jueves, 22 de diciembre de 2016

TEMPUS ADVENTI REDENTORIS MUNDI


Juan Carlos Moreno Almenara
Hermano Mayor de Cofradía de la Santa Vera-Cruz, de Andújar
 
  


Se conoce como tiempo de Adviento al primer periodo del año litúrgico cristiano. Es el tiempo en el que recordamos y conmemoramos la primera venida de Cristo y por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.
 
Jesucristo es la luz del mundo que viene a nosotros y nuestro corazón lo busca, lo anhela y lo espera.
 
 
Con la primera venida, Dios Padre lleno de misericordia nos envía a Jesús su Hijo para que libere al ser humano de la esclavitud del pecado, con su pasión y muerte en la cruz.
 
Desde su resurrección y posterior ascensión a los cielos esperamos la “Parusía”, su vuelta, aunque el evangelio nos dice que nadie sabe ni el día ni la hora en la que sucederá.
 
 
Su duración no ha sido siempre la misma, en el cristianismo primitivo era conocido este tiempo como la “cuaresma de San Martín”, comenzaba el 11 de noviembre y duraba hasta Navidad, fue el papa San Gregorio I el Magno (590-604) el que lo redujo de seis a cuatro semanas, tal y como hoy lo celebramos. Actualmente su duración abarca desde la festividad de Cristo Rey, último domingo del año litúrgico, hasta la Natividad del Señor y la integran los cuatro domingos anteriores al día 25 de diciembre.
 

Sigue teniendo todo el contenido espiritual de los primeros tiempos, es tiempo de arrepentimiento y de penitencia, aunque también de esperanza y tenemos la obligación de prepararnos espiritualmente para la celebración del nacimiento de Cristo.

 
Por eso la Iglesia nos urge en este tiempo, que al igual que en estas fechas preparamos la casa, la limpiamos y la adornamos para recibir con alegría al Señor que viene, limpiemos nuestra alma, que es templo del Espíritu Santo por el bautismo, de la suciedad del pecado y llenos de fe pidamos al Dios de la Misericordia mediante la oración que venga de nuevo a nosotros que lo esperamos llenos de esperanza, de amor, de paz, de gozo y  de alegría.
 
Todas la Iglesias Cristianas celebran este acontecimiento aunque cada una con sus ritos litúrgicos propios.
 
 
En la Iglesia Católica Romana su celebración va asociada a la Corona de Adviento hecha de ramas de pino o abeto en cuyo centro se sitúan cuatro velas que se irán encendiendo paulatinamente cada domingo hasta la Navidad. La liturgia al igual que en Cuaresma cambia, el color del Adviento es también el purpura o morado que nos llama a la conversión y a la penitencia, en la misa no se recita el Gloria ni el Aleluya, las lecturas bíblicas versan sobre los profetas Isaías y Jeremías, Juan el Bautista “una voz grita en el desierto…” y María la Madre de Dios. En la primera semana se nos anuncia el final de los tiempos, en la segunda se nos llama a la conversión, la tercera semana es la de la alegría por el Señor que llega y la cuarta se centra en la figura de María la Madre de Dios que es modelo de esperanza para la humanidad entera.
 
La Corona de Adviento es el primer anuncio de la Navidad, tiene forma circular porque el círculo no tiene principio ni fin, es señal del Amor de Dios que es eterno y también de nuestro amor al Señor y al prójimo.
 
Para confeccionarla se usan ramas verdes de árboles de hoja perenne, habitualmente pino, abeto, ciprés, laurel etc., porque verde es el color de la esperanza y la vida, y Dios quiere que busquemos su gracia, el perdón de nuestros pecados y la gloria eterna al final de nuestros días. Se suele adornar con manzanas rojas, frutos de Jardín del Edén y símbolo del pecado de Adán y Eva. Un lazo de color rojo envuelve las ramas formando la corona que simboliza nuestro amor a Dios y el amor que Él nos devuelve.
 
En el centro de la corona se sitúan cuatro velas que se van prendiendo semana a semana en los cuatro domingos de adviento con una oración especial para cada una de ellas. La oscuridad es provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios que es la Luz. Las tinieblas se van disipando con cada vela que encendemos. Tradicionalmente tres suelen ser moradas y una rosada que se enciende el tercer domingo de Adviento, llamado de “gaudete” o de la alegría, debido a la primera palabra del introito de la Santa Misa, el color litúrgico de ese día es el rosa como signo de gozo y se invita a los fieles a alegrarse porque el Señor ya está cerca. También suelen utilizarse velas con los colores litúrgicos, verde, rojo, morado y blanco.
 



 
En algunos lugares, todas las velas se sustituyen por velas rojas que simbolizan, la primera el amor, la segunda la paz, la tercera la tolerancia y la cuarta la fe y en la noche de Navidad, en el centro, se coloca una vela blanca o cirio que simboliza a Cristo como centro de todo cuanto existe.
 

 
El segundo anuncio de la Navidad viene simbolizado por el Árbol de Navidad que es el árbol de la vida y del universo que hunde sus raíces en el reino de los muertos y a través de la copa asciende hacia el Reino de los Cielos en cuya cúspide brilla la Estrella de Navidad símbolo de la Luz que es Dios.  Este árbol en Cuaresma se transformará en el  Árbol de la Cruz de la que penderá Cristo para la salvación del mundo. Y en Pascua de Resurrección será el Árbol de Mayo que reverdece a la vida después de haber sido regado con la sangre vivificadora del Salvador.
 
 
 
Varias son las festividades que se conmemoran en este tiempo de Adviento, entre las que destacan dos de marcado carácter hagiográfico dedicadas a San Nicolás de Bari y a Santa Lucía de Siracusa y otras dos de carácter plenamente mariano dedicadas a la Santa Madre de Dios: las de su Pura, Limpia e Inmaculada Concepción y la de la Expectación del Parto.
 
SAN NICOLÁS DE MYRA O DE BARI 
 
San Nicolás nació alrededor del año 270 en Patara provincia romana de Licia (actual Turquía), en el seno de una familia cristiana acomodada, parece ser que su padre pudo ser zapatero, como era normal fue educado en la fe y destacó por su carácter piadoso y generoso, pues a la muerte de sus progenitores repartió su herencia entre los pobres necesitados y se fue a vivir a Myra capital de esa provincia donde fue consagrado obispo, fue un destacado miembro del concilio de Nicea y defensor de la naturaleza divina de Cristo. Murió en Myra el 6 de diciembre de 343, no sin antes realizar diversos milagros entre ellos “el de conseguir que tres muchachas cuyo padre había caído en la más absoluta miseria tuvieran que prostituirse para sobrevivir, dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que milagrosamente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secando”, de aquí se supone la tradición actual de colgar calcetines tejidos de lana para recibir los regalos de Navidad. Se le atribuye también el milagro de interceder ante Dios por tres niños que habían sido sacrificados por un hostelero que no tenía nada para dar de comer a unos clientes, siendo inmediatamente devueltos a la vida, saliendo ellos mismos por su propio pie  de la cubeta donde estaban muertos.
 
 
Se le representa ya anciano con el cabello y barba blancos, con vestiduras, mitra y báculo de obispo en una mano y en la otra los Evangelios y sobre ellos tres manzanas, a sus pies una cubeta de la que salen tres niños desnudos.
 
Azulejo de San Nicolás de Bari sobre el arco de entrada a la Plaza de abastos desde la Plaza de Rivas Sabater, lugar en el que estuvo emplazado nuestro convento de Franciscanos. Azulejo perdido en la actualidad, como tantos otros bienes de nuestro patrimonio andujareño.
 
No será hasta el siglo XIII, después del traslado de  sus reliquias a Bari en Italia, cuando su devoción se extiende por toda Europa. Ya en el siglo XV existía la costumbre de poner zapatos en las iglesias en la víspera del 6 de diciembre con el fin de obtener dádivas de los pudientes que eran repartidas entre los pobres el día de su festividad.
 
En el siglo XVI esta costumbre se convierte en familiar imponiéndose el poner los zapatos junto a la chimenea para recibir dulces y regalos el día de San Nicolás. Esta fiesta siempre estuvo muy arraigada en los Países Bajos donde recibe popularmente el nombre de “Sinter Klass” abreviatura en holandés de Sint-Nicolaas. En Alemania, Austria y Suiza recibe el nombre de Santi Klaus, abreviatura en alemán de Santi Nikolaus.
 
En el siglo XVII los holandeses fundaron en Norteamérica la colonia de Nueva Amsterdam, actual Nueva York, llevando con ellos la devoción a San Nicolás y su fiesta del Sinter Klass, donde fue adaptado al inglés como Santa Claus. Hasta mediados del siglo XIX se le representaba en todas partes vestido de obispo con alba y guantes blancos, capa, estola y mitra rojas, báculo en una mano y cabellos y barba largos blancos.
 
No sería hasta 1863 cuando el San Nicolás/Santa Claus estadounidense adquirió su actual fisonomía, dejando de hacer regalos el 6 de diciembre para hacerlo la noche de Navidad, pasando pronto a la Inglaterra victoriana, de ahí a Francia donde adquirió el nombre de Père Noël/Papa Noel y de aquí se extendió por toda Europa y el resto del mundo.
 
SANTA LUCÍA DE SIRACUSA, MARTIR Y VIRGEN
 
Santa Lucía fue una mártir cristiana que padeció martirio en tiempos del emperador Diocleciano. Es venerada por las iglesias católica, ortodoxa y luterana.
 
Imagen de Santa Lucía que recibe veneración en la Parroquia de
San Miguel Arcángel, de Andújar
 
Nació en Siracusa en el año 283, era hija de padres ricos y nobles, parece ser que se llamaron Lucio y  Eutaquia, su padre murió joven, siendo Lucía aún muy niña, pronto abrazó el  cristianismo, consagró su vida a Dios e hizo voto de virginidad.
 
Comprometida, por su madre, a casarse con un joven pagano, ésta se negó al matrimonio, por lo que fue acusada por su pretendiente ante el procónsul Pascasio, que le ordenó hacer sacrificios a los dioses, a lo que Lucía se negó, fue torturada y le sacaron los ojos de sus órbitas, pero, aún, así siguió viendo, por lo que finalmente fue decapitada conforme a la ley romana el 13 de diciembre de 304 en su ciudad natal de Siracusa. Fue sepultada en el mismo lugar de su martirio, donde en el año 313 se erigió un santuario dedicado a ella.
 
Imagen de Santa Lucía que recibe veneración en la Parroquia de
San Miguel Arcángel, de Andújar
 
Su nombre significa “la que porta la luz”, es abogada de las enfermedades de la vista, y patrona  de los sastres, modistas, afiladores y cortadores. Se la representa  con una bandeja en una mano, en la que lleva los ojos y en la otra la palma del martirio y una espada.
 
Si bien su culto es muy antiguo, su fiesta que se extiende por toda Europa, se remonta a la Edad Media, fue introducida en los siglos XVI y XVII en los países escandinavos, donde aún hoy está muy arraigada, sobre todo en Suecia y Finlandia, en donde en la mañana del 13 de diciembre, niños y niñas salen a las calles en cortejos donde se cantan canciones tradicionales, las niñas se visten de “lucía” llevando un vestido largo de blanco inmaculado y una corona con siete velas en la cabeza, y los niños  un sombrero coronado por  una estrella  que anuncia la próxima Navidad.
 
Imagen de Santa Lucía que recibe veneración en la Parroquia de
San Miguel Arcángel, de Andújar
 
“Santa Lucía que de la luz recibiste tu nombre, a Ti confiadamente acudo, para que me alcances la luz celestial que me preserve del pecado y de las tinieblas del error. También te imploro me conserves la luz de mis ojos, si Dios es servido.          Haz Santa Lucía, con estas oraciones, que a la hora de mi muerte, pueda gozar finalmente de vos en el Cielo viendo la Luz eterna de Dios”. Amén.
 
CONCEPCIÓN DE LA MADRE DE DIOS
 
La Inmaculada Concepción es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado desde su concepción.
 
La concepción es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica precedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.
 
Inmaculada Concepción de la Virgen María
venerada en el convento de Madre Trinitarias,
de Andújar
 
El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la llena de gracia desde su concepción.
 
Nuestra Señora de los Dolores durante la celebración de la
Octava de su Inmaculada Concepción
en este Año de Gracia de 2016
 
Si bien los textos sagrados no nos dicen nada claro al respecto, su fundamento bíblico se deduce de textos contenidos en  los libros del Génesis (Gen. 3: 15) Evangelio de Lucas (Luc. 1: 28) y Apocalipsis (Apc. 12: 1).
 
Nuestra Señora de los Dolores durante la celebración de la
Octava de su Inmaculada Concepción
en este Año de Gracia de 2016
 
La creencia de que la Virgen María nunca tuvo pecado, ni siquiera el original, existe desde los primeros siglos del cristianismo. San Ireneo de Lyon, jurista romano convertido al cristianismo en el siglo II escribió refiriéndose al pecado original “El nudo de la desobediencia de Eva quedó suelto por la obediencia de María”.  María se convierte así en la nueva Eva y, en palabras de San Pablo, Cristo en el nuevo Adán, sobre los que se crea la nueva humanidad.
 
Una oración compuesta por San Efrén de Siria en el siglo IV reza así:
 
“Ciertamente Tú (Cristo) y tu madre sois los únicos que habéis sido completamente hermosos, pues no tenéis defecto ni mancha alguna”.
 
Nuestra Señora de los Dolores durante la celebración de la
Octava de su Inmaculada Concepción
en este Año de Gracia de 2016
 
En el XI Concilio de Toledo reunido en la basílica de Santa María en el año 675, el rey visigodo Wamba ya era titulado defensor de la Purísima Concepción de María.
 
Aunque no sería hasta el siglo IX cuando se introduciría en occidente la fiesta de la Concepción de María procedente de la iglesia oriental. Fiesta que había sido fijada para el 8 de diciembre, nueve meses antes de la fiesta de la Natividad de María que se celebraba el 8 de septiembre desde el siglo VI.
 
Hacia 1128 el monje Eadmero de Canterbury escribe el primer tratado de defensa del posterior dogma. Aunque también es cierto que hubo cristianos destacados, en incluso santos como San Vicente Ferrer o Santo Tomás de Aquino, que mostraron alrededor de este dogma algunas dudas de carácter teológico. Aunque éstas fueron despejándose a lo largo de siglos de estudio y debate.
 
En el siglo XIII se estableció un extenso y polémico debate entre los franciscanos que fueron muy fieles a la creencia de la Concepción Inmaculada de María cuya representación solía presidir los templos franciscanos y a cuyo arraigo y extensión por todo el mundo contribuyeron,  y los dominicos detractores acérrimos de esta creencia.
 
Nuestra Señora de los Dolores durante la celebración de la
Octava de su Inmaculada Concepción
en este Año de Gracia de 2015
 
Al principio del siglo XIV el beato franciscano Juan Duns Escoto, inspirado en algunos teólogos del siglo XII y por el mismo San Francisco de Asís, ferviente defensor de este dogma, brindó la clave para superar las objeciones, contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María.  Sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió “preservándola” del pecado original. Se trata de una forma de redención aún más admirable: no por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.
 
En 1483 el papa Sixto IV extiende la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la iglesia de occidente.
 
Desde 1644 es fiesta de guardar en todos los territorios que formaron parte de la Corona Española de la que fue declarada patrona y protectora y durante su celebración los sacerdotes tienen el privilegio de vestir casulla azul. El primer templo dedicado a la Inmaculada Concepción en España fue el del monasterio de los jerónimos de Granada en 1504. Y el primero de la diócesis jiennense fue el convento de trinitarias de Andújar fundado el 8 de diciembre de 1587.
 
En 1708 el papa Clemente XI la declara fiesta de guardar en toda la iglesia católica. Aunque no será hasta el 8 de diciembre de 1854 cuando el papa Pio IX defina sin dejar lugar a dudas el dogma de la Inmaculada Concepción de María en la bula “INEFFABILIS DEUS”.
 
Nuestra Señora de los Dolores durante la celebración de la
Octava de su Inmaculada Concepción
en este Año de Gracia de 2015
 
“Tota pulcra” el un himno del siglo IV en el que se dice ya expresamente que “en ti no hay mancha original”.
 
“Tota pulcra es María, et maculata originalis non est in te.
 
Tu gloria Ierusalem. Tu laetitia Israel.
 
Tu honorificentia populi nostri. Tu advocata  peccatorum.
 
O Maria, Virgo prudentissima, Mater clementissima: Ora pro nobis.
 
Intercede pro nobis  ad  Dominum Iesum Christum“.
 
Sine Labe Concepta de nuestra Hermandad
conteniendo la reliquia de sangre de San Pío IX,
pontíficie que definió y declaró el Dogma de la
Inmaculada Concepción de la Siempre Virgen María
 
 
EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
 
Esta advocación se relaciona con el tiempo en que la Santísima Virgen vive su embarazo esperando el nacimiento de Jesús.
 
La  fiesta fue instituida por los padres del X concilio de Toledo en el año 656, reinando Recesvinto en Hispania y en tiempo de San Eugenio tercer obispo de Toledo, quienes la fijaron para ocho días antes de la Navidad o sea el 18 de diciembre. La razón que se dio para fijar esta festividad litúrgica  fue que como la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora el 25 de marzo cae ordinariamente en tiempo penitencial de cuaresma o pascua en el cual está la iglesia ocupándose en otras ceremonias, lo que impide celebrarla con toda la solemnidad y regocijo que merece, se imponía esta segunda fiesta para dar realce al misterio de la Encarnación del Verbo. ¿Y qué mejor tiempo para esta celebración que el adviento, que está lleno de regocijo de la esperanza gozosa del nacimiento del Salvador? El tiempo de Adviento es definitivamente un auténtico mes de María, pues gracias a Ella y a su “FIAT” dio paso a la plenitud de los tiempos, y podemos y debemos prepararnos para recibir a Cristo que vuelve a nosotros.
 
Nuestra Señora de la Esperanza,
venerada por su Cofradía en
Santa María la Mayor, de Andújar.
Vestida para su fiesta del Dogma
en el Año de Señor de 2010 
 
Fue confirmada esta fiesta por San Ildefonso sucesor de San Eugenio  mandando además que se llamara también “La Expectación del Parto de la Santísima Virgen”, si bien era conocida popularmente por el día de Santa María.
 
Se le impuso así mismo el nombre de la fiesta de la O, surgiendo la advocación de Nuestra Señora de la O, porque durante esta octava se cantan en sus vísperas las antífonas mayores del Magnificat que empiezan por O Sapientia… O Adonai… O Enmanuel…, exclamación de gozo y deseo. Con el tiempo, la religiosidad popular relacionó la “O” con el avanzado estado de embarazo de la Virgen para esta fecha, cuyo vientre se mostraba redondo.
 
Nuestra Señora de la Esperanza,
venerada por su Cofradía en la Parroquia de
Santa María la Mayor, de Andújar
 
Estado de buena esperanza que también dió lugar a la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza, porque la Virgen lleva en su vientre al “MESIAS” que había sido esperado por los Patriarcas, los Profetas y todo el pueblo de Israel desde el momento de la caída de nuestros primeros padres en la esclavitud del pecado (Gen. 3,15).
 
Esta festividad debe estimularnos a recibir con esperanza y alegría el tiempo de Navidad que se acerca, en la que los fieles evocamos y esperamos el nacimiento del Salvador.  

miércoles, 7 de diciembre de 2016

MARÍA INMACULADA, MADRE DOLOROSA Y PUERTA DE LA MISERICORDIA

Juan Carlos Moreno Almenara
Hermano Mayor de Cofradía de la Santa Vera-Cruz, de Andújar
 
                    Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos, y las tinieblas cubrían el abismo; y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. Dios dijo: “Haya luz y hubo luz”.
 
 
            Así comienza Dios su plan creador y como fin del mismo crea al hombre en justicia y santidad. Dios dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y  los reptiles de la tierra”.  Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó.
 
Fotografía: Carlos A. Gálvez Moreno
            El Señor Dios  tomó al hombre y le puso en el jardín del Edén para que lo cultivase y lo guardase. El Señor Dios dio al hombre este mandato: “Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día en que comas, ciertamente morirás”.
            Pero la serpiente tentó a la mujer que comió del fruto prohibido y finalmente lo dio a comer al hombre que también comió, desobedeciendo ambos el mandato de Dios.
            Es el primer pecado del hombre que se rebela contra Dios y pretende, prescindiendo de Él, ser como Dios. Este pecado es el prototipo de todo pecado humano.
 
 
            Como consecuencia de este “pecado original” el hombre es privado de la santidad y justicia primigenia. El Señor Dios los expulsó del Edén para que trabajasen la tierra y puso delante del jardín los querubines y la llama de la espada flameante para guardar el camino del árbol de la vida.
            Dios dijo a la mujer: “Con dolor parirás a tus hijos”. Y al hombre: “Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado; porque polvo eres y en polvo te has de convertir”.    
            Por una mujer vino la perdición del mundo, por otra mujer habría de venir su salvación. La historia de la humanidad es desde sus orígenes, para los creyentes, también una historia de salvación. Ya desde los primeros relatos del Génesis, Dios, con su misericordia, protege al hombre, su criatura predilecta, y le promete que un “hijo de mujer” derrotará al Maligno y a las fuerzas del pecado y de la muerte. (Gn 3,15)  
 
 
            El hombre, con ese acto, rompió su amistad con Dios, pecó, se apartó del Señor, y desde entonces el corazón del hombre perdió la paz. Es por lo que los hijos de los hombres venimos a este mundo heridos ya por el pecado y la división, por el dolor, la soledad y la muerte. A excepción de MARÍA la elegida por Dios para materializar su plan salvador.
 
 
            El hombre al pecar frustra el plan creador de Dios, pero el amor que Dios siente por sus criaturas los hombres es tan fuerte que pronto concibe un plan para salvarlo y de este modo vencer el poder del pecado. Dios no nos ha abandonado nunca y desde siempre ha estado dispuesto a darnos su perdón misericordioso y nos ha ofrecido una y otra vez la salvación.
            Después del diluvio se restablece el orden de la creación y reina la armonía primigenia, aunque no se vuelve a la paz paradisíaca. Entre el Dios de la Misericordia y los seres vivientes se sella una paz duradera. El arco iris será el signo visible de esta nueva realidad invisible, que une a los hombres con Dios, a las criaturas con su creador. Y es bajo el signo de la bendición y de la alianza que despunta una y otra vez una nueva esperanza.
 
 
            Más tarde Dios elige a un hombre llamado Abrahán para hacer llegar su amor a todos los pueblos y le dice: “Sal de tu tierra, y vete a la tierra que te mostraré. Te haré padre de una muchedumbre de pueblos a quienes por ti bendeciré y haré llegar mi amor”.
 
 
            La bendición es un don o regalo de Dios a los hombres para que estos vivan en su plenitud espiritual. Las promesas de bendición que Dios hace a los hombres son irrevocables y siempre acaban cumpliéndose, porque Dios es fiel y no depende en su actuar de lo que el hombre desee, diga o haga.
            En el monte Sinaí, Dios Padre, “rico en misericordia”, después de revelar su nombre a Moisés se define: “El Señor, El Señor, Dios clemente y misericordioso, tardo para la ira y lleno de amor y fidelidad, que perdona la iniquidad, la infidelidad y el pecado”, y establece la antigua alianza con el pueblo de Israel, dándole sus Mandamientos.
 
 
            Pero la historia de la Alianza de Dios con los hombres llegó a su plenitud cuando Dios Padre envió a su Hijo al mundo para salvar a los hombres definitivamente. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, cumplió todas las promesas de salvación que Dios había hecho al pueblo de Israel. Es el “Rostro de la Misericordia de Dios”, Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia del Padre que es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.
 
Fotografía: Salva Marcos
            Y todo esto es posible consecuentemente con el concurso de una mujer, pero no de una mujer cualquiera, sino por el ser humano más perfecto de todos los tiempos, los pasados, los presentes y los venideros, sobre ella se sustenta la regeneración del género humano, es la nueva Eva, madre de la nueva humanidad, madre del pueblo nuevo de Dios que es la Iglesia.
 
 
            “Se abrió el templo de Dios, que está en el cielo, y se dejó ver el arca del Testamento en su templo, y hubo relámpagos, y voces, y rayos, y un temblor, y granizo fuerte.
             En esto apareció un gran prodigio en el cielo, una mujer envuelta en el sol y la luna bajo sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas y estando encinta, gritaba con ansias de parir, y sufría los dolores del parto. Al mismo tiempo se vio en el cielo otro portento, y era un gran dragón de color de fuego que tenía siete cabezas, y diez cuernos y sobre las cabezas siete coronas. Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del cielo, y los arrojó a la tierra. Se paró el dragón  delante de la mujer, que estaba a punto de parir; para tragarse a su hijo, en cuanto le pariese. Parió un hijo varón, el cual había de apacentar todas las naciones con cetro de hierro, pero el Hijo fue arrebatado para Dios y su trono. La mujer huyó al desierto, en donde tenía un lugar preparado por Dios, para que allí la alimentasen durante mil doscientos sesenta días”. 
 
 Fotografía: Jorge Rodríguez Toribio
 
            Una mujer envuelta en la gloria de Dios “vestida de Sol”; una mujer que domina a la luna, bajo sus pies, símbolo de los ritmos de la vida, de la fecundidad, del crecimiento humano; una mujer coronada por doce estrellas, imagen tanto de los doce patriarcas de Israel, como de los doce apóstoles de la Iglesia.
 
 
            Y esa mujer no es otra que MARÍA, la predilecta, la bien amada de Dios, concebida sin mancha, como no podía ser de otra manera, para ser la Madre del Hijo de Dios, Madre del Mesías, Madre de la Esperanza Salvadora, Madre del Redentor del Mundo y puerta necesaria a través de la cual se hace presente Jesucristo “Rostro de la Misericordia de Dios”. María ha contribuido, ha colaborado para que fuese posible la acción todopoderosa de Dios: la redención, la liberación, la filiación divina.
 
 
            ¡Alégrate llena de gracia!  Es el saludo del ángel Gabriel enviado por Dios para anunciar a María que va a ser madre, “El Señor está contigo; bendita tú eres entre todas la mujeres” continua. Y es que Dios, ha estado, está y estará siempre con María, desde el momento de su concepción inmaculada no la ha abandonado nunca; elegida por Dios para ser la Madre del Altísimo “Pura,  Limpia e Inmaculada” fue engendrada y llena de la gracia de Dios vivió su existencia terrenal, ya que gozó siempre de la bendición eterna de Dios, con todo lo que eso implica. Y es que la respuesta de María, al anuncio del ángel, lo dice todo de ella: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”, se abandona a la voluntad de Dios, se entrega a Él de manera total y absoluta sin duda alguna, sin pensarlo, sin condiciones, por toda la eternidad, como solo el Hijo se entregó a la voluntad del Padre, se abre como una puerta, de par en par, para que a través de Ella pase a este mundo el Hijo del Hombre, Misericordia viva del Padre. Ella, una mujer sencilla y humilde, es capaz de entender y responder al llamamiento de Dios, se convierte en la esperanza de la que hablan los profetas del Antiguo Testamento; María participa de la alegría de quien sabe descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos, de quien sabe intuir la acción salvadora de Dios y pone su vida entera al servicio de Dios.
 
 
            María no solo engendró a Jesús, sino que concibió al mismo tiempo la fe y la alegría. Rompió radicalmente con la desobediencia, con la muerte, con el pecado. Por esta razón María es la madre de todos los creyentes, de todos los que vivimos en la alegría del Evangelio. Ella ha destruido el poder del mal, la esclavitud del pecado, con su actitud de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Con su “hágase” ha hecho posible la venida al mundo de Jesús.
Fotografía: Carlos A. Gálvez Moreno
 
            María, gracias a su actitud de obediencia a la voluntad de Dios y a su fe incondicional, se convierte en elemento activo, en manos de Dios, de la liberación de la humanidad, de regeneración del género humano. Ella ha llevado en sus entrañas al Verbo de Dios, a su Palabra.
            “Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba al principio en Dios. Todas la cosas fueron hechas por El, y sin El no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.
            “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

Fotografía: Avel Plaza
 
            Con Jesús se ha hecho efectiva la liberación de todo hombre y toda mujer, y ha nacido de una mujer, de María, que subordinada a su hijo Jesucristo, pero cooperando eficazmente con el proyecto divino, recupera, a través del fruto de sus entrañas, para el ser humano el plan original de Dios, trastocado por el pecado de Adán y Eva.
            María al ser la madre del Salvador se convierte en el ser humano más próximo a Dios después de Jesucristo. Y por esta razón se la considerada  el puente en nuestra relación con su Hijo y la puerta a través de la cual se hace presente el Señor entre nosotros los hombres; ella que es la madre de la misericordia y de la bondad infinitas, personificadas en Jesús. Ella es la abogada, la intercesora, la que siempre está dispuesta a velar amorosamente por sus hijos, por todos nosotros. Ella por antonomasia es la Madre de todas las madres, por los siglos de todos los siglos, su maternidad no tendrá nunca parangón en la historia de la humanidad, porque ella es la Madre Universal, con ella la maternidad alcanza su más alta cota de expresión y  magnificencia, María ha roto con la maldición del pecado del paraíso, a través de su maternidad divina nos ha traído la vida, ha devuelto la esperanza y la confianza al género humano. Ha hecho posible la “vida”, la Vida con mayúscula, la vida que no se acaba, la Vida Eterna, que nos ha traído el fruto de su vientre Jesús.
Fotografía: Jorge Rodríguez Toribio
 
            “María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos Señora” invocamos en la jaculatoria del Santo Rosario; “Reina y Madre de Misericordia” la proclamamos en la “Salve” la oración más excelsa con la que nos dirigimos a María, porque si Dios es Misericordia, la Madre de Dios es la Madre de la Misericordia como no podía ser de otra manera.
María que ha llevado dentro de sí a Jesús, al Rostro de la Misericordia, se ha empapado de esa Misericordia de Dios, por eso le pedimos constantemente: “vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos” y es que el amor de María es solo comparable al Amor de Dios.
 
 
            La misericordia infinita, el amor entrañable, ilimitado, hechos redención, salvación, liberación son obra de Dios, realizada de forma definitiva en Jesús con su muerte en la Cruz, la Redención es la obra maestra de la Misericordia. Y María que ha llevado dentro de ella al misericordioso, al redentor y es la Madre de la Misericordia, es por consiguiente la obra maestra de la Redención. Ella es la que ha tenido la experiencia más próxima de la acción de Dios, realizada en su hijo Jesús. Por eso es el arca de la nueva alianza, templo y sagrario vivo del Señor, así se lo anuncia el ángel Gabriel, cuyo nombre significa “Dios es fuerte”,  “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra....”, en clara alusión a la gloria de Dios que llenaba el Tabernáculo donde se guardaba el Arca de la Alianza “ Entonces la nube cubrió la tienda del encuentro y la gloria del Señor llenó el santuario” (Ex 20, 34). María se convierte en el nuevo Tabernáculo, donde se hace presente la gloria de Dios.

 
            “Y estando encinta, gritaba con los dolores del parto y las ansias de parir” nos dice el libro del Apocalipsis. Y es que María además de Madre del Amor y Madre de la Misericordia es Madre Dolorosa. Ella ha elegido con su “hágase” poner toda su vida al servicio del plan de Dios. Pero las cosas no siempre son fáciles. María va a disfrutar en primera persona, como nadie, de ese plan de Dios realizado en su hijo Jesús; pero también va a padecer, como nadie, en su propia carne los rechazos, incomprensiones y odios a su Hijo, que lo van a conducir hasta morir en la cruz.
             Así se lo anuncia el anciano Simeón movido del Espíritu Santo, cuando María y José acuden al templo para consagrar al Niño Jesús al Señor: Simeón le tomó en sus brazos y, bendiciendo a Dios, dijo: “Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salud, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo Israel”. 
 
 
            Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción; y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Y es que ella vivirá todas esas situaciones de incomprensión y odio hacia su hijo como una “espada” que le atraviesa el alma; aunque eso sí, sin perder la esperanza en que el plan de Dios se cumplirá, a pesar de todos los impedimentos humanos.
 
           
            Hermanos estamos en Adviento, conmemoramos la primera venida del Señor y esperamos su venida definitiva, y como siempre el Dios de la Misericordia viene a nuestro encuentro, dispuesto a perdonar nuestras faltas de amor, hacia Él y hacia nuestros semejantes, no permanezcamos impasibles en la espera, y al igual que María abrid la puerta de vuestro corazón, dejadle pasar, convertíos y salid a su encuentro, limpiemos nuestra casa, que es nuestro espíritu, lo eterno e imperecedero que hay de Dios en cada uno de nosotros y preparémonos para celebrar como solo Él se merece su Natividad.
 
            En nombre de mis hermanos en la Vera Cruz os deseo que la Misericordia de Dios fruto de su inmenso Amor, os conceda la Paz en el espíritu y os colme de todo Bien. Feliz Navidad a todos.
 
            Finalizo con la oración más antigua que se conoce de las dedicadas a María, del siglo III, es el “Sub tuum praesídium”, que dice así: “Bajo el amparo de tus misericordias nos acogemos, oh  Santa Madre de Dios, no desatiendas nuestros ruegos en las necesidades y sálvanos del peligro. Tú sola eres la bendita“.
            Y bendito sea por siempre el fruto de tu vientre Jesús, Dios y Señor nuestro. Amen.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA COFRADÍA DE LOS DOLORES DEL CARMEN DE ANDÚJAR (I) NACIMIENTO Y AUGE DURANTE EL SIGLO XVIII

Maudilio Moreno Almenara

El nacimiento de la cofradía de los Dolores del Carmen lo conocemos por un documento que figura en su primer libro de cabildos. Se trata de una carta de hermandad de la Provincia de San Juan Bautista de carmelitas descalzos de Andalucía la Baja.
 
 
Es un impreso tipo de la orden al que se añadieron tan sólo algunas frases específicas, en concreto el nombre del padre provincial: “Fray Joseph de San Antonio”, después se dispuso: Atendiendo a la piedad, y devoción de “Manuel Lopez Campanario hermano maior y a toda la cofradia de la V. de los Dolores” y por último la fecha: “En onze días de El Mes de Junio de 1718 años” y la firma del provincial junto con el sello carmelita.
 
 
Así daba comienzo la Hermandad de los Dolores del Carmen, una de nuestras cofradías históricas -orgullo de Andújar- que en tan sólo dos años celebrará su 300 aniversario, hecho histórico que sin duda merecería una más que magnífica festividad.
 
Sirva pues de antesala de esta efemérides el humilde homenaje que la cofradía de la Santa Vera Cruz le hace a esta hermandad con estos artículos, con nuestra historia común y con el cariño y corazón ganados.
 
El primer cabildo se celebró el día 2 de febrero de 1720 con el fin de designar cargos para la Junta de Gobierno. Se eligió como hermano mayor a Francisco Rubio, fiscales a Antonio Portillo y Juan Castellano, comisarios de cuentas a Isidro Martínez y Manuel García, enfermeros a Manuel García y Tomás de Aldehuela y enterradores a Luis Jedeón y Juan Cebrián.
 
 
Llama la atención que en este primer cabildo se ofreció el licenciado Francisco Martínez de Zeleda como “...hermo exclavo desta hermd Y que respecto de tener rosario en este Convto todos los dias de nra. Sª, se obligaria a benir a ofrezerlos y asistir a otras qualesquier operazon que pudiese...” a cambio de que “....se le acudiese a su entierro como a qualquier exclavo...”.
 
En 1723 y una vez aprobadas sus reglas, salió por primera vez en procesión, siendo gobernador Antonio Portillo que anteriormente había sido fiscal. A partir de entonces la vida de la cofradía se desarrolló con una normalidad palmaria, saliendo en procesión, conviviendo con los frailes del convento en el que tenían sede y con el que estaban hermanados y celebrando sus misas ordinarias. Los primeros cabildos tuvieron lugar ante una representación de la Cofradía de la Santa Vera Cruz y otra de la de la Humildad de Mínimas, ambas hermanadas, y que actuaban como “madrinas”, asesorando y velando por su acreditada experiencia en estos primeros pasos de la nueva corporación penitencial.
 


En estos primeros cabildos, en concreto en 1729, se admitió la donación de un rosario de coral rojo y filigrana de plata con tres medallas por los devotos de Nuestra Señora de los Dolores: Juan Fuentes, María de Mena y Micaela Cantero. El rosario aparece en un lienzo conservado en su capilla de Santa María y sabemos que “...se acordo pr esta cofradía se les asista pr hella a sus entierros...”, es decir, en señal de agradecimiento por la presea recibida, la cofradía aprobó asumir los gastos por misas en los entierros de los tres devotos. No sería el único regalo que se le haría a la excelsa Virgen de los Dolores del Carmen. Sabemos no sólo de otros generosos donativos a la imagen merced a su honda devoción popular, sino también y por igual causa, que el mismísimo Ayuntamiento llegase a solicitar que la imagen procesionase en rogativas por falta de lluvia en el año 1773 junto con el Señor de la Columna de Santiago (TORRES, 1981), 358), que ya lo había hecho en solitario en 1723, 1730 y 1771.
 


Pero como veremos a continuación esta imagen no debió pertenecer a la cofradía o al menos no fue pagada por ella. El dato lo conocemos por un inventario especial redactado a comienzos del año 1723 como consecuencia de la petición formulada por el visitador del Obispado, el Licenciado D. Francisco Antonio Gómez, abogado del Consejo de su Majestad. El visitador firmó en el libro de cabildos de la cofradía en señal de conformidad y entre sus cometidos con esta inspección estaba tomar cuentas a la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, así como a los conventos y ermitas que se encontraban en su feligresía. Llama la atención que a pesar de que el resto de enseres e imágenes está tasado, es decir, figura su precio, en el caso de la Virgen de los Dolores no consta valoración alguna, lo que parece apuntar a que bien fue donada por Manuel López Campanario, su primer hermano mayor, bien fueron los frailes quienes sufragaron su coste.
 
Lo que parece no tener duda alguna es que debió ser una escultura de los Mora, de extraordinaria belleza e introspección, sedente, con manos entrelazadas sobre el pecho y de tamaño algo menor que el natural. Fue realizada hacia 1718, aunque no sabemos si incluso pudo ser gubiada unos años antes. No es de extrañar que una imagen de estas características lograse rápidamente una enorme devoción.
 
 
 
La advocación de los Dolores, en esta configuración sedente también la encontramos en Écija, igualmente en los carmelitas descalzos, lo que nos hace pensar que fue una devoción impulsada por esta orden.
 

No debió ser la única imagen de esta corporación, en origen del Miércoles Santo, que salió de las expertas manos de esta familia dedicada a la imaginería. Por fotografías antiguas puede advertirse igualmente que el antiguo Cristo de la Paciencia guardaba toda la estética y estilo de los Mora, lo que favoreció su no menos importante devoción. En cuanto al rostro, es con claridad el rasgo más característico que permite atribuir la imagen al círculo de los Mora: cejas muy alargadas, mirada profunda llena de ascetismo, bigote escaso, boca entreabierta, nariz recta y fina, orejas ligeramente despegadas, pómulos marcados y barba poco poblada salvo en la barbilla, que además se parte en dos. Desde luego que no ayuda el ángulo de la fotografía en el análisis del rostro, sin embargo, parece más que suficiente para adjudicarle un origen en el taller de los Mora, quizás a Diego de Mora. La imagen hubo de tallarse hacia 1726-1727.
 

El Señor de la Misericordia, conocido como Jesús Caído, desapareció en la Guerra Civil como las dos imágenes anteriores. Sin embargo, Collaut Valera debió inspirarse en alguna fotografía anterior a la contienda civil que hoy por hoy no conocemos. Planteamos esta hipótesis en virtud del aire que tiene la actual imagen, que parece inspirada en su rostro en la escuela granadina de escultura del siglo XVIII. Con todo ello parece razonable pensar que la mayoría de las imágenes de esta cofradía, si no su totalidad, debieron ser encargadas en la ciudad de la Alhambra durante la primera mitad del siglo XVIII. Sabemos que en 1723 ya contaba con seis titulares, no figurando aún ni el Señor de la Misericordia (realizado hacia 1732) ni el Cristo de la Paciencia:
 

Ynbentario de los vienes de la Cofradía de Nuestra Señora de los dolores sita en el Convto de Nra. Señora del Carmen de esta Ciudad de Anduxar. La Ymagen de Ntra. Señora de los dolores. Un manto de felpa azul aforrado en tafetan azul, su balor Mill y zien Rs. Una bandera de tafetan a musgo Con la cruz blanca de tafetan blanco trescientos y cinquenta Rs. Un gallardete negro Con su targeta para los entierros 100. Unas andas quinientos y quarenta Rs. Un zetro y tres Cruzes cinquenta Rs. Un libro de Cavildos veinte Rs. dos escudos, uno de la orden y otro de Nra. Señora de los dolores treinta Rs. Una arca cinquenta Rs. Nuebe Jubileos perpetuos.....(esta parte es prácticamente ilegible por la humedad). Una carta de hermandad veinte Rs. Un trono para quando se descubra el Ssmo treinta Rs. Una ymagen de Nro. Pe S. Elías quatroçientos y cinqª Rs. Un gallardete de Color de Cobre con su escudo Cruz y bara ziento y cinquenta Rs. Una arca cinquenta Rs. Mas veinte y dos libras de zera a siete Rs. Mas treinta Rs. de quatro horquillas. Mas un zetro treinta Rs. Una ymagen de Jesús de la entrada de Jerusalén trescientos y sesenta Rs. Una tunica de felpa morada con estrellas de plata, y ribeteada con galon fino de oro quatrocientos Rs. Unas potencias de plata, y una capa de tafetán blanco 110. Una ymagen de Jesús preso. Su manto quatrozientos y cinquenta Rs. Una tunica de felpa morada su manto quatro cientos y ochenta Rs. Una tunica de tafetan morado Y un velo ciento y treinta Rs. Una ymagen de S. Pedro quatrocientos y cinquenta Rs. Una tunica y manto cien Rs. Una ymagen de S. Juan quatro Cientos y cinquenta Rs. Un escudo treinta Rs. Aquí prosigue el gasto de la cofradía. Una arca cinquenta Rs. Una Cruz de plata de cinqueta Rs. Unas andas cinquenta Rs. Una arca Con tres zerraduras cien Rs. Un gallardete con su targeta Cruz y bara 160. Veinte libras de zera a siete Rs. Un pelicano treinta Rs. Un zetro quinze Rs. (Diez y nueve libras) de zera a siete Rs...."
 

Además de estas seis imágenes, cada una presidiendo su respectiva escuadra, poco después llegarían otras dos: las mencionadas del Cristo de la Paciencia y la de Jesús Caído o de la Misericordia. Si bien en los primeros años se instituyó la escuadra de la Cena o de los Sacramentos, ésta desapareció en el año 1732. Curiosamente al año siguiente se fundó la escuadra de Jesús de la Humildad, que según figura en el cabildo de salida celebrado el día 1 de marzo de 1733 fue el nombre que en origen tuvo la imagen de Jesús Caído: “La insignia de la Humildad se Encarga a su Ermano maior y Ermandad, se entiende de Jesús Caído”. Esta imagen poco después fue llamado ya Señor de la Misericordia y así seguiría durante años. La advocación de Jesús Caído fue habitual en los conventos carmelitas. Así, la imagen de Jesús de Penas que procesiona en Sevilla cada Lunes Santo procede del claustro del Convento Casa Grande (CARRERO, 2000, 31-33), Jesús Caído de Córdoba tiene su sede en el Convento de San José, también llamado de San Cayetano (Carmelitas)...
 
Es muy probable que la antigua escuadra de la Cena o los Sacramentos fuese sustituida por la de Jesús Caído. En una lista de hermanos del siglo XVIII de la cofradía de los Dolores del Carmen queda tachado el nombre de “La Cena”, apareciendo en su lugar “el Señor Caído”, lo que parece confirmar su ubicación en la capilla sacramental del antiguo convento del Carmen.
 

Coincide también con esta anotación la opinión de Palomino León, quien deduce por una manda testamentaria del año 1803 de María Flora Orozco que la imagen del Señor de la Misericordia se encontraba en la capilla del Sagrario, ya que la testadora mandó una arroba de aceite para iluminar la lámpara del Santísimo Sacramento y Señor de la Misericordia (PALOMINO, 2003, 187), pareciendo indicar que eran la misma.
 
Años más tarde, ya en el año 1771, encontramos una nueva escuadra: la del Niño Jesús de los Dolores, que no sabemos si salía en procesión, con lo cual está claro que fueron nueve las escuadras que conformaron la cofradía, siendo con diferencia la que más hermandades tuvo en Andújar. Lo vemos aquí en una pequeña hornacina bajo la Virgen, en su mismo retablo, cuando éste ya estaba trasladado a la parroquia de Santa María la Mayor.
 

El dato sobre esta pequeña imagen lo encontramos en ciertas protestas elevadas a la cofradía por el prior del convento de los carmelitas, Miguel de la Asunción, que en nombre de su comunidad hacía valer el derecho de los frailes en las votaciones de los cabildos a elección de gobernador. La razón es que muchos religiosos del convento eran hermanos con voz y voto de la hermandad o escuadra del Niño Jesús de los Dolores: “...pues debiera saber, lo uno, que muchos relixiosos de mi Communidad, son hermans, de dha Cofradía y hermandad de el Niño Js. De los Dolores, a ella Yncorporada...”. En otra parte del documento se aclara: “...la Cofradía de Nª Sª de los Dolores, sita en el referido Combento, a que tiene Union, la esquadra o hermandad, de el Niño Js, de el mismo titulo (Niño Jesús de los Dolores)...”. Se conserva una fotografía de este Niño Jesús pasionista, ya que se pasó a la parroquia de Santa María tras la Desamortización, recibiendo culto en una pequeña hornacina en el retablo de la Santísima Virgen de los Dolores. En el inventario de 1885 de dicha iglesia se indica cuando se describe el retablo de la Virgen: “...y debajo de la Virgen, el Niño de los Dolores con una cristalerita, con cruz, potencia y canastillo de plata. El altar está completo y surtido de todo lo necesario y las ropas de la Virgen y manteles están a cargo de la Señora Condesa de Gracia Real...” (RUBIO, 2002, 137).
 
Pero fue sin duda la Santísima Virgen de los Dolores la que logró reunir un ajuar más espectacular, preseas que salvo la Santísima Virgen de la Cabeza, ninguna otra imagen tuvo en nuestra ciudad.
 

Así, a fines del siglo XVIII, en concreto en 1796, se encargó un trono de plata para la Virgen de los Dolores al platero Miguel de Guzmán Sánchez, merced a la voluntad, vía testamentaria, del legado de un tercio de los bienes de Dª María de Illescas Verdejo (PALOMINO, 2003, 189). El platero Miguel de Guzmán gozó de una enorme fama en toda España. Una de sus obras más logradas es el soberbio sepulcro de San Juan de Dios en su basílica de Granada.
 

En 1735 Dª Beatriz de Piédrola le había regalado un rostrillo de oro engastado con diamantes, esmeraldas y perlas (IBID., 2003, 188). También se aprecia en el lienzo que actualmente está en su capilla un magnífico corazón de joyería que parece estuvo cuajado de rubíes. Además, tuvo una luna y resplandor de plata y una magnífica peana de madera de palosanto con cuatro medallones de plata donde se representaron escenas de la Pasión. La peana fue terminada en 1735 según un cabildo celebrado el 28 de agosto de dicho año: “... por averse zelebrado oi dicho dia la fiesta tiular, â causa de no averse acavado el trono de Nuestra Señora para el dia prevenido por el estatuto, asta oi que se a echo la colocazon...” En 1803, Dª María Flora Orozco legaba en su testamento 100 reales a la imagen de los Dolores para su adorno (IBID., 2003, 49).
 

En estos momentos iniciales de la cofradía el número de hermanos fue creciendo rápidamente. En las listas que figuran en el primer libro de cabildos y que han de corresponder con el periodo comprendido entre 1720 y 1735 aproximadamente, se distribuyen de la siguiente manera: 110 hermanos de Nuestra Señora de los Dolores, 24 de San Juan, 30 hermanos de San Pedro, 41 hermanos de la Paciencia, 36 hermanos del Prendimiento, 38 hermanos de la Entrada en Jerusalén, 58 hermanos de San Elías, 37 hermanos del Señor Caído, a los que hay que sumar 18 soldados romanos y 17 hermanos de azote, es decir, de sangre. Es evidente por este reparto de hermanos de la cofradía cuya historia analizamos que su carácter fue netamente mariano pues la escuadra de la Santísima Virgen duplicaba en número a la siguiente.
 
La suma total de todos ellos es de 398 hermanos, aunque se observan tachaduras y cruces en el margen que indican que algunos de ellos habían fallecido mientras otros seguían siendo hermanos. Con ello queremos indicar que en estas fechas la cofradía no tenía 398 hermanos simultáneos, aunque la relación total de nombres suma esta cantidad. Estimamos que entre los que se dieron de baja y los que fallecían, la media de hermanos de la cofradía sería de algo más de 300, que para la fecha y el poco tiempo que llevaba de trayectoria la corporación es una cantidad importante.
 

Pero veamos a continuación lo que actualmente sabemos del desarrollo de las obras y decoración de la iglesia tras el incendio producido en la noche del 9 de junio del año 1708 (TORRES, 1981, 229), que obligó a reformar buena parte del convento. La primera noticia es del día 7 de octubre de 1726, cuando el Ayuntamiento concedió una limosna de 1.000 reales para las obras de la iglesia del convento de Carmelitas, que amenazaba ruina al estar interrumpidas por falta de dinero, haciéndose también una suscripción particular entre los regidores y jurados para dicho fin (IBID., 1981, 266). Con esta aportación al menos el recinto sacro debió culminarse en su totalidad. Un año más tarde, en concreto el día 25 de Agosto de 1727 el Ayuntamiento concedió al prior del convento de los carmelitas licencia para celebrar en el Mercado un festejo de toros en beneficio de la capilla que se estaba edificando a Ntra. Sra. de los Dolores (IBID., 1981, 269). Esta capilla no debió ser tal sino un arco en el que se dispuso el retablo y la imagen, junto al altar mayor. Las obras de la “capilla” fueron fulminantes, de ahí que pensemos que era un mero arco embebido en la pared, iniciándose de forma inmediata la ejecución del retablo. Abunda en esta hipótesis el hecho de que en 1756 el presbítero D. Luis Gabriel de Casas y Lara pidiese ser enterrado en el convento del Carmen “...como a dos varas frente del altar y ymajen de Nuestra Señora de los Dolores...” (PALOMINO, 2003, 190).
 

El retablo debió comenzarse hacia 1727, aunque poco más tarde quedó inacabado tal y como se anotó en el cabildo celebrado el día 26 del mes de noviembre de 1730: “... bien sabe Y le Consta se principió el retablo del altar de Nuestra Sra y el altífize qe lo Executava se ausento desta dcha Ciudad Y siendo presiso se Continue asta fenecerlo según La planta qe está aprobada...”
 
Fue en el mismo cabildo cuando la cofradía acordó “...se Continue dho Retablo Y para hello se ajuste con Mateo Primo Mo de arquitetura para qe lo ejecute según dha planta; En cuio Estado pareció el dho Mateo primo En este Cavildo Y se Ajusto Con el susodho q. dándole mill y quinientos rs, y la madera qe fuere necesaria se obligara en toda forma a Azer el referido retablo asta dejarle perfectamente Acabado Y Estando pte El dho Mateo Primo ofrecio azer el referido retablo en la forma qe esta Executado asta quí En cuia Conformidad qedo perfeccionado dho ajuste Entre dha Cofradía Y el dho Mateo Primo...”. El mismo retablista firmó en el acta del cabildo tal y como se aprecia en la fotografía inferior.
 

Mateo Primo, retablista oriundo de Alcalá la Real como el insigne Martínez Montañés, estaría en el convento realizando el retablo mayor por aquellos momentos, ya que se encontraba en Andújar como demuestra este documento. Tanto él como su hijo Antonio Primo de la Rosa habitaron en nuestra ciudad durante años, llegando el segundo a contraer matrimonio con 22 años de edad aquí, el día 14 de enero de 1731 con Teodora María Garrote, andujareña, en la iglesia parroquial de San Bartolomé (FRÍAS, 1999, 180). Su hijo Antonio Primo Garrote fue también escultor y nació en nuestra ciudad, aunque marchó a la villa y corte donde dejó buena parte de su obra. Es el autor de la famosa “Fuente de la Alcachofa” en Madrid.
 
El retablo no quedó concluido hasta mediados de 1733 siendo ésta la razón por la que el cabildo de reelección de gobernador, que debía convocarse el tercer domingo de mayo de ese año, se pospuso hasta el día 25 de Octubre “...Cavdo para la reelección de Gobernador pr que ... se avia de celebrar el Terzer domo de Maio Proximo Pasado del qual No se a executado hasta oy, de la fha. Pr averse estado aguardando Se acabase el retablo de nra. Sa de los Dolores Como Con efecto esta Acavado...”. No debió ser fácil para la cofradía acometer esta obra pues en paralelo se venía ya trabajando en la siguiente capilla para otra imagen de la cofradía: la del Cristo de la Paciencia.
 
 
Así, un año antes, en concreto el 11 de Mayo de 1732 ya se habría realizado el arco que debía cobijar un nuevo retablo, tal y como se informó en el cabildo celebrado ese día: “..En este Cavildo se vio la qta tomada a los Ermanos Po perez de la obra q. se hizo En la Capilla del Sr. dela pazienzia por los hos D. Pedro Rodríguez Y Alonso tirado Comisarios en la que resulta de Alcanze Contra dha Cofradía y A favor del dho Po perez En siento y quarenta Y seis Reales Vn y se le a de dar y pagar Nobenta Rs por aver perdonado lo demas, lo que le pague el Nuevo Gobernador (José Guerrero) y asi se acordo...” Como vemos el montante de la obra no fue elevado, de ahí que se tratase tan sólo de la construcción de un arco lateral que albergaría el siguiente retablo. La cofradía aún debió encargar varios retablos más, ya que contó con un crecido número de imágenes, como hemos visto.
 
El retablo mayor fue realizado también por Mateo Primo en colaboración con su hijo Antonio Primo y debió estar dedicado a San José, cuya imagen pudo ser una conservada hasta la Guerra Civil en la parroquia de Santa María. Las fotografías de la Fototeca de la Universidad de Sevilla son un auténtico tesoro que nos muestran estas imágenes hoy desaparecidas, cuando ya estaban en la parroquia de Santa María.
 

A través del expediente matrimonial de Antonio Primo, documento interesantísimo iniciado el día 26 de Agosto de 1730 y cerrado el día 5 de enero de 1731, él mismo indica entre otras cosas, que era natural de Alcalá la Real y que allí se mantuvo hasta 1720. Entre 1720 y 1722 estuvo en Baena trabajando con su padre. Desde 1722 hasta 1726 vivió en Andújar ejecutando diferentes obras. Entre 1726 y finales de 1729 volvió a Baena y a principios del año 1730 regresó a Andújar para iniciar otra obra (FRÍAS, 1999, 179), que creemos fue el retablo mayor del convento del Carmen. Debió ser su matrimonio lo que hizo que este taller itinerante se mantuviese en Andújar durante años.
 
Sabemos que en 1738 Antonio Primo estaba ejecutando el retablo de las carmelitas descalzas de Lucena siguiendo las trazas del retablo mayor del Carmen de Andújar (RAYA, 1987, 112), por lo que su aspecto nos ilustra cómo debió ser la cabecera del convento andujareño. El retablo lucentino es de cascarón con estípites que enmarcan tres calles, la central presidida por el patriarca Señor San José.
 

En 1747 se sabe que construyó el retablo mayor del convento del Carmen de Antequera en colaboración con el escultor José de Medina, autor del Cristo de la Expiración de Jaén entre otras obras.
 
El cancel de San Miguel sería una obra relativamente temprana, posteriormente construiría el retablo del Cristo de la Columna cuya decoración en yeso quedó finalizada en 1733.
 

Otra obra muy próxima al maestro es el soberbio camarín del Cristo de los Llanos de Baños de la Encina, edificado en 1744.
 
Para poder finalizar el retablo se buscó la influencia del segundo marqués del Cerro de la Virgen de la Cabeza, D. José de Tavira Ossorio Zaldívar y Landauri, cuyo linaje logró como casa principal el castillo de Andújar. El hecho tuvo lugar en el  cabildo celebrado el día 19 de Mayo de 1731 cuando se le nombró protector de la cofradía: “...En este Cavildo se rrezivio por protector de esta Cofradía a Dn Joseph de Tavera Marques del Zerro de la Caveza, no obstante serlo de ella Dn Luis de Albarrazín quien a de ttener la primazia en ella como tal protector anttiguo desde la fundazon de esta Cofradía y despues el dho Marques en segundo lugar y Grado...” En este sentido hemos de recordar que los Albarracín eran además patronos de la capilla mayor del convento del Carmen (PALOMINO, 2003, 187) por lo que no es extraño que fuesen protectores igualmente de la cofradía desde su fundación, acaecida en el año 1718. El nombramiento como segundo protector de la cofradía del Marqués del Cerro de la Cabeza fue consecuencia de su buen hacer a la hora de recoger donativos para sufragar el retablo de la Santísima Virgen de los Dolores. La licencia para pedir limosna para la obra había tenido lugar en el cabildo celebrado por la cofradía el 26 de noviembre de 1730: “...Se Acordo se nombrasen Por comisarios para la asistencia a persevir las limosnas de los fieles y de la qe se diese por la Cofradía a los hos D. Po Rodríguez, Estevan Navarro Y Antonio de Robles Y para que le paguen Y salgan Con el Sr. Marques del Serro de la Cabeza a pedir para dha obra Con la obligación de dar quenta de lo qe percibieren...”
 
Hemos visto ya en esta primera entrega sobre la historia de la cofradía de la Virgen de los Dolores del Carmen la gran pujanza de esta corporación durante la primera mitad del siglo XVIII. En pocos años logró un patrimonio extraordinario, convirtiéndose en un referente del cenobio carmelita. Fueron protagonistas en este proceso sus gobernadores, impulsores junto con sus respectivas juntas de gobierno de su  nacimiento y que a mediados del siglo XVIII estuviese ya plenamente consolidada en nuestra Semana Santa.


BIBLIOGRAFÍA.

CARRERO RODRÍGUEZ, J. (2000): La Hermandad de Las Penas. Su Historia, Sevilla.

FRÍAS MARÍN, R. (1999): “El expediente matrimonial del retablista Antonio Primo”, Senda de los Huertos, nos 55-56, 179-182

PALOMINO LEÓN, J. A. (2003): Ermitas, Capillas y Oratorios de Andújar y su término, Jaén. 

PEREZ GARCÍA, L. P. (2000): Andújar y el largo siglo XIX, Jaén.

RAYA RAYA, Mª A. (1987): Retablo barroco cordobés, Córdoba.

RUBIO FERNÁNDEZ, J. (2002): Santa María la Mayor de Andújar. Datos para la historia de una parroquia, Andújar (Jaén).

TORRES LAGUNA, C. (1981):  Andújar a través de sus actas capitulares (1600-1850), Jaén.