamar todos los días que nuestra esperanza está en el Señor Jesucristo y en nadie más. Que esa esperanza surge de nuestra fe en Dios todopoderoso y se nutre en la experiencia cotidiana con él y con nuestro prójimo.
            Debemos de tener fe en  la esperanza  de que las promesas de Dios serán cumplidas.
            Todos hemos pasado por momentos en nuestra vida con problemas familiares, médicos o laborales en lo que hemos perdido un poco la Fe y la esperanza en que estos problemas se solucionen.
            Muchas veces buscamos soluciones sin encontrarlas y cuando nos vemos agobiados y sin ilusión buscamos a Dios. Él se convierte en la súplica de nuestro último recurso. Después de haber agotado  todas las otras opciones, vamos a Dios, lo buscamos en la oración y Él siempre está allí, esperando pacientemente como ese Padre bueno que espera a sus hijos. Pero es aquí cuando nos equivocamos, Dios no debe ser nuestro último recurso, debe ser el primero. Debemos ir a Él antes que a nadie, y nuestra esperanza no debe estar en un resultado específico, nuestra esperanza está en Dios propiamente.  Debemos confiar en que Él hará lo que es mejor, y eso puede que no sea lo que nosotros esperamos o deseamos, pero lo que si podemos asegurar siempre es que Dios proveerá su fe para nosotros y que nunca nos decepcionará.
 
NAVIDAD ES AMOR:
Salmo 116       Amo al Señor, por que escucha
                                    mi voz suplicante,
                                    porque inclina su oído hacia mí
                                    el día que lo invoco”

Navidad es compartir el amor que sientes con tus familiares y amigos.
El amor es parte de nuestro ser, que se hace realidad cuando se hace presente.
En Navidad celebramos el regalo más grande dado a la humanidad, el amor de un Padre que entrega a su Hijo para salvarnos a todos.
            Dios mandó a su Hijo con nosotros hace más de dos mil años, y aquí se quedó, Él nos sigue amando, Él con su amor nos regala cada día un día nuevo para olvidar el resentimiento y los agravios, para darnos a los demás y compartir con ellos todo lo que tenemos.
            El camino del amor es dar sin esperar recibir, amar sin expectativas y sin buscar reciprocidad ni compensación.
            Antes he dicho que no hay amor más grande que el del Padre que entrega a su Hijo, pues bien, creo que ese amor los que hoy estáis aquí y sois padres y madres lo conocéis, el amor incondicional que damos a nuestros hijos sin esperar nada a cambio, ese es el mismo amor que Dios nos da a nosotros por ser hijos suyos.
Muchas veces podemos pensar que el motivo que mueve a Dios a hacerse hombre fue el pecado, pero el verdadero motivo fue el amor; no pudo ser el pecado porque de una causa tan horrible como el pecado, no podría brotar un efecto tan extraordinario y generoso como es la Encarnación del Hijo de Dios.
            La causa fue el amor; y la ocasión para que Dios manifestara una vez más ese amor que le desbordaba su corazón fue el pecado de los hombres. Quiso por puro amor y sin estar obligado a nada, salir a la reconquista del hombre, pues Él había venido a salvar a los pecadores.
            No hay nada más hermoso, urgente e importante que volver a dar gratuitamente a los hombres lo que hemos recibido gratuitamente de Dios. ¡EL AMOR¡
 
 
NAVIDAD ES JUSTICIA:

                        Salmo 82         “Proteged al desvalido y al huérfano
                                               haced justicia al humilde y al necesitado.
                                               defended al pobre y al indigente,
                                               sacándolos de la mano del culpable”                                              

            Somos inmensamente afortunados, poseemos un techo que nos protege de la intemperie y de las inclemencias del tiempo, tenemos un sinfín de bendiciones que Dios nos da, y de las que ni nos percatamos, sin embargo olvidamos que en este instante, millones de personas están padeciendo la miseria, el hambre, el frio y la guerra.
En un mundo a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y de poner en práctica la voluntad de Dios.
            La justicia de Dios es su santidad y su gracia. La justicia de Dios es su misericordia y su benevolencia. La justicia de Dios es su perdón.
            El tiempo de Navidad nos invita a dejar nuestro corazón abierto de par en par a la justicia. Esto es lo que nos dice la Navidad.
            Con Jesús el clamor de justicia se hace grito, porque Él se ha encarnado en todos los desposeídos de este mundo.
Jesús viene a darnos justicia, pero no viene para unos pocos privilegiados, viene para todos, especialmente para los que se sienten mal, para los más necesitados, para los enfermos, para los pobres, para los marginados, para los que se sienten solos y abandonados.
            Dios es justo y hará justicia en nuestra vida, Él se encargará de ayudarnos y de transformar las situaciones injustas que nos haya tocado vivir. No nos resignemos al desánimo porque tenemos a nuestro lado al Juez del mundo. Él estará con nosotros y nos hará justicia.
            Tal vez no podamos erradicar de golpe la injusticia, pero si contribuir para aliviar de alguna manera el sufrimiento de los menos favorecidos.
            Tenemos que obrar con equidad,  justicia, transparencia y honestidad, dejando que aflore nuestra verdadera esencia Divina.
            Si actuamos de esta manera estaremos predicando con nuestro ejemplo y haciendo lo que un día,  hecho hombre, hizo ese Niño al que hoy alabamos.
            Cuando hablamos de justicia, hay que hacer una mención especial tanto para las dos ONG’s de la Iglesia Católica,  Cáritas y Manos Unidas, así como para las vocalías de caridad de nuestras hermandades y cofradías que con un trabajo constante, silencioso y en muchas ocasiones mal visto, colaboran y contribuyen a paliar las necesidades de los más desfavorecidos.
 
 
NAVIDAD ES CATEQUESIS:

Salmo 34    “Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor
que los humildes lo escuchen y alegren.

Jesús nace para darnos la buena nueva, para enseñarnos que hay algo mejor, viene a darnos el Reino de su Padre.
Catequesis es transmisión de Fe, la de nuestro Párroco cuando predica o nos enseña con  la homilía, la de nuestros catequistas que a diario  se esfuerzan en enseñar y preparar a unos niños cada vez más sumergidos en un mundo material, donde priman más los regalos y la diversión que el amor a los demás o el amor a Dios,  o la catequesis que más me gusta a mí, la de los abuelos y abuelas que enseñan oraciones a sus nietos, cantan con ellos villancicos delante del Belén  y que acompañan por primera vez a estos a la Iglesia.
            Aprovechemos estas fechas para enseñar a todos lo que tenemos dentro, para que cómo en una catequesis magistral, abramos nuestro corazón, gritemos a los cuatro vientos nuestra Fe, gritemos que creemos en Jesús, en su venida, y sobre todo en su resurrección.
            Sintámonos orgullosos de decir que somos católicos, y hagamos de la vida de Jesús un ejemplo para guiar nuestra propia vida.
 

NAVIDAD ES ACCIÓN DE GRACIAS:

            Salmo 107       “Dad gracias al Señor
                                    por qué es bueno,
                                    por qué es eterna su misericordia”         
Somos rápidos para hacer nuestras peticiones, pero tardamos en dar gracias  a Dios por sus respuestas; porque Dios siempre responde a nuestras oraciones.
            Normalmente nos acercamos más a Dios para pedirle favores que para darle gracias por sus dones. Cuando nos llegan desgracias, acudimos a Él para pedirle ayuda y también para echarle en cara que nos tengan que suceder esas desgracias a nosotros.
Cuando las cosas nos van bien, no nos acordamos de Dios, no sabemos darle las gracias por estar bien. El mérito es nuestro y no tenemos por qué dar las gracias a nadie.
A pesar de los sinsabores de la vida, tenemos mil motivos para ser agradecidos con Dios, con el vecino, con la familia y con los amigos.
            No seamos como los diez leprosos del Evangelio de San Lucas (17, 11-19), que una vez curados sólo uno que era samaritano alabando a Dios a grandes gritos, se echó por tierra a los pies de Jesús dándole las gracias, preguntándose Jesús que si los diez habían quedado limpios, ¿cómo sólo uno volvió para dar gloria a Dios?
El caso es que ser agradecidos es importante, serlo en las cosas pequeñas, en casa, en el trabajo o entre amigos y también serlo en las cosas grandes, cuando hemos pedido ayuda y alguien nos ha sacado de una dificultad grave.
            Es muy importante ser agradecidos porque eso nos hace la vida más amable. Más  amable para quien recibe el agradecimiento porque se  siente apreciado y reconocido, y más amable para quién agradece, porque así reconocemos la importancia que tienen los demás en nuestra vida, y sentimos la alegría de poder contar con ellos.
            Pero sobre todo,  tenemos que ser agradecidos con Dios. Bien sabemos que Él es nuestro Padre y que somos fruto de su amor, pero a veces no nos acordamos, no le decimos que nos sentimos felices porque Él está con nosotros y nos acompaña siempre y nos da fuerzas para seguir adelante.
Tenemos que dar gracias por todas las bendiciones recibidas, por todo el amor que nos fue entregado y podemos sentir y expresar.
Gracias por nuestras familias y nuestros amigos.
Gracias por el don de la vida,  que Él nos dio y sólo Él nos quitará para llevarnos a su lado.
Gracias por su perdón, por su misericordia y por su protección.
Gracias por su amor y su verdad, por fortalecernos.
Gracias por la Eucaristía que es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación. Eucaristía significa ante todo acción de gracias.
 
Navidad es hacer un esfuerzo para que la paz que tanto cantamos y pronunciamos se haga realidad a partir de nuestro buen trato a los demás durante todos los días del año.
En ese sentido se puede decir que Navidad es cualquier día del año en que alguien se acerca a Dios.
Todavía hay muchas personas en nuestra sociedad que son despojadas de los beneficios que pertenecen a todos, y son excluidas del disfrute de las oportunidades económicas y sociales que en justicia le corresponden.
La Navidad tiene que ser un grito que llama a nuestros corazones para decirnos que eso no está bien, que eso no corresponde a una sociedad de gente que se considera buena y que habla de paz a los hombres y mujeres de buena voluntad, no olvidemos que el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene.
            Navidad eres tú cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu corazón. Navidad eres tú cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. Navidad eres tú cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, la alegría y la generosidad.       Navidad eres tú cuando mandas al mundo un mensaje de paz y conduces a alguien al encuentro con el Señor. Navidad eres tú cuando das lo mejor que tienes sin importar a quién se lo das. Navidad eres tú cuando perdonas y restableces la paz con tu prójimo, más aún  cuanto más trabajo te cueste perdonar.
Es Navidad, deseemos la paz unos a otros, hagámoslo de corazón. Si lo hacemos de corazón no nos quedaremos sólo en palabras; si nos deseamos sinceramente la paz, cada uno pasará a su tarea pacificadora y nos convertiremos en constructores de la paz y de la justicia que le es inseparable.
Pidamos por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor,  en la soledad de la sociedad o  en la soledad de un hospital, por los enfermos y por los familiares que los acompañan; por los  familiares y amigos que viven en otros países o en otras ciudades  lejos de nosotros, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios, para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo ha querido traer al mundo.
 
Pidamos a Dios que la violencia sea vencida con la fuerza del amor, que la prepotencia se transforme en deseos de perdón, de justicia y de paz. Que los deseos de paz y amor que nos intercambiamos estos días lleguen a todos los lugares del mundo. Que la paz reine en nuestros corazones y  en nuestras familias para que pasemos la Navidad unidos ante el Belén.
El Niño a quien hace más de dos mil años adoraron los pastores en un pesebre en la noche de Belén, no se cansa de visitarnos en la vida cotidiana, todos los días ocurren milagros aunque nosotros enfrascados en la rutina y en los avatares de la vida diaria no seamos capaces de verlos.
Que importante es ser realmente creyentes. Como creyentes reafirmamos con fuerza en nuestra vida el misterio de la salvación que trae consigo la celebración de la Navidad en Cristo.
En Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida, se nos reveló el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad.
Los cristianos debemos reafirmar con profunda convicción la verdad del Nacimiento de Cristo para así dar testimonio de nuestra fe.
Una de las cosas a las que nos acerca la Navidad es a nuestra niñez. Todos guardamos en nuestro  corazón recuerdos entrañables de estas fiestas, bonitas sensaciones de nuestra infancia y juventud, Navidades que pasamos con nuestra primera familia, con nuestros padres y hermanos; como de niños ayudados de nuestra madre, adornábamos nuestra casa, como cantábamos ante el portal de Belén, y como al final de la Navidad, esperábamos con gran ilusión, ese único juguete que nos traían los Reyes Magos, único juguete que en muchas ocasiones teníamos que compartir con algún hermano. Sentimientos alegres y también tristes o nostálgicos ahora en nuestra madurez,  y en estos días volvamos a hacernos  niños. Ahora somos nosotros los que con nuestra nueva  familia, la que nosotros  hemos creado, adornamos nuestras casas, ahora somos nosotros los que enseñamos a nuestros hijos.
 
Hay muchas personas que dicen que no les gusta la Navidad porque les falta alguien muy querido. Es verdad que son  muchos  los que ya nos faltan, van quedando muchos huecos en torno a la mesa, pero vienen nuevas generaciones, van naciendo nuevas vidas y creciendo la familia con amigos y nuevos miembros.
 
Ahora más que nunca, recordemos a nuestro padre y a nuestra madre, a nuestros hermanos o a nuestros amigos que nos dejaron de forma prematura para reunirse con el Dios al que alabamos. Sintámonos felices aunque ya no estén a nuestro lado, porque ellos partieron para reunirse y esperarnos en la Casa del Padre. Recordemos los buenos momentos que pasamos junto a ellos, todo lo bueno que compartimos, y especialmente  pongamos en práctica lo mejor que nos enseñaron.
Celebremos de manera especial la Noche Buena, unámonos todos ante el Niño que nace, la Noche Buena es la fiesta de la familia.
Jesús ha nacido, ahora no son José y María los que buscan posada, es el mismo Dios el que la busca…. en nuestros corazones para que seamos fieles imitadores de su vida.
Pongamos manos a la obra y aportemos lo mejor de nosotros mismos para que todos los hombres y mujeres de nuestro mundo se sientan más dignos, amados y respetados. Sólo así nos podremos desear ¡¡¡Feliz Navidad!!!
Gracias.