miércoles, 25 de febrero de 2015

COFRADÍA DEL CRISTO DE LA COLUMNA DE SANTIAGO DE ANDÚJAR

Maudilio Moreno Almenara
 

Una de las cofradías más importantes de Andújar en el siglo XVIII fue la del Cristo de la Columna de la suprimida iglesia de Santiago de Andújar. La fundó el presbítero D. Bartolomé Berdejo y Cabrero, quien también redactó sus estatutos, aprobados el día 22 de Abril de 1674 (TORRES, 1956, 282). La imagen existía con antelación, y fue concebida como pieza de retablo, pues su parte posterior está tratada toscamente. El retablo que tuvo por estas fechas de fundación debió ser el que aparece en un magnífico grabado realizado por el afamado pintor cordobés Antonio Palomino, y del que se conservan, que sepamos dos copias: una en la Biblioteca Nacional de Madrid y otra en el Archivo de la Real Maestranza de Ronda. No está fechado, aunque se menciona al Cardenal Astorga, o lo que es lo mismo, a D. Diego de Astorga y Céspedes, que alcanzó este rango en el año 1727.
 
 
 
El grabado, no obstante, debería estar realizado un poco antes, pues el pintor Antonio Palomino, natural de Bujalance (Córdoba), murió en Madrid en 1726.
 
 
Aparece en él la imagen con faldellín sobrepuesto, anudado a un lado y abarcando incluso la columna, pues al quedar la cadera de la imagen pegada al símbolo de la Pasión, resultaba imposible hacerlo de otro modo.
 

 
La hornacina representada debió ser de madera, con gran venera en la parte superior y decoración barroca en el fondo y en los laterales.
Ya unos años antes de la aprobación de sus estatutos, salía en procesión el Domingo de Pasión,[1] es decir, fue la devoción en torno a esta imagen la que favoreció la organización de la cofradía. El Cristo de la Columna de Santiago tenía fama de milagroso y fue frecuente que se sacara en rogativas, especialmente cuando había sequía. Entre otros años hay constancia de salidas extraordinarias en 1651, 1652, 1675, 1720 y 1771 (PALOMINO, 1998, 56). 
 
 
El autor de tan impresionante talla se desconoce. Sin embargo, Domínguez Cubero la sitúa en la órbita de Jerónimo Quijano (RUBIO, 2002, 111). La imagen fue restaurada por José Luis Ojeda en 1997 dentro de un proyecto financiado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (OJEDA, 2003). En la actualidad se conserva en la iglesia de Santa María la Mayor, en concreto en la capilla de la familia Reinoso, ubicada al fondo de la nave del Evangelio.
 
 
De la cofradía se conservan sus estatutos fundacionales, en los que se especifica que había dos clases de hermanos: los denominados “fundadores”, cuyo número no podía exceder de 33 y habían de pagar para formar parte de ella, 40 reales y dos libras de cera y los “esclavos”, que pagaban un real al inscribirse y un cuarto de real cada sábado. Estas diferencias se traducían igualmente en su entierro, pues los hermanos fundadores tenían derecho a ocho misas y los esclavos sólo a cuatro. La estructura organizativa estaba formada al menos por un Hermano Mayor, un Secretario y varios diputados.
 
El extracto social de los hermanos, en especial de los “fundadores”, era tanto eclesiástico como seglar. De este último grupo destacan su alto nivel social, pues fueron hermanos mayores de la cofradía algunos de los principales títulos nobiliarios de Andújar, como el Marqués de la Merced, de Bilanos, del Contadero, de Torremayor... (TORRES, 1956, 282-283). Todo ello debió incidir en que la cofradía gestionase importantes recursos económicos, lo que se tradujo, durante el siglo XVIII, en la construcción de una impresionante capilla, actualmente conservada y en la que destaca su soberbio camarín.
 
 
Esta capilla se adosó a la nave del Evangelio, siguiendo su misma orientación, con un portillo a los pies que hoy en día permanece cegado. Se comunicaba interiormente con la iglesia a través de dos arcos: uno situado junto al retablo y que contó con una reja baja a modo de baranda y el otro más alejado del altar mayor que quedaba cerrado por la magnífica reja que hoy, trasladada a la iglesia de Santa María, está instalada en la capilla de los Reinoso. Esta última reja fue realizada en el siglo XVI, presidiendo originalmente una capilla que debió ser demolida con motivo de la construcción de la del Cristo de la Columna. Junto a esta supuesta capilla, preexistente a la actual y dedicada probablemente a alguna advocación de la Virgen,[2] debió existir otra, que sí que se correspondió con una anterior del Cristo de la Columna. Esta hipótesis se basa en el dato proporcionado por el testamento de doña Mencía Serrano y Mieres, hija de don Juan Serrano y Mieres del año 1670, es decir, cuatro años antes de la fundación de la cofradía, en el que indica que quería ser enterrada en esta capilla, de la que era patrona (PALOMINO, 2003, 145).
 


La nueva capilla era propiedad de la cofradía y quedó rematada en el año 1733. El dato lo conocemos por la acreditación presentada[3] por Real Orden de 31 de enero de 1844 (TORRES, 1956, 233). Sus grandes proporciones, el camarín y la enorme riqueza ornamental que tiene, la hicieron una de las capillas de cofradías más importantes de cuantas existieron en la ciudad. En consonancia con su bella arquitectura se levantó a mediados del siglo XVIII un magnífico retablo que antecedió al camarín y del que se conserva una fotografía publicada en el Portfolio fotográfico de Andalucía.
 

El estilo de este retablo remite[4] con claridad a la obra del retablista, afincado durante mucho tiempo en Andújar, Antonio Primo (CAMACHO y ROMERO, 1987-88-89, 360), que se casó en la parroquia de San Bartolomé con Teodora María Garrote (FRÍAS, 1999, 180). Trabajó a menudo para los carmelitas, hizo obras destacadísimas como los retablos conservados del Carmen de Antequera, con esculturas de Mateo de Medina,[5] que pensamos también debió colaborar en el del Cristo de la Columna de Andújar, en especial las cuatro figuras sedentes que remataban el banco.
 
 
Otra obra fundamental, que se hizo siguiendo las trazas del retablo mayor del convento del Carmen de Andújar, iniciado por Mateo Primo.
 


Y en el que intervino también su hijo Antonio Primo, fue el de los carmelitas de Lucena.


En el acceso a la escalera del camarín se dispuso una magnífica puerta, hoy milagrosamente conservada, pintada con extraordinario gusto, además de cuatro lienzos con los evangelistas en la parte superior de la bóveda de la capilla (fueron sustraídos de la iglesia cuando estuvo abandonada en los años setenta del pasado siglo). Otro lienzo también sustraído representaba al Cristo de la Columna y tenía una leyenda debajo según testimonio que nos aportó en su día José Palomino “Josito”.
No cabe duda que el lienzo de nuestro gallardete representa al Cristo de la Columna de Santiago, ya que sigue el modelo de este grabado, y debió pertenecer en su día a esta hermandad. En el año 1956, Torres Laguna indicaba que hacía mucho tiempo que la cofradía del Cristo de la Columna de Santiago había desaparecido (TORRES, 1956, 282), posiblemente incluso antes de la Guerra Civil. Desconocemos en qué momento llegó el antiguo gallardete a la Cofradía de la Vera Cruz, pero desde luego quien lo trajese pensó que se trataba de la misma advocación. Este hecho ha favorecido, sin duda su milagrosa conservación en Andújar, pues este tipo de piezas son muy apreciadas en el mercado anticuario, y salvo las entregadas a cofradías, todas se han perdido.[6] 
 


En el año 1999 el orfebre cordobés Florián Porras hizo una orla plateada basada en el libro de cabildos de la cofradía del año 1730, adaptando su silueta al óvalo del lienzo. Unos años antes el restaurador José Luis Ojeda Navío devolvió al lienzo la luz y textura original.
 


Sin duda el espíritu de la antigua Cofradía cuaresmal del Cristo de la Columna de Santiago sigue vivo en la Vera Cruz, que mantiene el fervor por esta advocación tan nuestra y tan franciscana. Y decimos bien, franciscana, pues hemos de recordar que nuestra primitiva imagen del Cristo de la Columna se debió hacer antes de 1580, momento en el que aún no se había dividido en dos la provincia franciscana de la Bética. Su escudo era por aquel entonces el que ponemos a continuación.
 
No obstante, en el guión del Santísimo Cristo de la Columna no figuran las armas de los franciscanos sino la de los dominicos. La razón: que la antigua imagen de esta advocación de la Vera Cruz fue la única que se hizo en su estancia transitoria en la ermita de Santo Domingo, dejando testimonio así de este momento histórico.
 BIBLIOGRAFÍA.
 CAMACHO MARTÍNEZ, R. y ROMERO BENÍTEZ, J. (1987-88-89): “Aproximación al estudio del retablo en Antequera en el siglo XVIII”, Rev. Imafronte, nº 3-4-5, págs. 347-366.
FRÍAS MARÍN, R. (1999): “El expediente matrimonial del retablista Antonio Primo”, Senda de los Huertos nº 55-56, págs. 179-182.
OJEDA NAVÍO, J. L. (2003): “Iglesia de Santa María la Mayor. Andújar. Cristo atado a la Columna”, en Patrimonio Histórico restaurado en Andalucía 1987-97. Escultura Policromanda, págs. 96-99.
PALOMINO LEÓN, J. A. (1998): “Rogativas al Cristo amarrado a la Columna de Andújar”, Rev. Alto Guadalquivir, Especial Semana Santa Giennense, pág. 56.
RUBIO FERNÁNDEZ, J. (2002): Santa María la Mayor de Andújar. Datos para la historia de una parroquia, Andújar (Jaén).
TORRES LAGUNA, C. (1956): Andújar Cristiana, Andújar (Jáen).




[1] Domingo de Cuaresma anterior al de Ramos.
[2] El motivo que preside la reja es una bella representación de la Anunciación de la Santísima Virgen por el Arcángel San Gabriel.
[3] La documentación acreditativa de la propiedad hubo de ser presentada por la cofradía debido a la supresión en 1843 de la parroquia.
[4] No es seguro que este retablo fuese destruido en la Guerra Civil. Se conserva en la iglesia de Santa María la imagen de la Virgen con el Niño que aparece en el centro de la fotografía. Asimismo, hay personas que al parecer vieron este retablo tras la Guerra Civil, sin embargo, al igual que ocurrió en el convento de Mínimas, parece que la actuación de Regiones Devastadas no fue todo lo pulcra que debería haber sido, sustrayendo los retablos del convento y posiblemente también éste de la Columna, desconociéndose a día de hoy su paradero.
[5] Mateo de Medina fue un destacado imaginero nacido el 2 de Agosto de 1709 en Alhaurín el Grande (Málaga). En 1729 se trasladó a Jaén para trabajar en la catedral, allí dejó una de sus obras más sobresalientes: la imagen del Cristo de la Expiración.
[6] El medallón de la Virgen de los Dolores de la Vera Cruz lo tiene actualmente la antigua Cofradía de los Dolores del Carmen, el de la Paciencia, la misma cofradía, pues conformaba una de sus escuadras. Otros muchos se perdieron ya.  

viernes, 13 de febrero de 2015

COFRADÍAS CUARESMALES DE ANDÚJAR (I)

Maudilio Moreno Almenara
 
 
Ahora que se acerca la Cuaresma y está próximo a salir en Vía Crucis la única imagen que actualmente lo hace en este tiempo de Conversión: El Santísimo Cristo de la Columna de la Cofradía de la Vera Cruz, rememoramos aquellas hermandades que hubo en Andújar y que procesionaban durante la Cuaresma. No eran cofradías como las de penitencia, pero todas ellas anunciaban la Semana Santa a los andujareños para ayudar a la preparación de la Semana Grande. Nos ocuparemos en esta ocasión, de la que hubo en el convento de Capuchinas.

La fundación de la Hermandad del Cristo de Burgos[1] tuvo lugar en el año 1733 en el convento de Reverendas Madres Capuchinas.


 
 Ese año Bartolomé Rodríguez Talero, Joaquín Muñoz y consortes enviaron unos estatutos al fiscal general eclesiástico del obispado que instruyó un expediente en el que instaba a realizar algunas reformas en los capítulos 3º, 10º y 21º. Tras haber subsanado este contratiempo, ese mismo año se erigió la cofradía con una imagen que existía en un domicilio particular[2] que pasó a una de las capillas laterales del convento de Capuchinas (FRÍAS, 1997, 53).

Su estructura debió ser muy similar a las del resto de cofradías cuaresmales, es decir, contó con un número limitado a 33 hermanos fundadores (IBID., 1997, 53), teniendo el resto la consideración de “esclavos”,[3] muy frecuente en el siglo XVIII. Los hermanos tenían obligación por sus estatutos de dar ocho reales de limosna al convento por cada  oficio que se hiciera por los hermanos difuntos (IBID., 1997, 53). Para cada hermano fundador estaba estipulado que se debían decir doce misas, bien por los capellanes del convento, bien por eclesiásticos, suponemos que del de Capuchinos, ya que el convento en el que tenía su sede la cofradía era femenino.

 
La devoción al Cristo de Burgos se refiere a la que promovieron los agustinos de la capital castellana[4] y por ello también recibe el nombre de Cristo de San Agustín e incluso el de Cristo de Cabrilla (ITURBE, 2008, 697). La talla burgalesa está revestida de piel de ternera e incluso tuvo antaño una vejiga en su interior, a modo de contenedor, para que manase sangre de su costado. Ciertamente unos detalles escabrosos muy próximos a la mentalidad medieval, periodo en el que fue realizado.
 
A menudo se dispone bajo él un grupo de cinco o tres huevos de avestruz, regalo al parecer de un devoto de la imagen que trajo este extravagante obsequio hace siglos. Estos huevos tienen un significado profundo enorme, pues el huevo, ya desde la Antigüedad, fue considerado como símbolo de vida y de resurrección. Parece pues que aquí tienen el mismo significado, aumentando y perfeccionando su sentido evangélico y la apariencia terrible de la muerte que el Crucificado muestra en su fisonomía.


Su culto fue difundido en Castilla a partir del siglo XV, potenciado por encontrarse en el Camino de Santiago. En el siglo XVI llegó a Sevilla, ciudad donde sabemos que los burgaleses allí residentes la fundaron y encargaron en 1573 a Juan Bautista Vázquez el Viejo, una imagen que sería de tamaño natural, con corona de espinas talladas, cabellera de pelo natural y paño de pureza a manera de faldellín. Esta imagen se mantiene en la actualidad y procesiona cada Miércoles Santo, no obstante su apariencia ha cambiado tras una profunda restauración sufrida en el siglo XIX. Antes de la Guerra Civil se conservaba también la antigua imagen del Cristo de San Agustín.


En Granada, aún subsiste la cofradía del Santo Cristo de San Agustín, con una imagen de Jacobo Florentino que procesiona en su cruz de plata y con su faldellín sobrepuesto. La cofradía es del año 1680, con una impronta en la calle realmente espectacular.
 

 
En la provincia de Jaén, una imagen de esta advocación, es el Cristo de Cabra del Santo Cristo. En esta localidad se venera un lienzo que justo reproduce la imagen burgalesa. La historia de este cuadro nace en 1635 cuando un noble burgalés encargó una copia del Cristo de Burgos. Nombrado por Felipe IV corregidor de la ciudad granadina de Guadix, envió sus pertenencias, incluido el cuadro enrollado, con unos arrieros desde Burgos a Granada. Durante el viaje los porteadores pararon en un mesón de la villa giennense llamada entonces Cabrilla (ahora Cabra del Santo Cristo). Allí se aposentaron en el mesón de Juan de Soto Salas, cuya esposa, María de Rienda estaba inválida de la mano izquierda. Tras una conversación con los viajeros, la esposa del mesonero solicitó ver el cuadro, al que veneró devotamente. Milagrosamente curó de su enfermedad y el brazo quedó sano. Tal fue el revuelo que se siguió en la villa, que solicitaron al propietario del cuadro que éste se quedase allí, a lo cual accedió. El cuadro quedó instalado en la iglesia que después se convirtió en Santuario, corriéndose la voz de su fama milagrosa en toda la zona. A partir de entonces se fundaron hermandades del Santo Cristo de Burgos en muchas localidades relativamente cercanas como: Guadix, Arjona, Linares, Villacarrillo, Úbeda, Huelma, Jimena, Torres, Albánchez, Mancha Real, Jaén.... (LÓPEZ, 1999, 138-139).

 
Su difusión por buena parte de la provincia de Jaén, debió favorecer la fundación de la hermandad de Andújar, que como ha quedado dicho se produjo en el año 1733.
 
Poco sabemos de la historia de esta Hermandad, nada más que en el año 1802, Miguel García, que había sido su hermano mayor, pidió en su testamento enterrarse junto al altar de la imagen (PALOMINO, 2003, 207).
 
También se tiene noticia de la impresión en Andújar de una “Novena del Santísimo Cristo de Burgos, que se venera en el convento de M. Capuchinas de la ciudad de Andújar” del año 1846 (FRÍAS, 1997, 53).
 
Conocemos también que en 1734 dicha hermandad solicitó permiso para confraternizarse y hermanarse[5] con la del Santísimo Cristo de San Marcelo de Roma de la Orden Tercera Servita o Siervos de María (DOMÍNGUEZ, 1985, 117). Esta Orden Tercera fue la propulsora del culto y la festividad de los Dolores de María. Desconocemos si la hermandad del Cristo de Burgos de Andújar logró este privilegio, que ya había obtenido la Cofradía de la Santa Vera Cruz el 8 de Febrero de 1606 (HERNÁNDEZ, 2002, 20).


Poco más podemos apuntar. Sí que nos ha llamado la atención la publicación en Internet de una medalla que por su anverso tiene al Santísimo Cristo de Burgos y por el reverso a la Virgen del Pilar.
 
La cuestión no tendría la menor importancia si no fuese porque casualmente en el Convento de las Capuchinas de Andújar se veneró también una imagen de Nuestra Señora del Pilar, al menos desde el año 1736 (PALOMINO, 2003, 207), es decir, en fechas muy próximas a la fundación de la hermandad del Cristo de Burgos. Desconocemos si esta hermandad acogió también a la Virgen del Pilar como su titular, pues no quedan datos al respecto. En cualquier caso la coincidencia en una medalla de ambas advocaciones, presentes en las Capuchinas de Andújar nos invita a pensar que quizás proceda de Andújar y que bien fue la medalla de esta hermandad, bien las monjas capuchinas difundieron esta doble devoción existente en su convento.


 
BIBLIOGRAFÍA.
 
DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (1985): Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad, Jaén. 
FRÍAS MARIN, R. (1997): “Fundación de la Cofradía del Cristo de Burgos de la ciudad de Andújar, 1733”, Rev. Alto Guadalquivir, especial Semana Santa Jiennense, pág. 53.
HERNÁNDEZ MORALES, J. (2002): “La recuperación de los vínculos con la Archicofradía del Santo Crucifijo de San Marcelo de Roma. Un gran privilegio para el 575 Aniversario”, Boletín Lignum Crucis, nº 4, pags. 18-21.
ITURBE SAÍZ, A. (2008): “Cristo de Burgos o de San Agustín en España, América y Filipinas”, en El Culto a los santos: cofradías, devoción, fiesta y arte, págs. 683-714.
LÓPEZ ARANDIA, Mª A. (1999): “El Santo Cristo de Burgos. Una devoción de Sierra Mágina en Jaén”, Sumuntan nº 11, págs. 137-146.
PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.




[1] La mayoría de los datos aquí resumidos se deben a la investigación realizada en el año 1997 por el historiador Rafael Frías Marín.
[2] Es evidente que la devoción nació de la que tenía un particular, quizás burgalés de nacimiento o de alguna zona de Jaén en la que se rendía culto a esta advocación, en su domicilio. Suponemos que la imagen fue algo más pequeña del tamaño natural pues resulta extraño que en un domicilio particular existiese una imagen de grandes proporciones. 
[3] Se trata de una categoría inferior a la de hermano, recibiendo distinto tratamiento en sus reglas unos y otros.
[4] Tras la Desamortización (1835) la imagen pasó a la catedral, donde hoy permanece.
[5] También se menciona textualmente “...y comunicazion de pribilexios con la del Santo Xpto de San Marzelo...” (DOMÍNGUEZ, 1985, 117) estos hermanamientos eran una fórmula muy habitual para conseguir que se extendieran así los privilegios de la cofradía con la que se hermanaba.

martes, 27 de enero de 2015

LA ANTIGUA HERMANDAD DE LA PURA Y LIMPIA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA DEL CONVENTO SAN FRANCISCO DE ANDÚJAR

Maudilio Moreno Almenara

 

Muy poco sabemos de esta hermandad, cuya fundación[1] tendría lugar hacia  1633, año en el que se trajo desde Granada, a lomos de una acémila,[2] la imagen titular. La talla, sufragada por el Licenciado Melchor Navarro, fue realizada por el insigne escultor Alonso de Mena, según se describe en un breve folleto realizado por el vicario perpetuo de Andújar, D. Francisco del Villar (GÓMEZ, 1989, 102-103). El documento se titula: “Relación del solemne recibimiento que en la ciudad de Andujar se hizo a la Imagen de la Concepción de la Virgen Santísima Nuestra Señora”, y describe con detalle la acogida que se hizo a la imagen.

La efigie de la Santísima Virgen llegó a comienzos de diciembre al convento de Capuchinos. Desde allí se organizó una solemne procesión hasta el de San Francisco donde quedó depositada: “El Domingo cinco de Diziembre, estando la Santíssima Imagen  en  el  jardín de  San Roque[3] (Convento de Capuchinos) a las  dos  de  la tarde,

 
 salio toda la ciudad a darle la bien venida, y hazerle festejos a su entrada: y aviendose juntado  en aquel  llano todos los que  tenían a su  cargo algún  ministerio, se mostró la

Virgen por la portería... (...) el concurso de la gente fue tan grande, que con ser las calles muy espaciosas apenas podia hallarse passo (...) Bajaron por la Corredera a la puerta del sol, haziendo  pausa  en el altozano de  las Monjas de  la concepción.,[4] como

 
lugar especial de su jurisdiccion y primer castillo de su termino, y dijeron los musicos un Villancico;[5] luego entrando en la calle de los sastres, y por la de los hospitales (actual Ollerías), llegaron a San Francisco, y allí con presteza prevenida bajaron la Imagen de la carroza, y en hombros de Religiosos Franciscanos la entraron por la Iglesia, y subieron a la celda del Padre Guardian donde quedo depositada”.... 

Esa noche se celebraron grandes luminarias en la ciudad: “...las de la torre[6] y Convento de San Francisco tuvieron tanto de luzidas, como de dichosas, pues induciendo aliento, convocaron y alumbraron innumerable gente que asistio desde la Iglesia hasta la plaza de Mestanza (actual Plaza Vieja), donde dieron gustoso entretenimiento, ya la música y repique de campanas, ya cohetes, arcabuces, bombas y otras invenciones de fuego...”

La procesión tuvo lugar el miércoles ocho de diciembre por la tarde. Entre los detalles del cortejo se indica que: “...clerigos y religiosos iban caballeros en mulas y caballos ricamente enjaezados, estudiantes con bandas, cadenas y ricas joyas y muchos niños vestidos de angeles llevando los atributos de Nuestra Señora...”. La procesión “...bolvio al ponerse el sol que parece que aguardava licencia para no hacerle descortesía; y entrando en San Francisco, colocaron la imagen en lo alto del Sagrario, donde quedó dando lustre a la Iglesia, admiración a los Serafines, y a esta Ciudad consuelo...” (GÓMEZ, 1989, 103-104). Bellísimo este pasaje que hemos resumido, y que deja bien a las claras tanto la mentalidad barroca de Andújar, como el enorme fervor a la advocación de la Inmaculada Concepción de María.

A lo largo del siglo XVII la Pura y Limpia de San Francisco gozó de una enorme devoción en la ciudad, contribuyendo a ello la sobresaliente calidad artística de la imagen realizada por Alonso de Mena. Los franciscanos andujareños y la estratégica posición de su nuevo convento, su influencia social a través de unas pautas ideológicas claras, con celebraciones impresas y el trabajo abnegado y constante de evangelización de cada uno de sus frailes fueron claves en esta eclosión. Así, en 1635, tan sólo dos años después de la traída de la imagen, los franciscanos inauguraban la primera fuente de Andújar, dedicada no inocentemente a la Purísima Concepción de Nuestra Señora:

 
Más adelante, y por sugerencia del Sr. Cardenal Obispo de Jaén, D. Baltasar de Moscoso y Sandoval, en concreto en 1645 se trasladó la imagen desde San Francisco hasta la iglesia mayor de Andújar: Santa María. Allí, en la Plaza de su nombre, a las puertas del Antiguo Ayuntamiento se gastaron seis docenas de cohetes. Se daba cumplimiento así a un cabildo de los capitulares de la ciudad celebrado el día 5 de diciembre de ese año en que decidieron: “...que la fiesta se haga en su dia la misa i sermon se diga en la iglesia mayor (...) i que para ello se traiga la imagen de nuestra Sra. del Convento de S. Francisco i se saque en prozesion de la dicha iglesia de Sta. Maria como los demas años se a hecho desde la de S. Francisco i que an dispuesto luminarias i cohetes para la vocación (...) Acuerda que los caballeros comisarios hagan poner luminarias en la plaza de Santa María (...) i en las calles por donde a de venir la imagen de nuestra Señora desde San Francisco (...) y se gasten seis docenas de cohetes la noche de la vocación i hagan se limpien i dispongan las calles i dicha plaza (...)” (GÓMEZ, 1989, 104). Vemos pues, que la Hermandad de la Pura y Limpia venía saliendo desde hacía años el día de la Inmaculada Concepción, probablemente desde su venida el año de 1633 o muy poco después, aun cuando este año fuese especial por la petición expresa del Sr. Obispo.

 
En 1661 el Papa Alejandro VII promulgaba el Breve Sollicitude Omnium Ecclesiarum, precedente directo del Dogma, por el que imponían gravísimas penas a quien sustentase o enseñase opiniones contrarias[7] a los decretos a favor de María Inmaculada.

 
            La noticia llegó a Andújar al año siguiente, por lo que el Ayuntamiento decidió conmemorarlo haciendo solemne fiesta en el convento de franciscanos con música y sermón (GÓMEZ, 2009, 285).

Más adelante, en 1679, tuvo lugar la visión milagrosa de Sor Lucía Sánchez cuando ésta se encontraba viendo desde su convento de las trinitarias la procesión de la Pura y Limpia de San Francisco por la calle de la Audiencia (actual 22 de Julio). Este episodio se tratará a continuación, pero lo señalamos aquí para dar cuenta de cómo la imagen de la Pura y Limpia de San Francisco logró un protagonismo inusitado dentro de las hermandades de gloria de Andújar durante el siglo XVII.

Los franciscanos andujareños lideraron y promovieron este protagonismo, pues sólo venían a poner en práctica la confirmación realizada en el año 1621 de la elección de la Inmaculada como patrona de la Orden de San Francisco, comprometiéndose los franciscanos a enseñar el misterio tanto en público como en privado. Hicieron así gala de la enseñanza de un antiguo himno adoptado por la Iglesia para los laudes de la Virgen “TV REGIS ALTI JANVA ET PORTA LVCIS FVLGIDA” “Eres la puerta del gran rey y la brillante entrada de la luz”.

 
En el interior del convento, sabemos que la hermandad contó con una capilla que pertenecía a la hermandad de San Diego, que se fundó a finales del siglo XVI. En la Crónica de la Provincia de Granada, del año 1683 se aclara que: “En las capillas del lado derecho está una del glorioso San Diego, cuyo nicho[8] principal se dio a la Imagen hermosísima de la Concepción, por averse fervorizado de tal forma esta devoción, que el día ocho de Diziembre, es el más célebre de la Ciudad de Andújar...”. Mientras que la Cofradía de la Vera Cruz tenía un carácter más autónomo dentro del convento, la de San Diego, con la imagen de la Pura y Limpia tenían una mayor vinculación con los franciscanos, que gestionaban junto con los hermanos del “patronato”.      

La capilla de San Diego y de la Pura y Limpia estaba situada junto a la Capilla Mayor[9] y contó con retablo y camarín decorado con yeserías, que fue construido en el siglo XVIII. Esta capilla fue ocupada por la Cofradía de la Vera Cruz a partir del año 1835 y allí se mantuvo hasta el año 1937, ya que en el mes de abril se produjo el bombardeo sobre el convento durante la Guerra Civil.

            Sabíamos por J. Palomino algunos datos sobre la Capilla de Nuestra Señora de la Concepción o de la Pura y Limpia, como que era propiedad del patronato de San Diego, cuando en 1745, Dª Ana Criado y Caño pidió que su cuerpo fuese sepultado: “...en la capilla de Nuestra Señora de la Concepción sita en él, y para ello se pida licencia a el patronato del señor San Diego, de quien es dicha capilla...”. Cuatro años más tarde contamos con otro dato que nos indica que la capilla tenía enterramiento en una bóveda bajo el suelo, en concreto se trata del testamento Dª Jerónima Cañete y Marmolejo, que se manda enterrar: “...en la vóveda que está devajo del camarín de Nuestra Señora de la Concepción...” (PALOMINO, 2003, 247-248). 

En cuanto a lo que sabemos de la imagen, ya hemos mencionado que su autor fue el escultor Alonso de Mena, padre del también escultor Pedro de Mena.

Alonso de Mena vivió una época de fervor inmaculista, fue por ello que su producción abarca varias obras dedicadas a esta advocación, tanto en madera como en piedra. Así, en Granada, realizó en 1621 el magnífico Triunfo a la Inmaculada, conmemorativo del voto realizado por la ciudad en 1618.

 
Por aquellos tiempos, del prolífico taller de Alonso de Mena salieron numerosas obras en piedra de la Inmaculada Concepción, la del monasterio del mismo nombre de Granada:
 
 
 
O la de la iglesia de San Pedro o la de la fachada del monasterio de San Jerónimo: 

 
En tierras gienneses también dejó algunos detalles de su maestría en el convento de las Bernardas de Jaén, o en la Catedral:

 
Pero quizás lo más llamativo de este pequeño artículo que presentamos es que comparando estas creaciones artísticas con la antigua imagen de la Inmaculada que se conservaba hasta hace unos años en la hornacina de la Casa Salazar en la calle San Francisco, y que hoy en día está en la clausura del convento de la Mínimas de Andújar (PALOMINO, 2003, 301), encontramos parecidos claros con la obra de Alonso de Mena.

 
La cuestión resulta sorprendente por dos razones: la primera por la proximidad de esta casa al antiguo convento de San Francisco, y la segunda, porque la imagen que en este cenobio se albergaba fue esculpida precisamente por Alonso de Mena. El parentesco formal lo advertimos con claridad a partir de su comparación con una imagen en madera de este autor custodiada en la parroquia cordobesa de San Basilio. La cabeza es prácticamente idéntica (cara redondeada, cabello levemente rizado y caído por los hombros en forma de mechones, nariz leve y puntiaguda...), observándose muchas similitudes en la composición, mayor diferencia se aprecia en el tratamiento del ropaje:

 
Muy próxima en fecha al año 1633 en que se realizó la Pura y Limpia de Andújar, es la que aparece en los relicarios de la Capilla Real de Granada, tallados entre 1630-1632. La similitud formal es evidente, aparece la pierna derecha avanzada y sobre ella un trozo de tela del manto que no tapa la cintura (enmarcado en azul), el collar típico que en su segunda época Alonso de Mena ponía a las imágenes de la Virgen, mangas del vestido interior ceñidas, segunda manga exterior más amplia, cara más redondeada, etc.     

 
Pero también encontramos un parentesco claro si la comparamos con otras efigies del escultor barroco afincado en Granada:

 
También vemos concomitancias entre esta imagen en piedra de la Inmaculada de Andújar y el San Francisco de Asís de la iglesia de San Basilio en Córdoba, igualmente de Alonso de Mena, en especial en las amplias mangas de ambas imágenes, la pierna adelantada y junto a ella una característica tira de tela vertical con pequeños pliegues.

 
Se trata de un modelo de plena madurez del artista. Tenemos, pues, una posible reproducción de la Pura y Limpia de San Francisco en esta imagen milagrosamente conservada en la actualidad en el convento de Mínimas de Andújar. La escultura en piedra no creemos que sea posterior a la Guerra Civil, sino anterior, debida a la propia mano de Alonso de Mena[10] o que copia a la que hizo para el convento de San Francisco. Es difícil determinar este detalle por dos razones: la primera porque como ha quedado demostrado Alonso de Mena trabajó este tema en piedra y en madera, y la segunda, porque tanto la portada del convento, como la fuente del claustro tuvieron sendas efigies en piedra de la Virgen Inmaculada[11] (SERRANO, 2005, 1075 y 1078). No obstante, nos inclinamos por pensar que reproduce a la imagen original del convento y que en concreto procede de la fuente basándonos en algunos datos contenidos en la Crónica de la Provincia de Granada, escrita por el Padre Fr. Alonso de Torres, y publicada en 1683. Así, y respecto a la fuente se dice textualmente:

El Claustro deste Convento, es muy sumptuoso, cercado por lo alto de hermosos balcones de hierro, y enmedio de él una fuente de piedra, coronada con la Imagen bellísima de la Concepción de mármol blanco, a cuya colocación, y conducción de agua, celebró Andújar una solemnísima Octava, por ser la primera fuente que se veía en la Ciudad, porque hasta entonces bebían todos los Ciudadanos del Río Guadalquivir, que pasa cerca de sus muros.” Los balcones de hierro a los que alude esta referencia de finales del siglo XVII no son los que observamos en la fotografía siguiente, habiéndose modificado posiblemente en el siglo XIX.   

 
Las circunstancias del hallazgo del manantial para suministrar de agua la fuente, construida en 1635, explican por qué la remató una imagen de la Inmaculada.[12] Los frailes, desde el año 1623, venían intentando el proyecto, aunque al parecer no encontraban un manantial con agua abundante. Fue, sin embargo, en el año 1633 cuando éste hecho se produjo de un modo “cuasi” milagroso: “Fray Juan de Soto, Predicador, y Guardián del dicho Convento, con el afecto de ser patria suya, emprendió la costosa obra, poniendo los gastos y corporales diligencias, y las espirituales en la forma siguiente:

Consagró el caso a la purísima Concepción de nuestra Señora, a N.S.P. Francisco, a San Antonio de Padua, y a los Santos Martyres de Iapón sus devotos; y levantando vandera por ellos, dixo una Misa votiva en el Convento, Lunes onze de Iunio del referido año. Y poniéndose despues su capa de Coro, salió en procesión con la Comunidad, y casi toda la Ciudad que le asistía: llegó al sitio del manantial, donde plantó la vandera, estampada por una parte las Llagas, y por otra el glorioso San Antonio; y como otro Moysés dio con su mano los primeros golpes de la hazada, y se descubrió agua abundante...”      

Queda pues aclarado que fue en el año 1633 y según se dice en la Crónica por intercesión de la Pura Concepción que se encontró el agua para la fuente, de ahí que se rematase con su efigie. Los terrenos donde se encontró el agua habían sido comprados anteriormente por el Licenciado Melchor Navarro, que como recordaremos sufragó también el coste de la imagen de la Pura y Limpia de San Francisco. Pensamos pues, que no se hizo una imagen cualquiera, sino una copia de la de madera, existiendo un interés claro por difundir[13] esta advocación por parte de los franciscanos, ante el pueblo de Andújar, agradecido por la inauguración de esta fuente.

Con motivo de la Desamortización del convento en el año 1835, esta efigie en piedra podría haber ido a parar a la Casa Salazar manteniéndose hasta hace pocos años en dicho emplazamiento. Esta casa fue construida en la primera mitad[14] del siglo XIX en el lugar donde se encontraba el antiguo Hospital de la Limpia Concepción, fundado por Toribio de Lara a finales del siglo XVI.[15]

 
La imagen, sin embargo, nada tiene que ver con la estética de finales del siglo XVI y sí con la del maestro granadino Alonso de Mena.[16] En definitiva, la pieza o es original del siglo XVII y procede de San Francisco, o copia a la Pura y Limpia que se albergaba en él, es cuanto debe deducirse de una efigie extraordinaria, de cierta antigüedad, que tiene, cuanto menos, la deuda formal de Alonso de Mena, autor de la Inmaculada de San Francisco, cuando se desconocía el estilo y la firma de este autor.

Aparte de estas cuestiones de autoría de la imagen en piedra conservada actualmente en el convento de Mínimas, hay un pasaje, relacionado con la Pura y Limpia de San Francisco realmente interesante. Se trata de la visión milagrosa de Sor Lucía Sánchez y el posterior voto inmaculista del Ayuntamiento de Andújar.

            Así, el día 8 de diciembre de 1679, la hermandad de la Limpia Concepción de María del convento de San Francisco hizo procesión, como cada año, recorriendo las calles de Andújar. Pasó por la calle de la Feria, Plaza del Mercado y calle Maestra. Al pasar la Puerta del Sol y Altozano de la Virgen María, el cortejo embocó la antigua calle de la Audiencia, hoy 22 de Julio. Desde su mirador, las monjas trinitarias del convento de la Limpia Concepción esperaban ansiosas ver la imagen de la Inmaculada, que cada año bendecía las calles de nuestra ciudad. Sin embargo, Sor Lucía Yánez, monja profesa del convento de trinitarias, tuvo una visión. La reverenda madre vio a los hombres y mujeres que participaban en la procesión como auténticos cadáveres, causándole un enorme horror, gritando: ¡Jesús mil veces Jesús! ¡El Señor los ampare! ¡Ay de mí, qué dolor y lástima!. Preguntada por las religiosas sobre lo que estaba viendo, vaticinó que iba a suceder una gran desdicha en la ciudad. Es el conocido vaticinio de Sor Lucía, que con su visión, permitió activar las alarmas contra la enfermedad de peste (GÓMEZ, 1989, 95-96).

En estos momentos del siglo XVII, la peste era una enfermedad terrible, que se contagiaba de forma alarmante, uno de los pocos medios para prevenirla era cerrar las puertas de las ciudades y controlar exhaustivamente a los viajeros que provenían de otros lugares.

En la mayoría de las ocasiones se cerraba la puerta del Puente, único sitio por el que se permitía la entrada a la ciudad por el Sur. Allí, en la llamada Torre Tocada se disponía un portero que velaba por que ningún enfermo pudiese entrar a la ciudad.

 
El vaticinio de Sor Lucía sirvió para adelantarse a la expansión de la enfermedad evitando así el contagio de los andujareños. En agradecimiento por tal premonición, el Ayuntamiento hizo un voto a la Inmaculada Concepción, comprometiéndose a organizar una Octava a la Limpia Concepción cada año en el Convento de Trinitarias.[17] Los gastos pagados por el Ayuntamiento correspondían al abono de los servicios prestados por los sacerdotes y predicadores, música, representación, etc. Las monjas sólo habían de ornar su capilla para la fiesta.

El 1 de noviembre de 1755 se produjo el terremoto de Lisboa, que asoló numerosas poblaciones del sureste peninsular, notándose claramente en nuestra ciudad, aunque no produciendo víctimas. En Lisboa el maremoto producido tras el temblor prácticamente arrasó la capital de Portugal.

 
En agradecimiento por la protección de la Santísima Virgen a la ciudad de Andújar, el Ayuntamiento renovó el voto a la Pura y Limpia (GÓMEZ, 1989, 98-101). Poco después, en el año 1771, el Ayuntamiento encargaba unos villancicos de los que se conserva copia en el Archivo Histórico de Córdoba debido a que fue en esta ciudad donde se imprimieron en la C/ Librería.

 
Algunos de las estrofas son realmente bellas:

“Fue tu Concepción tan pura,

y tan limpia, Virgen bella,

que ya en tu primer instante

Reyna de Vírgenes eras”.

 

En definitiva, una hermandad, la de Pura y Limpia de San Francisco que fue el origen del patronazgo del Ayuntamiento de Andújar sobre la Virgen Inmaculada, a través de la milagrosa visión de Sor Lucía. En recuerdo de esta hermandad perdida, memoria y gloria de Andújar, y retomando su testigo de fe a la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen su cofradía hermana de San Francisco durante varios siglos, el próximo año se estrenará un sinelabe, insignia singularísima en Andújar que es homenaje a su arraigo franciscano y al patronazgo que sobre esta orden tiene la Inmaculada Concepción desde el año 1621. Su remate, adquirido en un anticuario, muestra las letras SPO, es decir, Sin Pecado Original, cambiadas en este caso de orden por razones estéticas y que está rematado con unas flores. Es una pieza de gran elegancia, dedicada a la defensa multisecular del dogma realizada por los franciscanos y a esta cofradía hermana en el recuerdo de la Pura y Limpia de San Francisco de Andújar, en cuya capilla permanecieron nuestros antiguos titulares más de un siglo.

 
Estas letras las encontramos también en una casulla inmaculista del siglo XVII conservada en el convento franciscano de San Antonio de Padua de Sevilla. La disposición de estas tres letras vemos, por tanto, que son de claro origen barroco y netamente vinculadas al multisecular espíritu inmaculista franciscano y a la honda raigambre concepcionista de Andújar.

Esta cuestión la veremos más claramente y con detalle en otra entrega, pero os dejamos a modo de muestra una pieza antigua hoy milagrosamente conservada en un domicilio particular, una viga de madera de más de dos metros de longitud con la leyenda: “FVE CONCEVIDA SIN PECADO ORIGINAL”. Ciertamente era un lema constante en el Barroco andujareño. Una advocación más importante de lo que hoy en día podemos recordar en nuestra ciudad (dos cofradías de la Inmaculada, la imagen de la de San Francisco de Alonso de Mena, allí mismo fuente y portada con la imagen de la Inmaculada, bóvedas magníficas dedicadas a las Letanías de la Virgen y otro camarín en San Francisco, esta viga, voto del Ayuntamiento, fiestas especiales de forma recurrente, milagro por la visión de una profesa del convento de la Concepción de Andújar (trinitarias), Hospital de la Inmaculada Concepción para mujeres pobres, etc., pues hay más... No cabe duda que esta advocación, en el Barroco, fue Reina en Andújar, mientras en la Sierra reinaba la Santísima Virgen de la Cabeza. No se concebía de otro modo, esta ciudad tan tradicionalmente mariana, no podía quedarse atrás en la defensa de su protectora: La Santísima Virgen.

 


 
BIBLIOGRAFÍA.

 

DE TORRES, A. (1683): Chronica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Serafico Padre San Francisco, Madrid, ed. Facsímil en 1984.

DOMÍNGUEZ CUBERO, J. (1985): Monumentalidad religiosa de Andújar en la Modernidad, Jaén.

GÓMEZ MARTÍNEZ, E. (1989): “Las Trinitarias de Andújar. Cuatro Siglos de Historia” en Las Trinitarias de Andújar. IV siglos de Historia 1587-1987, 81-114, Córdoba. 

GÓMEZ MARTÍNEZ, E. (2009): “Andújar en la época de los Austrias menores (siglo XVII), en CHAMOCHO CANTUDO (coord.) Historia de Andújar, Vol. I., pp. 241-293,  Torredonjimeno (Jaén).

PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén.  

SERRANO ESTRELLA, F. (2005): “La Inmaculada Concepción a través del patrimonio de franciscanos y dominicos en el Reino de Jaén”,  en CAMPOS (coord.) Simposium La Inmaculada Concepción en España: religiosidad, historia y arte, pp. 1063-1082. 




[1] Quedan dudas sobre si esta Hermandad se fundó de manera autónoma, agregándose más tarde a la de San Diego o perteneció desde el comienzo a la del santo de Alcalá. Lo que sí sabemos es que se instaló casi desde su llegada en la capilla de San Diego, manteniéndose allí hasta el siglo XVIII, por lo que más bien nos inclinamos por la segunda opción. 
[2] Una acémila era un burro.
[3] Los capuchinos obtuvieron licencia del obispado de Jaén el día 22 de enero de 1622 para fundar su convento en la antigua iglesia de San Roque. En 1624 se trasladó el Santísimo a la antigua ermita y comenzó a vivir en ella la comunidad capuchina. Sin embargo, no fue hasta el 12 de marzo de 1645 cuando se consagró la nueva iglesia, construida de nueva planta tras demoler la ermita de San Roque (DOMÍNGUEZ, 1985, 113-114). En el año 1633 la comunidad capuchina aún utilizaba la antigua capilla, de ahí que aparezca la ermita de San Roque en el documento.  
[4] Se trata del convento de Trinitarias, que recibe este nombre por haberse fundado el día 8 de diciembre del año 1587.
[5] Los villancicos no sólo se cantaban en Navidad, existiendo uno realizado ex profeso para el convento de Trinitarias y la festividad de la Inmaculada.
[6] La torre se encontraba en la actual calle San Antonio, justo junto a la portada de la iglesia, que también daba a esta calle y no a la actual Plaza de la Autonomía.
[7] Recordamos en este caso el anterior voto de sangre de la Cofradía de los nazarenos de Sevilla (el Silencio), precisamente porque era frecuente entre el “vulgo” faltar a la virginidad de la Virgen e incluso a veces también por algunos predicadores, lo que terminó con no pocos tumultos y finalmente en el hecho de que los hermanos del Silencio jurasen defender hasta con la última gota de su sangre la virginidad de la Virgen. De este modo, el papa terminaba con la polémica. En recuerdo de aquel voto de sangre, que no fue único en Andalucía, la cofradía sevillana saca un sable y una vela escoltando la bandera concepcionista de la hermandad.
[8] Altar principal.
[9] Precisamente el “acaparamiento” de esta cofradía de San Diego y la Pura y Limpia por los franciscanos los privilegió tanto, que el lugar elegido para su capilla, fue la más cercana a la mayor, algo asumido y tomado como natural, incluso por la Vera Cruz, pues cuando se redujo la iglesia del convento a partir del año 1835 y ya no había frailes franciscanos en el antiguo convento, la imagen de la Pura y Limpia pasó al altar mayor de la iglesia, no haciéndolo ninguna de las de la Vera Cruz a pesar de que fue a partir de ese momento la que adquirió mayor importancia en la iglesia. Este respeto evidencia un arraigo auténticamente franciscano de la Vera Cruz, que conocían cual era la devoción marcada como patrona por la propia orden, aunque ya no hubiese franciscanos en el convento de Andújar.  
[10]  Según Serrano, la imagen en piedra procedente de la antigua casa Salazar muestra el estilo de Alonso de Mena, quizás de Diego de Landeras (SERRANO, 2005, 1075).
[11] Alonso de Mena trabajó para los franciscanos de manera habitual, en especial en la denominada Provincia de Granada, que englobaba Córdoba, Jaén, Granada, Almería y Málaga. En la provincia de Córdoba se conservan numerosas obras de este prolífico escultor (San Francisco de la actual parroquia de San Basilio, procedente del convento de Santa Clara de Córdoba capital, la imagen del Cristo de la Columna de la Vera Cruz de Priego, también en el convento franciscano, Crucificado de San Francisco en Rute...).  
[12] Se trata quizás de un relato legendario, pues sabemos que el Licenciado Melchor Navarro: “...compró un sitio poco distante de Andújar, donde avia un manantial de agua, y lo dio graciosamente al Convento, contentándose con que en la fuente se pusiese por coronación la Concepción Purísima, como de hecho se puso de mármol blanco muy bien dispuesta...”  (DE TORRES, 1683, 786).
[13] Qué mejor forma de difundir la bondad de la nueva imagen, que hacer una copia en piedra para la primera fuente de Andújar. De este modo la Virgen Inmaculada se convertía no sólo en una imagen devocional, sino también salutífera, pues muchas de las epidemias producidas durante la Modernidad tenían su origen en aguas contaminadas. Por aquel tiempo, además, tanto los molinos como los batanes donde se curtían las pieles, solían disponerse junto al río, donde iban a parar todo tipo de inmundicias, desperdicios y basuras. 
[14] Para algunos estudiosos esta casa es ligeramente anterior, en concreto del siglo XVIII, aunque a nuestro entender no podría retrotraerse tanto, ya que los escasos elementos conservados en la actualidad no parecen de ambientación barroca, sino más bien neoclásica.
[15] Hace años se sustituyó esta imagen por otra de escaso mérito artístico.
[16] La efigie en piedra posiblemente no se conserve en su integridad. Faltaría la base con los ángeles y las nubes prácticamente canónicos en esta iconografía. Es ésta otra cuestión que nos invita a pensar que no fue realizada para este emplazamiento, sino que estaba ya reubicada e incluso parcialmente mutilada. Su altura, en lo que se aprecia en la fotografía, no excedería mucho del medio metro, siendo, por tanto, una pieza que pudo rematar una fuente a modo de pequeño triunfo, aunque no cabe descartar la hornacina de la portada principal.
[17] Resulta curioso porque la procesión que vio la trinitaria no fue la de la Inmaculada de su convento, pues aunque allí había una imagen que es la que hoy procesiona, en aquellos tiempos las dos imágenes de la Inmaculada que salían en procesión eran la de Nuestra Señora de la Concepción de San Bartolomé y la de la Pura y Limpia de San Francisco, que fue precisamente la procesión que estaba viendo la monja cuando tuvo la visión.