sábado, 21 de septiembre de 2013

DEL VALOR DEVOCIONAL DE LAS RELIQUIAS DE LA PASIÓN


Maudilio Moreno Almenara
 

Si hay una cofradía en Andújar que de forma clara reivindica el valor devocional de las Reliquias de la Pasión, esa es la Vera Cruz. En nuestra cruz de guía figura un titulus crucis, popularmente conocido como “INRI”, muy especial.
 
 
La cruz es portada cada año de nuestra Estación de Penitencia durante la tarde noche del Domingo de Ramos, escoltada por dos faroles y tras el muñidor.

 

A pesar de su sencillez franciscana, la cruz de guía aglutina en sí misma la totalidad de los titulares de la Cofradía: la propia cruz alude al nombre de la corporación veracrucera, el corazón traspasado por la espada del vaticinio de Simeón es el de María Santísima de los Dolores, las cuatro cruces son de San Juan, tienen la forma de la que sirvió de escudo de la Orden de San Juan de Malta. En el reverso, aparece la columna con los flagelos del Santísimo Cristo de la Columna y el titulus, recoge por último el nombre de Jesús Nazareno.
 
 

Pero volviendo al remate de la cruz, es decir el titulus, es un detalle meditado y singular en el que nos detendremos, para explicar su significado y la causa de que aparezca de un modo tan inusual.

 

Se trata de la interpretación completa del fragmento conservado en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma, que llama la atención por su posición retrógrada, o lo que es lo mismo, está escrito al revés, es decir, de derecha a izquierda. Fue pintado por nuestro hermano Juan C. Moreno Almenara y está enmarcado en metal plateado por el orfebre sevillano Álvaro Fernández, autor también del resto de la orfebrería de la cruz.
 
 
La reliquia, conservada en Roma, es una tabla de madera de nogal mediterráneo que mide 14 x 25 cms. y pesa 687 gramos. Las letras están pintadas con tinta negra sobre incisiones y tan sólo se conserva una parte de la tablilla original, ya que está cortada en su extremo derecho, cuestión que explicaremos a continuación.

 

La reliquia se venera en la basílica romana desde tiempo inmemorial. Las guerras obligaron a que fuese ocultada durante siglos, siendo descubierta dentro de un muro de la propia iglesia el 1 de febrero de 1492. Varios años después el Papa valenciano Alejandro Borgia la repuso al culto.

 

Aunque en esta basílica se encuentran varias reliquias de la Pasión, destaca el Títulus Crucis o cartel de la cruz entre todas las demás, de hecho en una de sus paredes aparece una inscripción que así lo indica, dando supremacía a esta auténtica pieza arqueológica. 

 

La tabla se encuentra enmarcada dentro de un relicario cuadrangular en cuya parte superior se dispone en una tabula ansata (inscripción con asas) la reconstrucción completa del texto, es decir, el trozo conservado más el otro, hoy perdido.
 
 

Según San Juan Evangelista el letrero que se dispuso sobre la Cruz de Cristo indicaba el delito por el que fue condenado Jesucristo en tres idiomas: “hebreo, latín y griego” (Jn, 19, 20). Sin embargo, en la pieza conservada en Roma, el orden es: hebreo, griego y latín, es decir, no coincide exactamente con el testimonio de Juan. Este hecho otorga mayor veracidad a la reliquia, pues de haber sido una copia medieval se habría respetado el orden mencionado por el Discípulo Amado.
 
 
Por otro lado, se han realizado estudios paleográficos, es decir, del estilo de la caligrafía, que indican que la inscripción en hebreo puede fecharse entre los siglos I al IV d. C., mientras que la inscripción en griego, se data claramente en el siglo I d. C., existiendo otras inscripciones prácticamente exactas en estilo de época del emperador Tiberio, ya que durante su reinado se produjo la ejecución de Jesús.

La tabla fue hallada por Santa Elena en el año 325 d. C. El hecho es relatado por el historiador Sozomeno en los siguientes términos: “...fueron encontradas tres cruces y otro pedazo de leño sobre el cual en color blanco resaltaba escrito en caracteres hebreos, grecos y latinos: Jesús de Nazaret, rey de los judíos...” Posteriormente el Títulus fue dividido en dos mitades, una de ellas fue enviada a Roma -donde se conserva- y la otra fue venerada durante siglos en Jerusalén. Posteriormente, en el año 614 fue trasladada a Bizancio, perdiéndose durante la cuarta cruzada, es decir, en época medieval (MORENO, 2008, 34).
 

 
 

Este tipo de “INRI” no aparece en las representaciones de Cristo de época renacentista o barroca. Tan sólo se conserva en España una pieza del siglo XVIII, bordada en hilo de oro, que es portada por un nazareno en la cofradía de Jesús Nazareno de Cartagena (Murcia), llamada popularmente de “los marrajos”, en la que curiosamente aparece el letrero tal cual se conserva en Roma, es decir, fragmentado.

 

Se trata de una pieza excepcional que claramente reproduce el auténtico Titulus Crucis romano. Se observa que la parte alta, en la que se tendría que haber trascrito la inscripción hebrea, tan sólo incluye unos trazos sin ningún sentido porque quien la interpretó desconocía totalmente cómo representar en este idioma el letrero. 

Aparte de este extraño bordado, las dos únicas imágenes cristífera que en la actualidad tiene un “INRI” similar al original son el Varón de Dolores de la Cofradía del Sol de Sevilla:

 

y la Cofradía Universitaria de Córdoba, con sede en la iglesia de San Rafael. Su crucificado ha sido tallado recientemente por el profesor Miñarro, basándose escrupulosamente para la representación de Jesús Crucificado, en la imagen que aparece en la Sábana Santa de Turín y en otras reliquias de la Pasión, como el Títulus Crucis.   
 
Su impronta, realmente impresionante, ha sido muy polémica por romper con la tradición imaginera andaluza. Se trata de la plasmación material de una investigación muy profunda realizada durante años. Casi como si se tratase de un C.S.I., se han venido realizando estudios tridimensionales sobre la Sábana Santa de Turín y otra reliquia menos conocida: el pañolón de Oviedo, que han dado como resultado diferentes imágenes que el catedrático sevillano viene materializando en su última etapa artística. Una vía que prima el cientifismo frente al idealismo devocional y que independientemente de su proyección artística, es coherente con su tiempo, en el que las tecnologías permiten visualizar imágenes inimaginables hace años. No cabe duda que la polémica está servida por dos razones: la primera por ser una vía novedosa en una trayectoria imaginera marcada por la tradición, con escaso margen a la innovación, y la segunda, por la intención, no menos controvertida, de identificar el hombre de la Sábana Santa con Jesucristo, teniendo en cuenta que a día de hoy no ha sido refrendada oficialmente por la Iglesia, aunque se trate, desde cualquier punto de vista, de una tela excepcional, que lejos de perder vigencia con los estudios científicos, aumenta su valor.

En resumen, los diferentes estudios realizados sobre el Títulus Crucis conservado en Roma, otorgan veracidad a la reliquia, desechando la posibilidad de una falsificación medieval dado que la paleografía es una ciencia reciente, desconocida en el Medievo, por lo que es imposible que la tabla se realizase en el siglo XV siguiendo modelos romanos, griegos y hebreos de la época de Jesús. Toma pues protagonismo el hallazgo de Santa Elena, que pudo identificar la auténtica cruz de Cristo por tener clavado aún el Títulus.

De la Santa Vera (o Verdadera) Cruz se conservan numerosos fragmentos, aunque salvo algunos de cierto tamaño como los de Santo Toribio de Liébana en Cantabria, Caravaca de la Cruz en Murcia o Santa Cruz de Jerusalén en Roma, que tampoco son muy grandes, la mayoría son minúsculas astillas.

 
 
Lignum Crucis de Santo Toribio de Liébana. El más grande del Mundo actualmente conservado

 

Su Santidad Benedicto XVI, revestido con paño humeral, con el Lignum Crucis de Caravaca de la Cruz
 
 
 
Lignum Crucis de la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma

En determinados casos estas reliquias, incluidas en pequeños relicarios, forman parte de pasos más grandes que procesionan durante la Semana Santa, es el caso entre otros de Valladolid.

 

La Confraternidad de Hermandades de la Vera Cruz posee igualmente una reliquia de la Santa Cruz que procesiona solemnemente la cofradía que cada año realiza la peregrinación anual. El pasado año de 2012 se celebró en nuestra diócesis, en concreto en Vilches, portando la reliquia nuestro Sr. Obispo D. Ramón del Hoyo López con paño humeral como su Santidad Benedicto XVI lo hizo con la Cruz de Caravaca.

 

Muy especial resulta también el culto público que de estas reliquias se hace en algunas cofradías durante sus estaciones de penitencia, como es el caso de la Vera Cruz de Moguer (Huelva), cofradía hermana que actuó como madrina, junto con la Cofradía Matriz de la Virgen de la Cabeza, en la bendición de nuestra amada titular María Santísima de los Dolores y el Discípulo Amado: San Juan Evangelista.

 

Destaca también la Cofradía de la Vera Cruz de Sevilla, que cada Lunes Santo venera públicamente la reliquia del Lignum Crucis, donada en 1944 por D. José Sebastián y Bandarán (ALVAREZ, 1998, 51).

 

El pueblo sevillano, sabedor de la importancia de la reliquia, se acerca a besarla por la calle durante las paradas de la Estación de Penitencia o a tocarla durante su transitar

 Es precisamente el amplio número de estos pequeños fragmentos lo que ha servido para que algunos escépticos hayan indicado que, sumadas, harían una cruz de kilómetros de longitud, aunque parecen desconocer que la cruz en la fue crucificado Nuestro Señor Jesucristo no era una miniatura, ya que el stipes o brazo de la cruz hincado en el suelo solía medir unos quince pies romanos, es decir 4,41 m. aproximadamente, mientras que el patibulum, o travesaño, medía ocho pies romanos, unos 2,35 m. (CARRERO, 1996, 258 y 318).
 
 

A este respecto no hay nada más que visitar alguna carpintería para saber de primera mano que de una viga de madera pueden salir cientos de miles de milimétricas astillas, sin que en la actualidad exista, ni muchísimo menos, tan crecido número de reliquias de la Vera Cruz, sobre todo con Auténtica, es decir, con el refrendo oficial de que han sido obtenidas de una reliquia mayor.
 
 

 
Nuestra cofradía ha logrado obtener un Lignum Crucis con su Auténtica en el año 2012. Será durante el Año de la Fe cuando (D.m.) por primera vez procesione por las calles de Andújar para reivindicar la fe del pueblo andujareño. Un sueño materializado que hunde sus raíces en la base misma de nuestra cofradía, que lleva ya casi seis siglos venerando la auténtica Cruz de Cristo, la Santa Cruz.... la Verdadera o Vera Cruz.    

 Bibliografía

 ALVAREZ MORO, Mª N.C. (1998): Historia y Arte en la Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla, Sevilla.

CARRERO RODRÍGUEZ, J. (1996): Diccionario cofradiero, Sevilla.

CATTONI, A. (2010): “La verdadera historia del Titulus Crucis”, Pasión en Sevilla nº 23, pp. 20-22, Sevilla.

MORENO ALMENARA, M. (2008): “El Titulus Crucis, conocido popularmente como INRI”, Boletín de la Cofradía de la Vera Cruz de Moguer, 33-34, Moguer (Huelva).

lunes, 15 de julio de 2013

LA EFIGIE DE DON FRANCISCO TERRONES DEL CAÑO


            Artículo escrito por Maudilio Moreno Almenara


 Introducción

 
Escribimos este pequeño artículo como humilde homenaje de nuestra cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar al obispo D. Francisco Terrones del Caño en el cuarto centenario de su muerte. Fue uno de los hijos más ilustres y destacados de nuestra ciudad, muy querido por el mayor monarca de la Cristiandad: D. Felipe II. Pasó buena parte de su vida fuera de su ciudad natal, a caballo entre Granada, Madrid, Tuy y León, precisamente así fue como logró el gran prestigio que tuvo en su tiempo, no obstante, nunca olvidó su Andújar del alma, y en ella quiso que sus restos mortales descansasen para siempre. Escribió un famoso tratado, llamado Arte o Instrucción de Predicadores, publicado unos años después de su muerte, en concreto en 1617.
 
Ahora, su memoria permanece lamentablemente olvidada a tenor de que no ha habido ni un leve recuerdo en esta efemérides para quien fue el artífice de la traída de la reliquia de San Eufrasio, patrón de Andújar y de la diócesis de Jaén.
La cofradía de la Vera Cruz, que fue su primera escuela cristiana merced al cargo de gobernador que ostentó su padre, D. Lorenzo Terrones, no le olvida y pretende en estas breves letras ensalzar su figura y recordarla poniéndole rostro. Un rostro que necesitamos, porque durante la Guerra Civil su efigie, que presidió el presbiterio de la iglesia de San Bartolomé, fue salvajemente mutilada y al parecer, con ello, su memoria. Pero esta cofradía, que cuenta con más patrimonio inmaterial que material, sabe ser calladamente agradecida con quienes, de un modo sobresaliente, han forjado su Historia con letras de oro. Su legado podrá haber sido parcialmente destruido a lo largo del tiempo por la barbarie de las guerras, pero su memoria no, para eso estamos los suyos.    
 
  

En un lateral de la capilla mayor de nuestra parroquia de San Bartolomé existe una larga inscripción[1] con una singular forma, rematada en el frontón superior con el escudo de un obispo. Éste no es otro que el de D. Francisco Terrones del Caño (1551-1613), obispo de Tuy y de León y confesor del rey Felipe II.

La forma de la inscripción deja un espacio vacío en forma de “L”, en la que se dispuso un rebanco o peana sobre la que quedó instalada su estatua orante,[2] hoy conservada en dependencias parroquiales. La estatua fue decapitada durante la Guerra Civil, lo que nos ha privado de conocer el rostro de uno de los personajes más ilustres de Andújar.
 
 
Igualmente el sepulcro del obispo fue profanado, esparciendo sus restos mortales, aunque la urna aún se conserva en el patio de la parroquia. Se trata de una sencilla caja de piedra donde se introdujeron en su día sus huesos, procedentes del convento de San Agustín de Mansilla, lugar donde fue enterrado en 1613.    
 
 
El monumento funerario fue terminado en el año 1651, es decir, casi cuarenta años después del óbito del obispo. Para cumplir sus deseos fue desenterrado de su sepulcro de Mansilla, siendo ya su cuerpo meros huesos, que se introdujeron en esta urna dispuesta junto a su estatua orante.
La razón de este privilegio no fue otra que la concesión por el obispo de Jaén, D. Sancho Dávila y Toledo, el día 14 de febrero del año 1607 del patronazgo de la Capilla Mayor de la iglesia parroquial de San Bartolomé de Andújar (GALIANO, 2003, 243). Como contrapartida, D. Francisco se comprometía, entre otras cosas a finalizar la construcción de la iglesia de San Bartolomé, ya que dos bóvedas de la nave del Evangelio estaban aún sin cubrir. Se trata de las dos bóvedas más próximas a la torre, es decir, aquella en la que se encuentra el retablo de San Antonio y la contigua. Por aquel tiempo, un testigo declaraba que “...arreconocido que las dos bobedas de la nave colateral del lado del evanjelio, la deensima del altar de Sn Joseph Y la que le sigue Son de diferente obra de las demás.”.[3] Efectivamente estas dos bóvedas son diferentes y fueron las que remató D. Francisco Terrones. En cuanto al altar mencionado, sabemos por un testamento del año 1759 que existía por aquel entonces en la iglesia de San Bartolomé (PALOMINO, 2003, 152), y estaría donde hoy se encuentra el de San Antonio, instalado tras la Guerra Civil.
 
 
Además, se obligó a construir el retablo mayor, que hasta la Guerra Civil presidió el presbiterio, así como dos púlpitos, reja de madera, cripta, etc., todo ello a cambio de que entre otras cosas, su familia pudiese ser enterrada, en exclusividad, en la nueva cripta.  
La tardanza en la ejecución total de estos compromisos debido a sus elevados costes y algunos cobros que quedaron pendientes a su muerte tuvieron como consecuencia una nutrida documentación que aún hoy se conserva. Uno de estos documentos, es un libro que recoge numerosas noticias del patronazgo y el cumplimiento de sus obligaciones, realizado a mediados del siglo XVII y que posiblemente fue compuesto por sus sucesores para reunir toda la extensa documentación dispersa generada hasta ese momento. En este libro destaca la anotación de que el retablo mayor fue realizado por el retablista Francisco de Erias,[4] dato hasta ahora desconocido.
 
 
Este entallador y constructor de retablos, trabajó en talleres tan relevantes como el de Blas de Bliñón o el de Sebastián de Solís, al que se adjudican notables obras retablísticas como el que presidió la capilla mayor de Santa María de Andújar, o el de la Catedral de Jaén. Aparte se le atribuyen obras tan sobresalientes en imaginería como el grupo del Calvario de Jaén e incluso la imagen de Jesús Nazareno, el Abuelo.
Francisco de Erias hizo en 1611 el retablo mayor del Santuario de la Virgen de la Cabeza siguiendo el diseño de su maestro Sebastián de Solís (DOMÍNGUEZ, 2010, 263-264). Ese mismo año había finalizado el retablo mayor de San Bartolomé, encargado por D. Antonio Terrones Robles en representación de su primo D. Francisco.[5] El dorado no se hizo esperar, concertándose el 16 de enero de 1612 con el dorador de Andújar, Juan Martínez (GALIANO, 2003, 243). 
No se conservan fotografías completas del retablo, aunque sí dos instantáneas, una de la parte baja y otra de la parte alta.[6] A partir de éstas puede advertirse que fue de tres calles separadas por columnas estriadas doradas. En la coronación de las calles laterales se dispusieron las armas de D. Antonio Terrones Robles y quizás las de su esposa Dª María Terrones del Caño.[7] La calle central quedó rematada con una talla de Cristo crucificado. La mayoría del retablo se compuso con lienzos, que nos describió D. Enrique Romero de Torres en su Catálogo Monumental de la Provincia de Jaén. Éstos fueron: El central, de tamaño natural con el Martirio de San Bartolomé y a los lados en formato apaisado varios lienzos con pasajes de la Pasión: Jesús en el Huerto, Cristo Flagelado, Cristo coronado de espinas, Cristo en la calle de la Amargura... Los lienzos laterales, según la descripción de D. Enrique, eran mejores en calidad que el central.
Estas pinturas debieron encargarse en estas fechas. Como dato a tener en cuenta, en las listas de hermanos de la cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar de finales del siglo XVII se menciona a un pintor local, llamado Alonso Camacho, padre de Bernabé Camacho, que no sabemos si también lo fue.
En una de las fotografías conservadas puede apreciarse la parte baja del retablo, una vez que delante de él, y tras la Desamortización del año 1835, se había instalado en la capilla mayor el coro del entonces suprimido convento de los Mínimos de la Victoria:
 
 
Como curiosidad, y según nos informa el Dr. Domínguez Cubero, participó en las obras del retablo del Santuario realizado por Francisco de Erias un artista llamado Alejo de Arteaga, que hizo en yeso unas cartelas donde quedaría asentado “la osamenta” del retablo (DOMÍNGUEZ, 2010, 265). Pues bien, este artista que trabajó en el Santuario de la Virgen de la Cabeza hacia 1611 también aparece en las listas de hermanos de la cofradía de la Vera Cruz de finales del siglo XVI, como entallador, es decir, como escultor:
 
Tras hablar de las obras acometidas por D. Francisco como patrono de la Capilla Mayor de San Bartolomé, nos centraremos en su figura. Fue el hijo más destacado de la numerosa prole (12 hijos) que tuvo D. Lorenzo Terrones, gobernador de la Cofradía de la Vera Cruz de Andújar[8], con Dª Ana del Caño.

 
 
Muchos de sus hijos adquirieron importantes rangos eclesiásticos y civiles. Así, D. Lorenzo Terrones, de igual nombre que su padre, pasó a América donde fue oidor en la ciudad de Méjico y perteneció al Consejo de la Inquisición y Guerra. Otro hermano del obispo fue D. Antonio Terrones, Colegial Mayor del Colegio de Cuenca, también del de Salamanca, Canónigo Magistral de la Santa Iglesia de León, Canónigo de la Iglesia de Toledo, etc. D. Francisco Terrones del Caño fue Colegial Mayor del Real Imperial Colegio de la Ciudad de Granada, Canónigo Magistral de la Santa Iglesia de Granada, Predicador insigne del Rey Don Felipe II y del Consejo de la Inquisición, Obispo y Señor de Tuy y después de León.
Tuvo igualmente D. Francisco, otros dos hermanos frailes: Fray Mauro, de la orden benedictina y Fray Juan Terrones, de la orden de San Francisco de Asís.
El patronazgo de la capilla recayó en su primo D. Antonio Terrones Robles en tanto estuviese casado con su sobrina Dª María Terrones Villarreal, hija de su hermana Catalina, una de las razones de que este patronazgo fuese a parar a su primo es que como hemos indicado muchos de sus hermanos fueron religiosos, de ahí que no tuviese muchos sobrinos.
D. Antonio Terrones Robles, que al contrario que sus parientes permaneció la mayor parte de su vida en Andújar aunque fuera natural de Jaén, fue regidor perpetuo de la ciudad y su primer historiador, publicándose en el año 1657 el libro sobre la Vida y Martirio de San Eufrasio.

 
Tal y como nos relata el historiador D. Carlos de Torres Laguna en su libro Andújar Cristiana, fue el obispo D. Francisco Terrones quien al coincidir con el Padre Fr. Pedro Barba, Abad de San Benito el Real de Valladolid y General de su Orden, hablaron de las reliquias del mártir San Eufrasio existentes en una iglesia custodiada por la orden benedictina en Valdemao. En ese preciso instante el Obispo pidió al General de la Orden Benedictina, una reliquia aunque este último requirió que fuese con licencia expresa del rey.
Dada la enorme influencia del obispo en la corte del Rey Felipe II la licencia no se hizo esperar, de tal modo que su mediación y el afán del monarca por “coleccionar” reliquias para el monasterio del Escorial del rey, hicieron el resto. Fue así como en 1596 se sacaron del sepulcro, un hueso del brazo de San Eufrasio para la ciudad de Andújar y tres más pequeños para el rey. Unos meses más tarde, en concreto el 11 de Mayo de 1597, el hueso del brazo de San Eufrasio llegaba a Andújar.
Resulta curioso que la reliquia fuese al convento de los Trinitarios de Andújar y no al de San Francisco o a la iglesia de San Bartolomé, probablemente se deba a la mediación de su patrono, D. Alonso Serrano de Piédrola, también hermano de la Cofradía de la Vera Cruz. Esta vinculación a través del núcleo principal de hermanos de la cofradía de la Vera Cruz se hizo valer en la traída de la reliquia y en su instalación en un lugar preeminente del nuevo convento trinitario.

 
Es posible que el primer intento fuese en el convento de San Francisco, pero también es probable que el linaje Cárdenas, que tenía el patronazgo del convento franciscano, no congeniara especialmente bien con los Terrones, tal y como nos señala el insigne historiador Bartolomé Bennassar (BENNASSAR, 1983, 319).
Puede considerarse un recelo bastante normal de un rancio abolengo andujareño como el de los Cárdenas, ante la meteórica carrera e influencia que adquirieron los Terrones entre los siglos XVI y XVII.


 
La reliquia se dispuso en un relicario en forma de brazo, cuya ejecución recayó en el escultor Francisco de Erias, el mismo al que el obispo D. Francisco Terrones encargó el retablo mayor de San Bartolomé.
Posteriormente, en el año 1608, se le hizo el definitivo relicario de plata, por el platero de Baeza, Alonso de Bonilla (PALOMINO, 2003, 213-214).
Pero toda esta pléyade de insignes personajes, muchos de ellos vinculados de modo directo o indirecto con la Cofradía de la Vera Cruz, cobran especial significación cuando se les pone rostro. Así, hemos encontrado un cuadro, custodiado en el Museo de Bellas Artes de Granada, pendiente de restauración y en regular estado de conservación,[9] que no obstante, retrata al obispo D. Francisco Terrones del Caño. Procede del Colegio de Santa Catalina de la ciudad, que nuestro obispo presidió, formando parte de la galería de sus personajes ilustres.  

 
Sirvan pues estas letras para conocer el rostro del hijo más ilustre de nuestro gobernador D. Lorenzo Terrones. Un personaje que no ha merecido ningún reconocimiento en nuestra ciudad, al contrario que en la capital cordobesa, donde tiene una calle[10] en el barrio de San Basilio.

 
Un hecho curioso en su vida es que el papa Paulo V le oyó predicar en Madrid con motivo de la visita realizada por su Santidad para otorgar la rosa de oro a la infanta doña Isabel, quedando admirado de su capacidad oratoria.
 
 
Este sumo pontífice le envió facultad para que bendijera más de 200 imágenes, cruces o medallas, concediéndoles muchísimas indulgencias (GALIANO, 2003, 215). Curiosamente fue Paulo V quien benefició en 1606, con una bula de agregación a la Archicofradía del Santo Cristo de San Marcelo en Roma, a la cofradía de la Santa Vera Cruz por la que tanto se había desvivido D. Lorenzo Terrones, padre de nuestro obispo.
Es posible que el hijo de D. Lorenzo, Francisco, que recibió el nombre de la orden en cuyo convento andujareño tenía sede su cofradía de la Vera Cruz, intercediera ante el Papa, que tanto le admiraba. Sería así como la cofradía vino a ser recompensada por esta insigne familia y su influencia, quedando su nombre marcado con letras de oro en la Vera Cruz de Andújar. Qué paradoja de la Historia, que el presbiterio que él quiso para entierro suyo, el de su padre, insigne gobernador de la Vera Cruz y el de sus sucesores, sea hoy, cada Cuaresma, donde reciban solemnes cultos los titulares de su cofradía, cuando en su tiempo nunca fue su sede esta iglesia. En nuestros corazones veracruceros, D. Francisco Terrones, patrono de la Capilla Mayor de San Bartolomé, está presente, pues su capilla nos cobija cada año como si nos invitase a su casa, a esta cofradía que fue la morada inmaterial de su amado padre.[11]      
 
 
En pequeño homenaje a nuestro más insigne andujareño, esta cofradía a partir de un pequeño sello conservado cuando era obispo de Tuy, ha realizado otro con el objetivo de incorporarlo a algún elemento de nuestra Estación de Penitencia, para reivindicar su memoria y que él nos acompañe como lo haría de pequeño cuando su padre era gobernador de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar. 


 
BIBLIOGRAFÍA.
 BENNASSAR, B. (1983): La España del Siglo de Oro, Barcelona.
DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (1985): Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad, Jaén. 
DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (2010): “Retablos mayores en el Santuario de la Virgen de la Cabeza”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 202, 255-275.
GALIANO PUY, R. (2003): “Biografía del doctor D. Francisco Terrones del Caño, predicador real y obispo que fue de Tuy y León”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 183, 207-255.
PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.
TORRES LAGUNA, C. (1956): Andújar Cristiana, Andújar (Jaén).



[1] La inscripción está dividida en tres zonas. La que nos interesa, que es la superior, presidida por su escudo episcopal, alude al obispo D. Francisco Terrones del Caño y dice así: Aquí yace el Ilmo. Sr. D. Francisco Terrones del Caño. Fue Colegial Mayor del Real e Imperial Colegio de la Ciudad de Granada, Canónigo Magistral de la Santa Iglesia de la Ciudad de Granada, Predicador insigne del Rey D. Felipe II y del Consejo de la Inquisición, Obispo y Señor de Tuy y después de León. Murió en edad de 63 años en el año 1612 (es una errata, murió a los 62 años en 1613). Fundó las memorias y aniversarios en esta Capilla, de la que era patrono y dejó para la fábrica de ella 1000 ducados de renta y por patrono de ella y de las memorias a D. Antonio Terrones Robles, su primo hermano, Regidor Perpetuo de la ciudad de Andújar (GALIANO, 2003, 247).
[2] Las estatuas orantes aparecen siempre de rodillas con las manos juntas, de ahí la forma en L que tiene el recuadro blanco, donde en otro tiempo estuvo la estatua que ahora se encuentra en dependencias parroquiales.
[3] Anteriormente y a efectos de conocer las capillas colaterales existentes se menciona que “En la nave colateral del evanjelio, no están cubierta Oy aquella en cuio arco esta El Santo Chirsto En la cruz ni al final de esta obligazon estava cubierta la de Sn Roque que en mi tiempo se vendio al lizdo Benito Ximenez Y El le hisso la bobeda que si tiene...” Se trata de testimonios que tienen que ver con un litigio por el patronazgo de la capilla y cuyos compromisos tardaron en cumplirse unos años por la muerte de D. Francisco Terrones del Caño. En lo que respecta a las devociones existentes en la parroquia, J. Palomino nos informa de la existencia de un Santo Cristo de las Penas, que debió ser este mismo Cristo en la cruz que menciona el documento, puesto que la anotación primera de Palomino es del año 1682, próximo en fecha a la del documento que mencionamos (PALOMINO, 2003, 151-152) pero que no explicita qué tipo de  escenografía de la Pasión se representaba con la imagen. 
[4] Se indica que la hechura del retablo costó 2.500 ducados en su totalidad (incluyendo lienzos), además de 700 ducados más para dorarlo. En otra parte del documento se indica que D. Antonio Terrones Robles, como sucesor en el patronazgo hizo un memorial y declaración de las deudas que tenía su primo respecto a los compromisos adquiridos por su patronazgo. Se hace mención a los pagos efectuados, indicándose “a franco de irias de seiszientos Ducados en que se Concertó azer el retablo dela dcha Capilla, se le andado Duzientos Dus Por mano deantonio lopez de zuñiga de que ai Carta de Pago y mas lea pagado otras partidas, Dn  Antonio Terrones Rexidor de anduxar devere El Resto....”  
[5] Es probable que al igual que en el caso del retablo del Santuario de la Virgen de la Cabeza, las trazas fueran proporcionadas por Sebastián de Solís, ya que tenía un aire similar al que hubo en el presbiterio de Santa María de Andújar hasta la Guerra Civil, que está documentado como obra suya.
[6] Esta fotografía se conservaba en la parroquia. Se hizo con motivo del monumento realizado en el altar mayor para los cultos del Sagrado Corazón. Para esta ocasión se ocultó casi todo el retablo con una tela, que no obstante, no alcanzó el remate del retablo.
[7] Existía parentesco entre ambos cónyuges. Dª María Terrones del Caño era sobrina del obispo, mientras que D. Antonio Terrones era su primo. Estos casamientos no fueron infrecuentes entre la nobleza, en muchas ocasiones se buscaba la obtención de privilegios. 
[8] Como tal figuró en la Concordia celebrada con la cofradía de Santo Domingo de Andújar, del año 1654  (el que aparece en la fotografía) y también en la Concordia celebrada con el convento de San Francisco de Asís de Andújar, del año 1679. Archivo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Andújar.
[9] En la actualidad estamos gestionando la obtención de una mejor fotografía del cuadro, único que sepamos en el que se retrata el rostro de este insigne andujareño.
[10] La causa es que los abuelos de D. Francisco eran naturales de la localidad cordobesa de Villafranca. Pensamos que serían los padres del gobernador de la cofradía D. Lorenzo Terrones, ya que su mujer, Dª Ana del Caño, era hija de Juan del Caño el Viejo y Catalina Rodríguez, que sepamos, oriundos de Andújar. 
[11] Sabemos que bajo el presbiterio de San Bartolomé existe una cripta que fue enterramiento de este linaje. Desconocemos si fue saqueada también durante la Guerra Civil o permanece oculta a día de hoy sin daños. Lo que sí sabemos es que fue deseo (no sabemos si cumplido por sus sucesores), que los padres de D. Francisco, es decir, Dª Ana del Caño y nuestro gobernador, D. Lorenzo, descansasen allí. Cabe pues la posibilidad de que los restos mortales de uno de nuestros más insignes gobernadores esté con su cofradía cada Cuaresma, cuando su Santa Vera Cruz celebra solemnes cultos a sus titulares, más de cuatrocientos años después de su muerte.

sábado, 29 de junio de 2013

ÚLTIMA SABATINA A NUESTRA MADRE Y SEÑORA HASTA SU FIESTA EN SEPTIEMBRE

 
En la jornada del pasado sábado celebrábamos, al término de la Sagrada Eucaristía, la Salutación Sabatina a Nuestra Madre y Señora, la Santísima Virgen de los Dolores.

 
Como en cada uno de los días en los que celebramos este encuentro ante nuestra Madre, el tercer sábado de cada mes, los cofrades de nuestra Hermandad de la Santa Vera-Cruz han venido ofreciendo alimentos de primera necesidad y amplia fecha de caducidad, para que Cáritas Parroquial de San Bartolomé distribuya entre las familias más necesitadas de nuestra feligresía.
 
Hemos aprendido de nuestros hermanos y hermanas la verdadera razón de nuestra condición de cristianos comprometidos con la verdad, con el camino que Cristo nos muestra, con nuestro ser como Comunidad cristiana.


 
En los retablos de la Cofradía, nuestros benditos Titulares mostraban ya sus galas para el tiempo de estío.
 


 
La Sagrada Eucaristía estuvo dedicada al final del curso catequético de los Equipos de Nuestra Señora, matrimonios cristianos que viven su fe y comparten oración como parte de la vida de nuestra Comunidad Parroquial.

viernes, 21 de junio de 2013

ANTE JESÚS ATADO A LA COLUMNA XXIV - LO ESCRITO SOBRE LA ESCUADRA DEL SEÑOR DE LA COLUMNA



CONSTITUCIÓN DE LA ESCUADRA DE N. P. JESÚS DE LA COLUMNA DE LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE ANDÚJAR

Rafael Frías Marín

Revista Alto Guadalquivir, Especial Semana Santa Giennense, Cajasur, Jaén, 1998

Las cofradías penitenciales, que con tal carácter se formalizan en Andújar durante el siglo XVI, experimentan un gran desarrollo a lo largo de toda la centuria siguiente, con la incorporación de nuevos titulares, la configuración definitiva de los cortejos penitenciales y su estructuración en órganos internos denominados escuadras o hermandades, que con cierta autonomía se gobernaban con sus propios reglamentos, pero siempre supeditadas a la cofradía que las englobaba.

En el presente trabajo abordamos la reglamentación y el devenir histórico de la escuadra de Nuestro Padre Jesús de la Columna, una de las que formaban parte de la cofradía de la Santa Veracruz con sede en su capilla lateral de la iglesia del convento de San Francisco de Asís, utilizando como base documental el libro de ordenanzas y cabildos de dicha escuadra, que abarca cronológicamente desde el año 1697 a 1785. El 3 de enero de 1697 se constituye esta corporación redactándose los treces artículos de los estatutos para su regimiento. El patrimonio con el que contaba en estos momentos consistía en “una arca con dos llabes y en ella ciento y cincuenta y siete libras de cera, veinte y dos túnicas de bocadillo, ciento y ocho reales de bellón, un gallardete de tafetán doblete con su escudo de Nuestro Padre Jesús de la Coluna, otro gallardete de damasco con su escudo de Nuestro Padre Jesús de la Coluna, y una bara con su cruz para dichos gallardetes”.

La escuadra se presidía por un hermano mayor y dos fiscales, en cuyo poder debían estar las llaves del arca (Cap. I). Eran los encargados de tomar las firmas de los sacerdotes a cuyo cargo estaba el decir las misas a los difuntos, dando cuenta de ello y de todos los ingresos y gastos al cumplimiento de sus cargos (Cap. IV).

Los nuevos cofrades, que se admitían en cabildo, debían contribuir con ocho libras de cera y una túnica nueva de bocadillo o el dinero en efectivo de su valor (Cap. VIII), con la salvedad de aquellos que fuesen hijos de componentes difuntos, en el que se contempla el derecho a sucederle sin pagar las cuotas de ingreso (Cap. XII).

Las obligaciones y deberes a las que estaban sometidos sus componentes eran las de pagar la cera necesaria para la procesión del Jueves Santo y la asistencia a los entierros (Cap. II) de los miembros de la escuadra, de sus mujeres y sus hijos, portando el cadáver a hombros (Cap. XIII) y acompañándolo con doce hachas de cera y el gallardete en los dos primeros casos, y seis hachas y el gallardete en el tercero (Cap. III), penalizando la ausencia injustificada –enfermedad o ausencia de la ciudad- con un real (Cap. V). En el momento de la muerte debían avisar al gobernador de la cofradía para tocar la campana, juntar la escuadra y sacar del arca el dinero necesario para el pago de las misas, la cera y el gallardete (Cap. VI). Así mismo se les asistía con diez y seis misas de cuerpo presente (Cap. IV), que pagaban los cofrades hasta que la escuadra contase en su patrimonio con al menos cuarenta túnicas y cuarenta hachas de cera de cuatro libras (Cap. IX).

Otras obligaciones eran la de pedir limosna cada mes (Cap. XI), decir el día de la octaba de difuntos una misa cantada con diáconos en la capilla de la Santa Veracruz en sufragio de las almas de todos los oficiales muertos (Cap. VII) y el asistir con cuatro túnicas y dos hachas de cera la bandera de la cofradía el año en que la escuadra fuese la encargada de sacarla (Cap. X).

Entrando de lleno en la abundante información que los cabildos anuales nos dan, llegamos a conocer que la escuadra se hacía acompañar con una capilla de música en la procesión del Jueves Santo y en el miserere que se cantaba en la capilla de la cofradía el tercer viernes de cuaresma. El ansia de mejora y de renovación de su patrimonio mueble les lleva a encargar en 1719 un “sielo y goteras de damasco morado, alfombrilla de lo mismo, velos y bolantes para las andas”, en 1721 se hace un nuevo altar que en 1722 se estaba pintando y en 1734 se paga a Francisco Guzmán diez y seis reales de un marco para este mismo. La imagen del Señor sufre varias actuaciones durante el siglo XVIII, en 1717 el maestro dorador Francisco Pérez se encarga de barnizarla, en 1731 sería el pintor Francisco Ramos el encargado de retocar su policromía y en 1741 nos encontramos un descargo destinado a la compra de una peluca para esta talla.

De entre los acuerdos destacamos el del 31 de marzo de 1720 en el que se decide que el encargado de sacar el gallardete sea el próximo sucesor en el cargo de hermano mayor, el del 25 de julio de 1726 por el que establecen con la comunidad de franciscanos el compromiso de decir las “diez y seis misas” a cada difunto y la asistencia de ocho religiosos a los entierros, el cabildo de 28 de marzo de 1728 “acordó que los cuatro orquilleros de esta escuadra se les acuda con las misas y demás operaciones que a cualquiera oficial della con tal que no an de pagar cosa alguna por razón de su entrada, sólo si que an de contribuir y repartir a cada uno lo que a los demás oficiales” y el 7 de abril de 1744 donde se decide que cuando le tocase a esta hermandad sacar la bandera de la cofradía lo debía de hacer el hermano mayor del momento y los dos anteriores en su cargo acompañados por seis hombres con túnicas en su recibimiento”.